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El día que Inglaterra se enojó con el Banco Provincial y casi bombardea Rosario

Tiempo después de la batalla de Caseros, ocurrida el 3 de Febrero de 1852, en la que Justo José de Urquiza derrotó a Juan Manuel de Rosas, se inició una nueva etapa en la historia de Rosario. Con Urquiza manejando la Confederación, pasó de ser una pequeña villa a ser un pujante poblado que creció exponencialmente en poco tiempo, sobre todo cuando su puerto comenzó a ser considerado el principal de la Confederación, ya sin la provincia de Buenos Aires que había decidido separarse de la Confederación Argentina y constituirse en un Estado independiente.

La prometedora situación de Rosario hizo que Urquiza la eligiera como sede del Banco Nacional de la Confederación y con esa decisión se vino un vendaval de bancos, casas de comercio y negocios de todo tipo. Con una gran masa inmigratoria, desarrollo comercial, puerto y ferrocarril, Rosario empezó a ser atractiva para los capitales extranjeros.

En 1865, se autorizó la apertura de la sucursal rosarina del Banco de Londres y Rio de la Plata, entrando a competir fuerte con entidades sólidas como el "Banco del Rosario", el “Mauá y Cía” y el “Carlos Casado”, propiedad del incansable emprendedor Carlos Casado del Alisal. Uno de los primeros movimientos de la entidad londinense fue comprar el Banco “Carlos Casado” y el poderío de la firma inglesa se hizo  evidente.

Con la economía santafesina creciendo cada vez mas, en 1874 se creó Banco Provincial de Santa Fe, que salió al mundo bancario con la férrea voluntad de imponerse por sobre las demás instituciones y empezó a ofrecer el interés más bajo y a emitir billetes para inundar la plaza local.               

Empiezan los problemas

En 1875, la provincia sancionó una ley que dispuso que los únicos billetes válidos en todo el territorio santafesino serían los emitidos por el banco provincial y el Banco Nacional. Los demás bancos tendrían prohibida la actividad de emisión. El Banco de Londres se resistió al avance del gobierno santafesino y jugó a imponerse, sabiendo que tenía con qué.

Además de ir a la Justicia, la entidad inglesa adquirió una gran cantidad de billetes del Banco Provincial de Santa Fe y los presentó al cobro. Este movimiento era letal para el banco santafesino, ya que no se encontraba en condiciones de responder al pago en metal de semejante cantidad de billetes en una sola operación.

La Provincia de Santa Fe, después de esta corrida, declaró al Banco de Londres y Río de la Plata “una institución ruinosa a los intereses públicos, hostil y peligrosa [para] la provincia” y decidió retirarle la autorización para funcionar y disponer su liquidación. La policía de la provincia tomó custodia del banco, se quedó con su tesoro y su gerente fue arrestado.

Los ingleses presionan, Argentina se encabrona

Ante esta situación, los ingleses comenzaron a presionar y a visitar muy seguido las oficinas del Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación Argentina, el Dr. Bernardo de Irigoyen. Los ingleses contaron con la representación y asesoramiento jurídico del destacado abogado Manuel Quintana (que tiempo después sería Presidente de la Nación) y en una de esas tantas reuniones, Quintana advirtió a Irigoyen que los ingleses podían tomar medidas extremas contra la ciudad de Rosario haciendo recalar en su puerto a un barco bombardero.

Quintana representó a Londres

Irigoyen montó en cólera, molesto ante un argentino que apoyaba el avasallamiento del capital extranjero. Se negó a seguir negociando y permaneció mudo hasta que Quintana se retirara del lugar de reunión. Una vez que el abogado argentino defensor de ingleses estaba fuera de la oficina, Irigoyen se dirigió al resto de la comitiva del banco inglés y les expresó que lamentaba que hubiesen llegado a esa decisión.

Los ingleses, para calmar un poco las cosas, respondieron  que el bombardero inglés solo vendría a custodiar el capital británico que le había sido incautado por la provincia de Santa Fe sin ningún otro tipo de intención. Irigoyen, encabronado, ratificó su apoyo a la decisión santafesina.

Medidas extremas para Rosario

Frente al panorama de un país que no se entregaba a los intereses ingleses (o a ciertos intereses, porque, seamos sinceros, prácticamente todo el capital invertido en el país era inglés), los asesores letrados del banco, entre los que se encontraba Quintana, recomendaron “fuertes y enérgicas medidas”: la cañonera inglesa Beacon, que se encontraba en Montevideo, fue enviada al puerto de Rosario.

En los papeles sería para proteger el tesoro del Banco, pero era claro que la idea era resolver con pólvora lo que la diplomacia no pudiera solucionar.   Mientras desde Inglaterra aconsejaban que no había que "recurrir a medidas extremas (…) mientras todas las pacíficas no hayan fracasado”  acá había ganas de tirar bombas si el tesoro no aparecía.

Santa Fe no aflojaba y  el Presidente del Banco de Londres vino a negociar personalmente desde Inglaterra. Pretendía que la Provincia le devolviese todo lo incautado de la sucursal rosarina y que lo dejara funcionar nuevamente.

El gobernador Servando Bayo no cedió

El gobernador Servando Bayo exigió a cambio que el Banco de Londres le otorgase al Banco Provincial de Santa Fe un préstamo en libras esterlinas y que el banco inglés reconociera que los billetes emitidos por el banco santafesino era el único medio válido para transacciones y operaciones en la provincia. Las negociaciones estuvieron tirantes pero finalmente se autorizó el préstamo al Banco Provincial de Santa Fe y la provincia liberó al gerente y devolvió lo incautado a los ingleses.

"Bueno, entonces, todos contentos y seguimos funcionando", habrá pensado el inglés. No, Bayo sabía que tenía las de ganar y puso una nueva condición: el nuevo gerente debía ser elegido con su autorización y el bombardero debía irse de la ciudad. A regañadientes, los ingleses volvieron a ceder y las condiciones de Bayo se cumplieron.

Ahora sí, todos contentos: a Santa Fe le quedó un buen préstamo y una institución fuerte, el Banco de Londres siguió funcionando y los ingleses se fueron tranquilos y con mucha plata, como terminan casi todas nuestras historias con los ingleses.

(*) Abogado. Docente de Historia Constitucional Argentina, Facultad de Derecho, UNR. @dehistoriasomos

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