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La peatonal Córdoba le hizo frente al frío, y con un poco de ayuda del sol los rosarinos se animaron a pasear por el centro. Mientras un grupo de fanáticas del actor Rodrigo de la Serna se acumulaba expectante a un costado de la instalación de equipos de sonido, micrófonos y guitarras, los inadvertidos pasaban emponchados y con las bolsas de las compras, y se instalaban protectoras con cachorritos, pralineros y feriantes. Es decir, un sábado normal.

Cuando el actor devenido en cantor apareció por calle Corrientes, de la nada, entre las fanáticas y los peatones sorprendidos, se hizo un malón semicircular en derredor, y el artista bromeó: “es lindo juntarse a tocar acá en la calle, aunque quién iba a decir que estamos frente a la Bolsa de Comecio”.

Con la mirada picara presentó a su banda Yotivenco, “conventillo alvesre, porque eso somos, Buenos Aires y Rosario una casona llena de habitaciones y pueblos mezclados, con sonidos afroargentinos que nos unen en el tango”.

Rápidamente rodeado de ciudadanos de a pie que se dejaron encantar por las historias de arrabal, de petiseros, puertos y bailes, los rosarinos fueron cómplices con risas ante las ocurrencias del actor: “A diferencia del cristol de Nueva York que crecieron guetos en barrios separados, en Rosario, Buenos Aires o Montevideo las culturas convivieron, nos hemos mestizado étnicamente, y el tango es el producto de la mixtura europea y criolla”.

El grupo de tango y milonga vino a acompañar al actor, quien está en Rosario para presentar la obra “El Farmer” en La Comedia. 

La obra consiste en una adaptación de la consagrada novela de Andrés Rivera sobre Juan Manuel de Rosas en una novedosa máquina teatral, que propone una mirada poética para aproximarse al personaje maldito de la historia argentina.