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La Refinería San Lorenzo (Oil Combustible) cumplió en febrero 80 años de vigencia en el mercado argentino. La planta está estratégicamente localizada sobre la hidrovía del río Paraná y en el corazón agrícola de la Argentina. Su estructura permite procesar 8.000 m3 por día de crudo, lo que representa el 8% de la capacidad de refinación de todo el país.

La paralización de los motores mantiene hoy en vilo a sus 400 empleados y a toda una región que respira económicamente al ritmo de su producción. Sin embargo, el tema no parece estar en la agenda de prioridades del gobierno nacional como sí ocurrió con las crisis de otras firmas estratégicas de Santa Fe, como Sancor o Mefro Wheels.

Hasta el momento, la única declaración oficial fue forzada. El viernes pasado, el intendente de San Lorenzo Leonardo Raimundo aprovechó la visita a Timbúes del Jefe de Gabinete Marcos Peña para hablar de la delicada situación de la refinería. El funcionario local le entregó un petitorio para dejar asentado el reclamo. “Estamos monitoreando el tema, aún no tenemos una definición. El tema es complejo porque está la Justicia de por medio”, respondió Peña.

El litigio judicial por la transferencia de las acciones de la firma aparece como la excusa perfecta para la no intromisión del gobierno. OP Investments, un fondo inversor radicado en los Estados Unidos y representado en la Argentina por Santiago Dellatorre e Ignacio Rosner, está a cargo del gerenciamiento, pero sin ser aún legítimo dueño de la compañía. La Justicia tiene que avalar el traspaso de las acciones que vendió Cristobal López. La operación no es sencilla porque la Afip reclama una deuda que supera los 17.000 millones de pesos.

Lo que sí abundan son las declaraciones en off (fuera de micrófono) de los operadores de la Casa Rosada. En la última semana se intentó instalar la versión de un “salvataje externo”. Se dijo que la firma rusa Lukoil iba asociarse con los dueños de Oil Combustible para inyectar liquidez y reactivar así los motores.

El secretario general del sindicato del Petróleo, Gas y Biocombustible, Rubén Pérez, desestimó esta posibilidad tras juntarse con el ministro de Energía, Juan José Aranguren. "No hay plan B y es muy difícil que la planta se reactive", admitió derrotado al salir de la reunión.

Aranguren le informó que Lukoil “no está ni informada siquiera de la posibilidad de asociarse a empresarios argentinos para invertir en la refinería” y le aconsejó “buscar capitales nacionales” para salir del apuro.

Pérez confió además que el ministro aclaró en la charla que “el proyecto de energía para el país apunta a que para 2021 solo convivan cuatro refinerías” y que la de San Lorenzo “no estaba incluida”.   

La definición más tajante sobre la falta de compromiso del gobierno nacional salió de la boca del titular del Sindicato Unidos Petroleros e Hidrocarburíferos (Supeh), Héctor Brizuela, quien habló de una “caída diagramada”.

“Tememos seriamente que esto haya sido diagramado y que esté en el contexto de política energética que expresó Aranguren de apagar las refinerías del país y cubrir las demandas a través de políticas de importaciones de productos terminados.

Récord de importaciones

Los datos oficiales avalan la hipótesis de Brizuela. Según los últimos números difundidos por el Indec, las compras de combustibles en el exterior en enero aumentaron un 85,7% más que en el mismo mes de 2017. Los importadores desembolsaron 479 millones de dólares en todas las transacciones.

En tanto, las exportaciones de combustibles crecieron 63,2% y aportaron 382 millones de dólares, pero no alcanzaron para compensar las compras. Por lo tanto, el déficit de la balanza energética en enero fue de 97 millones frente a un rojo de 24 millones que se había registrado hace un año.

El informe del 2017 del Observatorio de la energía, tecnología e infraestructura para el desarrollo (Oetec) arrojó que hoy se importa cuatro veces más petróleo que en 2015.

En paralelo, la producción de las Cuencas Neuquina y del Golfo San Jorge –que en 2016 entregaron el 90% del petróleo que se procesó en el país– continuó con su tendencia a la baja Acumularon caídas del 7,3% y el 10,5%, respectivamente.

