Este 23 de septiembre de 1870 se promulgó la ley que dio origen a la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip). Hoy, a ciento cincuenta y un años de su promulgación, el organismo nuclea más de 1.500 asociaciones civiles del país. Nacidas por iniciativa comunitaria, estas instituciones que ofrecen espacios de consulta, expresión y desarrollo de actividades culturales, están más vivas que nunca y su función social, comunitaria y territorial se puso de manifistes también en el marco de la pandemia.

Rosario cuenta con unas treinta bibliotecas populares según el registro de Conabip y una de ellas es la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, emblemática por su arraigo y, también, por el tamaño de sus proyectos que se desarrollaban y lograban reconocimiento internacional a la par de su crecimiento.

Foto: Mica Pertuzzo - Biblioteca Vigil

En diálogo con Rosarioplus.com, Natalia García, encargada de área de Memoria de 'La Vigil', e Iván, miembro de la Comisión Directiva y el bibliotecólogo responsable de la biblioteca de la institución, repasaron la historia de esta institución, su lucha por la recuperación y el trabajo que hoy llevan adelante desde el edificio situado en Alem 3078.   

"La historia de La Vigil es absolutamente territorial, eso sin dudas. Nace y sostiene una raigambre territorial que la ubica en los márgenes del sur de la ciudad, en una barriada obrera como era en los años '30 y '40 Tablada y Villa Manuelita. Y nace en una vecinal por el impulso de unos jóvenes, pero muy jóvenes, eran pibes de 15 años que estaban haciendo la secundaria y se juntaban en las cercanías de vecinal y se suman al trabajo que se venía llevando a cabo desde ahí y le empiezan a dar impulso", cuenta Natalia García. 

Así lo que apenas eran unos talleres de apoyo escolar con unos cuantos libros para la consulta, pasa a tener a un grupo de chicos al frente que a través de una subcomisión de biblioteca empieza a hacer crecer el proyecto y finalmente despega de la vecinal y adquiere vuele propio. 

"Se les ocurre empezar a vender una rifa para sostener la biblioteca, y ese fue el rústico motor de financiamiento de la biblioteca. Y ese fue el giro definitivo, eran los años '50 y la historia cambia. Logran independizarse del espacio vecinal, se dan un nombre que es 'Biblioteca Popular Constancio C. Vigil' y empiezan a adquirir todos los locales de la manzana de Alem y Gaboto", detalló la también docente e investigadora. 

De este modo, un proyecto que nace orbitando el libro se convierte en lo que la ciudad conoce como La Vigil y que logró renombre internacional con sus títulos publicados en su propia editorial, un observatorio astronómico único en Latinoamérica con una lente que antes de llegar a la ciudad pasó antes por una exhibición de ciencia en Praga, murales de lajas y trazos de estilo azteca realizados por el artista plástico Rubén Naranjo,  una sala de trutro diseñado por reconocido escenógrafo Saulo Benavente, entre otros tantos hechos.

"Es un rasgo de la institución, ellos no tenían una mirada de subestimación hacia los públicos que atendían y a los sectores populares que estaba destinada su actividad. Esa calidad era tecnológica y humana. En las escuelas el cuerpo de profesores era de una formación de escala, con fuerte trayectoria académica, el centro infantil tenía equipamiento tecnológico de última generación. En cada ámbito se ve esta combinación de expertise y tecnología de la más avanzada, producto de la no subestimación y de creer en un real acceso a bienes de elite por parte de su comunidad", planteó Natalia García.

Foto: Mica Pertuzzo - Biblioteca Vigil

Contra todo eso y con distintas estrategias atentó la llegada de la dictadura militar en 1976 y la intervención que llevó adelante el gobierno de facto. "Lo que pasó a partir de la intervención cívico militar que ocurre en febrero del '77 no fue homogéneo. No hubo una destrucción homogénea, en cada caso fue distinto, en diferentes modos y temporalidades. Quema de libros, vandalismo, hay expropiación y remates de los más de cuarenta inmuebles que llegó a tener la biblioteca, asfixia financiera, etc. Muchas variantes de una destrucción patrimonial sin precedentes", añadió.

Hoy, los crímenes de lesa humanidad perpetrados hace ya 45 años atrás, siguen siendo juzgados y los daños ocasionados aún presentes, porque imprescriptible, antes que el delito, es el daño que genera. "Luego de una larga lucha desde el regreso a la democracia y más fuertemente desde la asamblea de socios en el año 2004, se logra en recién en el año 2008 el cierre la liquidación abierta con la dictadura militar y eso marca un nuevo capítulo de recuperación que termina en el 2013 con una nueva asamblea y la devolución de los bienes inmuebles que estaban en pie aún en el año 2015 y se pone a La Vigil como sitio de memoria del terrorismo de Estado", contó. 

Hoy, con una historia a cuestas, encara nuevos proyectos, brinda nuevos servicios y se aggiorna a una época empujada por las demandas de sus socios que la vitalizan cada día.  "Desde 2014 la biblioteca abrió al público y tuvimos un funcionamiento normal todos los años, creciendo en proyectos e iniciativas e incorporando servicios", cuenta Iván Cótica, bibliotecólogo de la institución. 

"El año pasado por la pandemia la institución estuvo cerrada unos cinco meses y este año uno más. Esta situación, al igual que ha muchos otros lugares, nos puso ante la necesidad de empezar a ayornarnos para poder brindar los servicios de manera virtual y algunas cosas que estaban planteadas para hacerse en un futuro cercano pasaron a ser prioritarias, como es el caso de la página web y la posibilidad de tener un catálogo de libros on line", añadió. 

Actualmente la institución cuenta con unos 500 socios. Era de 1000 pero la pandemia y la imposibilidad de brindar las actividades y servicios de manera habitual generó varias bajas pero, según aclaran, no es algo que lo preocupe ya que cuentan con volver al número de antes una vez que se vayan activando las distintas actividades.  Los socios acceden al préstamo de libros, pueden hacer uso de las diferentes salas de lectura, tienen un descuento del 40% en los libros de la editorial de La Vigil y gratuidad o descuentos en espectáculos de teatro, entro otros beneficios y por una suma de $150

"Lo que puso de manifiesto la pandemia es que no estábamos adaptadas para la virtualidad pero también la importancia de estos espacios para la comunidad. Espacios de encuentro, con conectividad, con material didáctico. Así que la pandemia nos obligó a repensarnos pero también fue una importante instancia de reafirmación del trabajo que venimos llevando adelante", cerró Iván Cótica.