Dicen que el punto de vista no es más que la vista de un punto. Justamente, eso es lo que uno debe hacer para encontrar la otra postal en la zona del viejo Apeadero Sur : cambiar la vista del punto. Desde que se inauguró en Battle y Ordoñez y San Martín la nueva estación de trenes Rosario Sur, que une a diario la ciudad con Buenos Aires, las fotografías únicamente se centran en la obra moderna y destacada en el paisaje de ese rincón del barrio Irigoyen. No obstante, basta con adentrarse por entre los rieles y recorrer unos metros nomás al norte de Batlle y Ordóñez, y también hacia la dirección opuesta, más allá del andén, y entonces las imágenes cambian de nuevo: pobreza y exclusión vuelven a interponerse entre los recuerdos de recientes cortes de cintas y pañuelos al viento.

El otro lado de las vías, pobreza y exclusión.
El otro lado de las vías, pobreza y exclusión.

¿Qué importa el después?, toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado”, dice una estrofa del tango Naranjo en Flor, y pareciera reflejar el pensamiento de Lorena Ramírez y Marina Biancucci. Vecinas, que conviven con la mugre, la inseguridad y la ausencia del Estado a la vera de las vías del nuevo tren, pero del lado donde las cámaras eligen no enfocar, en el punto donde la vista pasa de largo.

Vías peligrosas

Con una inversión del gobierno nacional que rondó los 70 millones de pesos, y bajo proyecto y ejecución de la Municipalidad, la nueva estación se inauguró el 21 de julio pasado. Si bien los vecinos de la zona estaban entusiasmados por la mega inversión, poco fue lo que cambió en el barrio desde la utilización de este nuevo servicio que cuesta en primera clase 175 pesos, y 225 en pullman. “Llegar a esta zona es muy complicado, falta conectividad y sólo los que vivían al lado de la estación se vieron beneficiados” contó a Rosarioplus.com un kiosquero.

La vera de las vías del nuevo tren, pero del lado donde las cámaras eligen no enfocar.
La vera de las vías del nuevo tren, pero del lado donde las cámaras eligen no enfocar.

“Pareciera que del lado norte de Battle y Ordoñez no se preocuparan, porque en esta parte la situación no mejoró”. “No hay seguridad, luminarias, los chicos cruzan las vías como si fuese una cortadita, hay perros durmiendo en las vías (por las que pasa el tren actualmente) y nuestras casas están a centímetros de ellas. Es un riesgo que se corre todos los días”, señaló a este medio Lorena Ramírez.

De noche, el cielo es una obra de arte con el resplandor de la Luna, pero también puede ser el peor momento del día para las diez familias que allí habitan. “Cuando oscurece esto es tierra de nadie”, detalló Ramírez. “La semana pasada acuchillaron a un muchacho para robarle el celular; acá no hay policías ni nadie que vigile la zona”, se quejó Biancucci y agregó: “Como podés ver, no hay ni postes de luz, solamente se ilumina el camino cuando pasa el tren”. “Es un riesgo muy grande”.

La advertencia que nadie ve

En el medio de las vías hay un pequeño cartel parado de color blanco con letras rojas que expresa: “Es prohibido transitar por las vías. Ley 2873 NCA (Nuevo Central Argentino)”. Sin embargo, pocos son los que acatan dicha advertencia. Entre animales, niños corriendo y madres que salen a la vida, el angosto pasillo se transforma en una calle muy transitada que denota la falta de agentes de seguridad que procuren proteger a los vecinos del riesgo que conlleva caminar por allí ahora que el tren llega y parte todos los días.

Tanto Lorena como Marina se mostraron muy preocupadas y angustiadas por tener que soportar vivir a milímetros del paso del ferrocarril. “No hace mucho, al pasar destruyó la fachada de una casilla arrancándole el brazo al dueño de casa”. “Nadie está exento de que le pueda suceder lo mismo”. “Nosotras quisiéramos poder mudarnos, trabajamos, por ende entendemos que podemos pagar una vivienda en un espacio más seguro, pero nadie nos vino a dar una mano”, afirmaron ambas con sus voces entrecortadas por la desazón e impotencia que les produce vivir allí.

La nueva estación de trenes Rosario Sur, en  Battle y Ordoñez y San Martín.
La nueva estación de trenes Rosario Sur, en  Battle y Ordoñez y San Martín.

El cartelito que prohíbe la circulación sobre las vías persiste. “Pero no queda otra que caminar por las vías para salir de acá”, porque las casas están construidas frente a ellas y no hay otra salida que los residentes de la zona puedan utilizar para esquivar el sucio y abandonado camino.

El hecho de que las familias estén ubicadas allí, invisibles al incesante tránsito vehicular que circula por Avenida San Martín (paralela a las casillas), genera que “la mugre, la basura se acumulen” y se formen como depósitos de residuos, los cuales no sólo expanden un olor hediondo, sino que “atraen ratas, cucarachas, lauchas” y demás alimañas. “Es horrible convivir con eso y más cuando hay niños”, culminaron ambas vecinas.

No son números, no son votos. Son nombres propios con pasado, presente y en busca de un futuro que les permita contar una historia más agradable. “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir” continúa otra estrofa del “Polaco”; a estas familias, sólo les resta poder partir como quien se sube a un tren y observa el sendero que nunca más ha de volver recorrer…