Los volúmenes de crudo refinables que dejaron de extraerse en ambas cuencas durante el año pasado superaron los 1.000.000 de metros cúbicos, mientras que el crudo importado se triplicó respecto al año anterior y alcanzó los 920.000 metros cúbicos.

"Es decir, las importaciones vinieron a reemplazar directamente producción nacional y aumentar la rentabilidad de las empresas multinacionales que operan en el mercado", explicó  Federico Bernal, director del Observatorio.

Las empresas intermediarias sin capacidad de refinación en el país (denominadas traders en la jerga petrolera) son otras de las ganadoras del nuevo esquema energético.

El negocio de los traders es completamente distinto que el de una refinadora. En lugar de destilar crudo en el país, importan combustibles refinados desde distintos puntos del planeta aprovechando la mejor ecuación económica disponible.

Para regular la avanzada de los traders en el mercado interno, el ministerio de Energía creó en marzo del año pasado un Registro de Operaciones de importación de crudo y derivados para controlar y regular las compras que las empresas del sector realizan en el exterior.

La medida, sin embargo, quedó sin efecto el 1º de enero. Se anuló el decreto en sintonía con la decisión de liberar los precios de los combustibles.  

Todo el asfalto para Shell

Además de combustibles, en la Refinería de San Lorenzo se producen cementos asfálticos, emulsiones asfálticas y asfaltos modificados con polímeros. Oil atiende cerca del 25% del mercado de asfaltos a nivel nacional, lo que la convierte en un actor estratégico en el mercado vial argentino.

El diputado provincial Carlos Del Frade (Frente Social y Popular) pidió poner la atención en esta faceta del negocio. A su entender, la paralización de la planta de San Lorenzo favorece en el negocio del asfalto a la petrolera de la que fue CEO el ministro de Energía.

“Tres empresas producen asfalto en la Argentina. Una de ellas es la Refinería San Lorenzo, ahora conocida como Oil Combustibles. En los últimos tres meses fue vaciada hasta el último litro de petróleo. Y una de las favorecidas por este saqueo es Shell, la empresa en la que trabajó el hoy ministro de Energía, Juan José Aranguren”, denunció día atrás en la legislatura provincial.

Para Del Frade, lo que atraviesa la petrolera “no es una crisis” sino “un saqueo a favor de la Shell, con la información privilegiada que tiene el ministro Aranguren”.

El botín que está en juego es más que jugoso en un contexto de fuerte impulso de la obra pública. El año pasado se batió el récord de consumo de asfalto vial de los últimos 20 años. En noviembre se consumieron un total de 66.254 toneladas, el mayor registrado de las últimas décadas.

El lobby de Pampa Energía

Caída la posibilidad de un salvataje por parte de inversores extranjeros, la única esperanza parece estar puesta en algún capital nacional. El empresario Marcelo Mindlin, dueño de Pampa Energía y hombre muy cercano al presidente Mauricio Macri, se anotó en esa carrera. Ya avisó que está interesado en seguir explotando la refinería.

Su interés inmediato pasa por no desabastecerse de la nafta virgen que necesita para producir sus productos petroqúimicos.  La planta que la firma tiene en San Lorenzo está conectada por una cañería con la refinería de Oil.  El bombeo de combustible permite una producción anual de 19 mil toneladas de etileno.

Como si fuera poco, Pampa Energía es uno de los mayores acreedores en el concurso preventivo de Oil, por lo que no es descabellado pensar que pida quedarse con la planta en caso de un cierre definitivo.

Pampa Energía se fusionó tiempo atrás con Petrobras Argentina. La firma maneja las eléctricas Edenor y Transener -la mayor transportadora eléctrica- y TGS -la segunda transportadora de gas-.

Las políticas de Cambiemos (tarifazos, por ejemplo) impactaron en su facturación. Pampa Energía pasó de estar en el puesto 103 en el ranking de las empresas que más facturaron en Argentina en el 2015, al puesto 10  en 2017, según el último relevamiento de la revista Forbes.

Mindlin también es dueño de la constructora Iecsa, una de las empresas que formó parte del grupo Macri y que la familia del presidente se desprendió cuando Mauricio se sentó en el sillón presidencial. Primero Franco (el padre del presidente) se la cedió a su sobrino Ángelo Calcaterra, y luego éste se la vendió a Mindlin.