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Angustia en Verbano: "Con la carne en cuotas, ¿quién va a comprar un plato?"

Hasta el 2016, la empresa jamás adeudó un salario. Hoy llevan 14 meses a los tumbos y pagan cerca de 2 millones de pesos entre las facturas de gas y luz. "El escenario es muy oscuro", admiten desde el gremio

Mientras el dólar y las tasas suben, la economía real sufre las consecuencias de un un modelo que, decididamente, atenta contra el empleo y la producción. Verbano es una histórica fabrica de cerámica de Capitán Bermúdez. Produce y da trabajo desde hace décadas. Este miércoles suspendió a sus 135 trabajadores --operarios y admistrativos-- por todo el mes de abril. 

Hasta el 2016, la empresa jamás adeudó un salario o una factura de algún proveedor, cuenta José Aguirre, del Gremio de Ceramistas de Capitán Bemúdez. Pero desde hace 14 meses que las números no cierran por ningún lado. Las ventas cayeron de forma estrepitosa. Los costos de producción se fueron por las nubes. Las importaciones achicaron el mercado. Las altísimas tasas hacen imposible cualquier financiación. Y los servicios propician hoy el temido golpe de nocaut. 

La empresa está manejada desde hace un tiempo por capitales portugueses. Funciona bajo el nombre de Faiart Argentina S.A. Pero su línea de producción sigue llevando el nombre de Verbano, toda una marca registrada en el rubro. 

En las instalaciones de Capitán Bermúdez se fabrican vajillas y accesorios de mesa en porcelana, dirigidas al rubro gastronómico, a la regalería institucional y el hogar. Tiene de cliente a grandes firmas nacionales, entre ellas a Aerolínas Argentinas, Sancor y Havanna, entre otros. Su producción promedio es de 12 mil platos. La venta no superó las 1.500 mil unidades en el último tiempo.

"Si la carne se paga en cuotas, quién va a querer comprar un plato", se pregunta Aguirre. La noticia de un carnicera que vende su mercadería en cuotas es para este gremialista el ejemplo más claro la crisis que sufre Verbano. 

En su cuenta de Facebook Verbano luce los trabajos para grandes clientes

Los dueños esperan tener un "respiro financiero" con la suspensión de todo el plantel de trabajo. "Veíamos venir esta situación. No hay un solo factor positivo en toda la cada productiva. Pensábamos que la noticia iba a ser más drástica. Ojalá que el panorama pueda revertirse, pero parece muy difícil", explican desde el gremio. 

Hoy la empresa necesita una facturación mensual cercana a los 15 millones de pesos para mantener los motores encendidos. ¿Cómo llegas a ese número vendiendo 1200 platos?, plantea resignado. Las boletas de gas y luz son otra piedra en la espalda. Las últimas llegaron con montos muy elevados: 1.300.000 pesos de gas (más 300.000 por la instalación de un caño fijo) y 320.000 de energía. 

Aguirre no sabe qué va a pasar en mayo. Teme que la suspensiones sean el tránsito hacia un desenlace mucho más doloroso. Su enojo alcanza también al gobierno de Santa Fe: "Compran la vajilla importada de China y no a una histórica firma de la región como Verbano. Ni eso gesto tenemos hoy". 

Ni la crisis del 2001 golpeó tanto

El 30 de septiembre de 2001, el diario La Capital publicó una nota sobre las estrategia de Verbano "para crecer en medio de la crisis".

La compañía --reactivada a mediados de la década del 90 -- lanzó por aquellos años una línea de productos para un segmento de consumo más informal, de menor poder adquisitivo. 

La empresa lideraba el mercado nacional de vajilla de porcelana de gama alta. Sin embargo, a principio se siglo, su rentabilidad cayó por la imposibilidad de competir con los productos importados desde Asia, que según contaba su director, Amadeo Lombardi, ingresaban al país "con precios irrisorios".

En aquella recesión, Verbano pudo sostener los niveles de facturación durante 1998,1999 y 2000 a razón de unos seis millones de dólares anuales.

Las ventas cayeron en 2001. Sin embargo, el estallido económico encontró a esta empresa con buenos cimientos. La rentabiliad volvió a ser muy buena a partir de 2003 con niveles muy altos de producción. 

Un concejal en el directorio 

Hay un silencio que molesta y perturba a los trabajadores de Verbano: el de Cristian Martínez, concejal de Capitán Bermúdez de Cambiemos, quien además integra el directorio de la firma.

El edil Martínez integra el directorio de Verbano. 

La relación del edil con la firma está ligada a su vida comercial y familiar. Desde el 2017 (encabezó la lista amarilla) reparte su tiempo entre la política y la empresa.

Claro que su asunción como concejal coincidió con los primeros síntomas de agonía de la firma. A Martínez, delfín del diputado provincial Germán Mastrocola, le reprochan representar y defender las políticas económicas que están fundiendo a muchas pymes del cordón industrial, incluida Verbano.    

El concejal todavía no se pronunció sobre las suspensiones de los empleados, ni tampoco entregó precisiones sobre el futuro de la fábrica.  

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