Andrés Carminati es profesor y doctor en Historiador, y viene de familia militante. Nacido en Mendoza en plena dictadura, cuenta en su blog que desencantado con la carrera de Derecho llegó a la carrera de historia y recién sobre el final de la carrera se encontró con el tema que lo apasionaría y se transformaría en su objeto central de estudio: la resistencia obrera a la dictadura.

En conversación con RosarioPlus cuenta que viene “de una tradición militante, mi vieja militante de DDHH. Tenía una reconstrucción de lo que había sido la dictadura y la resistencia a la dictadura, pero después estudie historia y en 5to año cuando estaba haciendo un seminario me encuentro con un librito de un autor que se llama Pablo Pozzi sobre resistencia obrera y dictadura” y aclara que “me quedaba claro que lo mío no era una interpretación aislada. En realidad respondía a un extendido imaginario social que aún hoy sigue vigente. En el mismo sentido que permanece relativamente oculto el carácter específico que tuvo la represión sobre la clase trabajadora”.

El estudio de la resistencia de los trabajadores y trabajadoras a la dictadura tiene en la historiografía poco desarrollo y eso fue un impulso para desarrollar el tema.

“Hay 4 o 5 trabajos en los años 80 sobre ese tema, en los 90 nadie le da mucha bola al tema (ni a la clase trabajadora) y a partir del 2001 aparecen una serie de investigaciones, entre ellas la mía, muy situadas en lo regional. Falta más divulgación, por eso cuando termine mi tesis comencé con este blog”, afirma Andrés en referencia a clasetrabajadoraydictadura.wordpress.com, donde publica sus trabajos.

Esa disputa, afirma que no solo tiene que ver con lo académico sino “con nosotros mismos, los trabajadores, porque no es lo mismo pensar una dictadura donde solamente hay represión y un puñadito solamente se levanta, que pensar una dictadura que si vos la recorres desde una perspectiva de la clase trabajadora hay resistencia de punta a punta y algunos episodios de conflictividad que son impresionantes”.

Según explica en sus artículos en la dictadura se desata además una ofensiva en particular en las fábricas sobre los delegados sindicales y las comisiones internas combativas, al tiempo que aumentan los tiempos de trabajo, reordenamientos alrededor de las plantas, y todo un conjunto de medidas patronales que dan cuenta claramente del carácter de clase de la dictadura.
Entre las primeras medidas de la dictadura contra la clase trabajadora figuran:

Intervención de la CGT junto a las principales organizaciones sindicales desde el 24 de marzo.

Ley 21.261: suspende el “derecho de huelga, como así también el de toda medida de fuerza, paro, interrupción o disminución del trabajo o su desempeño en condiciones que de cualquier manera puedan afectar la producción”

Ley 21.400: sanciona con penas de prisión hasta 10 años y despido justificado para cualquiera que participe en los actos previstos por ley 21.261.

Ley 21.274: de prescindibilidad en la administración pública. Permitió el despido sin sumario previo de 200.000 agentes.

Modificación de la Ley de Contrato de Trabajo. Eliminación de sus artículos más progresivos, en particular aquellos relacionados con la estabilidad en el empleo.

Modificación de la ley de Asociaciones Profesionales (1979). Pretendía eliminar las Centrales obreras de tercer grado.

La resistencia

Esa avanzada dictatorial tuvo como correlato una fuerte resistencia de las organizaciones sindicales. “En nuestra región con la ola de huelgas del 77 que tuvo una dimensión que es increíble que siga tan oculta”, asegura Carminati.

Entre el 8 y el 21 de junio se produjo en la zona del Gran Rosario una serie de conflictos simultáneos que abarcó diferentes plantas fabriles y sectores de la producción. Durante 15 días se registraron diversas acciones, marcadas por dos grandes huelgas en las fábricas de tractores John Deere y Massey & Fergussson -que persistieron durante toda la quincena-, y una serie de reyertas de diverso tenor en distintas plantas industriales y lugares de trabajo de la región. En el transcurso hubo conflictos en PASA, Duperial, Estexa, Cristalerías de Cuyo, Sulfacid, Electroclor y Argental.

“Ocultar la resistencia también colabora con la reconstrucción a posteriori de la historia que intenta instalar la teoría de los dos demonios. Por un lado plantear que todos los desaparecidos “en algo estaban”, que en parte es así porque la gran mayoría eran militantes, pero lo que hay es un ejercicio de despegar a las organizaciones de los espacios concretos de militancia”, ensaya Carminati como explicación al ocultamiento de la resistencia.

Los sindicatos bajo ataque

“En un principio una represión más puntual sobre algunos dirigentes que luego se fue generalizando sobre la clase”, asegura el profesor.

Y recuerda que en San Lorenzo había varias experiencias contrarias a la burocráticas, “el ejemplo más claro era Pasa Petroquimica, con la dirección del SOEPU que fue ejemplo de democracia obrera y tenía la particularidad que presto su colaboración a otros gremios de la zona”.

En enero del 76 pasa tuvo su primer desaparecido, Carlos Vergara, y el mismo 24 la dirección completa de PASA fueron echados de la fábrica y el gremio y perseguidos.

“En algunos otros gremios con comisiones internas combativas como Sulfacid, ya desde el 75 venían sufriendo persecuciones y secuestros. Uno de sus dirigentes, la “Chancha” Lopez, y Héctor Muler que es secuestrado y arrojado al rio”, relata.

Las consecuencias

“La argentina sigue marcada por lo que produjo la dictadura, y no solo por la represión, sino que todo eso tenía un objetivo político económico muy claro que  a partir del 77 con la ley de entidades financieras queda mucho más claro todavía”, y explica que se dió “una reformulación muy profunda del capitalismo de mercado interno, y fortalecimiento de la exportación, algo que se ve claramente en nuestra zona con la reformulación de ramas enteras de la producción como la metalmecánica. Cierran Jhon Deere y Massey Ferguzon. Ese proceso de disciplinamiento sobre los trabajadores no podía llevarse adelante sino con esta brutal ofensiva que fue la dictadura”.

En uno de sus artículos Carminati expone como las consecuencias del plan económico fueron catastróficas. Al finalizar la dictadura se había producido una profunda redistribución del ingreso en perjuicio de la clase trabajadora.

El salario real sufrió una caída porcentual de 32 puntos entre 1974 y 1982.Y la participación en el PBI se redujo del 49,3% en 1975 al 33% en 1981.

Hubo una radical reformulación del aparato productivo que afectó algunos sectores y ramas de la producción. Ello produjo el cierre de más de 20 mil establecimientos fabriles. El PBI Industrial cayó cerca de un 20%.

La disminución de la fuerza de trabajo empleada en el sector manufacturero pasó de 1.680.903 trabajadores/as en 1975 a 1.154.780 en 1981 (-31%).