Ghosting: la forma de cortar vínculos en la era digital

La mañía de borrarse siempre habitó en los asuntos de parejas que se evaporan en el aire. Pero la irrupción de las redes sociales alimentó esta cobardía sentimental y la configuró con un neologismo que, en castellano, sería algo así como “hacerse el fantasma”

El "ghosting" es una práctica que ha tomado cierta popularidad en el último tiempo, fomentada quizás con un nuevo modo de relacionarse con los otros a partir de las nuevas tecnologías. Ghosting es justamente la forma en la que se cierran esas relaciones, y quiere decir literalmente "hacerse el fantasma".

En verdad, no hay nada que se cierre, sino justamente que una de las partes, sin explicación previa, ni motivo aparente decide desaparecer del mapa, borrarse como quien dice. Y entonces ya no manda mensajes, ni responde los que la otra parte, desconcertada, sigue enviando; ni atiende los reclamos que se le hace; ni siente que tenga que explicar nada. Simplemente deja de estar para el otro.

Obviamente, el ghosting ha existido desde el inicio de los tiempos, pero al parecer la tecnología y el tipo de comunicación impersonal a la que poco a poco se han habituado las relaciones, ha hecho que sea más común.

Parece que en la era de aplicaciones como Tinder y Grindr, el estar ocultos tras las pantallas de distintos dispositivos hace que resulte más sencillo acabar con relaciones sin dar ningún tipo de explicación. Simplemente, se “elimina gente”.  

Expertos en psicología consultados por la BBC advierten que el ghosting tiene consecuencias tanto para quien lo sufre como para quien lo practica. El primero ve su autoestima dañada y tiene que atravesar el período de duelo que conlleva el fin de una relación, sin tener todas las respuestas sobre los motivos de la ruptura. El segundo tendrá que hacer frente a la sensación de no poder manejar los momentos difíciles de una relación.

De hecho, aseguran que quienes practican el ghosting tienen miedo al conflicto, evitando a toda costa los enfrentamientos, incluyendo el tener que decirle a alguien a la cara que se quiere poner fin a una relación.

A esto se suma que probablemente las personas sigan en contacto a través de redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram, y de este modo el afectado tendrá que constatar que quien no responde mensajes sí continúa con su vida de relaciones como si nada pasase.

Lamentablemente, esta práctica está en alza y según los expertos, se tratará de asumir simplemente que el deseado cierre de esa relación, es algo que en definitiva tendrá que procesar cada uno por su parte, como siempre, pero sin la charla que auspicie como broche de oro de algo que no fue. 

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