Los militares y la educación en valores

La noticia del Servicio Cívico Voluntario de estos últimos días, propuesta por el gobierno nacional, asombró a todos. Señalaron que pretende brindar oportunidades de formación en valores a jóvenes de 16 a 20 años que se inscriban voluntariamente. Esta propuesta procura, según quienes la planificaron, formar a jóvenes en  valores democráticos y republicanos, específicamente en responsabilidad, compromiso y oficios.

Lo sorprendente es que está organizado por el Ministerio de Seguridad, un área que gestiona políticas relativas al tema, y no por el Ministerio de Educación, encargado de políticas concernientes a la formación del ciudadano.

El programa, a cargo de la Gendarmería Nacional, la cual ofrecerá su infraestructura y recursos humanos, trabajará con los jóvenes el compromiso cívico para que conozcan sus derechos y sus responsabilidades, sus capacidades y potencialidades personales.

La Ministra a cargo a explicó que se trata de una prueba piloto que comenzó en La Matanza, San Miguel, Mercedes; Santiago del Estero, San Carlos de Bariloche y Córdoba, pero que, si funciona y tiene muchos inscriptos, la idea es ampliarlo a partir de enero a otros lugares y a más postulantes.

En una nota televisiva, la funcionaria sostuvo que se los disciplinará en el saludo a la Bandera, en la responsabilidad  y en “desarrollar la vocación que tienen adentro”, respondiendo al viejo postulado que señala que la vocación, como indica su origen en latín, es un “llamado de Dios”, en contraposición al proceso que se construye durante toda la vida, y de forma permanente.

Además, se remarcó que se acercarán voluntariamente los jóvenes que no estudian ni trabajan, los que tienen problemas con la ley o con adicciones, como si ya hubiera una previa segmentación.

La Gendarmería será la encargada de brindar el Servicio Cívico

¿Qué pretende el Servicio Cívico Voluntario?

Hay varias cuestiones a dilucidar a partir de este proyecto. Primero y principal, la pregunta obligada es por qué la Gendarmería se hará cargo de un proyecto meramente pedagógico, enmarcado en un ministerio que no postula políticas públicas educativas.

Los gendarmes no son profesores ni sujetos formados con herramientas pedagógico- didácticas para afrontar la educación de las juventudes, con características tan diversas como los contextos en las que se enmarcan.

Además, no queda claro cuáles valores se priorizarán, en una institución denominada fuerza intermedia, de carácter  militar. El “disciplinamiento” que propone la funcionaria para los ciudadanos que “no están encaminados en la sociedad”, nos lleva a pensar en lo que Foucault llamó el poder disciplinario, definido por el autor francés como un poder discreto, repartido; un poder que funciona en red y cuya visibilidad sólo radica en la docilidad y la sumisión de aquellos sobre quienes se ejerce en silencio.

En este sentido, el disciplinamiento que proponen, pretende formar cuerpos dóciles y obedientes,  imponiendo un ordenamiento de las multiplicidades y una coordinación de la producción. En consecuencia, una “sociedad ordenada”, que enderece a los desviados y que respondan al molde propuesto, será la consecuencia de este tipo de proyecto.

Ejemplos de este disciplinamiento u ordenamiento no faltan en la historia reciente argentina; basta recordar el slogan “el silencio es salud”, muy usado en una sociedad que perdía a sus ciudadanos sin causa justa en manos de militares.

Me pregunto, por el contrario, por qué no planificar políticas públicas que promuevan el trabajo de oficios, la finalización de la escuela secundaria, el acceso a los bienes simbólicos y culturales de las diferentes juventudes, con proyectos focalizados en las problemáticas de los jóvenes de hoy, en pos de las necesidades de todos y cada uno, desde los ministerios específicos a tal fin.

Recomponer el tejido social no será fácil, pero las  propuestas verticalistas, invasivas, con una mirada adultocéntrica no será la forma de construir una sociedad más justa e igualitaria, donde la responsabilidad y el compromiso sean parte del decir y el hacer de los jóvenes, pero sobre todo de los adultos responsables, especialmente de quienes tienen a su cargo diseñar políticas que abarquen a todos.

(*) Dra en Ciencias de la educación (UNR)

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