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Comenzó la batalla por el control de la ciudad que marcará un antes y un después en la guerra contra el Estado Islámico. El 17 de octubre el ejército iraquí y los combatientes kurdos o  peshmergas -que significa "aquellos que enfrentan la muerte"- apoyados por la coalición internacional encabezada por los Estados Unidos, iniciaron el asalto a la ciudad de Mosul, el último bastión de ISIS en Irak.

Los dos frentes: Siria e Irak

Actualmente, la guerra contra los yihadistas tiene abiertos dos grandes frentes. Uno en Siria, donde el gobierno de Bashar al-Asad es apoyado por sus aliados rusos en el combate contra ISIS y apunta a recuperar Alepo, la ciudad más poblada y productiva del país. Su intención es posicionarse estratégicamente para recuperar el territorio perdido y evitar que la victoria recaiga sobre los rebeldes sirios opositores al gobierno.

El otro frente es en Irak, donde el gobierno y los peshmergas kurdos esperan que la recuperación de Mosul se convierta en la derrota militar definitiva de ISIS. La importancia de la ciudad radica en que por su millón y medio de habitantes es la principal fuente de recaudación de impuestos para el el Estado Islámico en Irak y porque domina la zona norte del país, abundante en pozos petrolíferos explotados por los yihadistas.

También tiene un profundo sentido simbólico, porque fue en Mosul donde Abu Bakr al Bagdadi proclamó el califato hace dos años.

La expulsión de ISIS de Mosul significaría el fin del proyecto de la construcción de un Estado -en el sentido tradicional del concepto- por parte de los terroristas, al menos en territorio iraquí.

Pero nada es fácil en Medio Oriente

Pese a los avances iniciales en el camino hacia Mosul, con áreas plagadas de minas y todo tipo de trampas mortales, fue necesario poco tiempo para comprobar que ISIS opondría una dura resistencia a ser desalojado.

El pasado viernes, los terroristas intentaron una maniobra contra varias oficinas gubernamentales para recuperar la ciudad de Kirkuk, capital de la provincia homónima del norte de Irak que se encuentra a unos 150 kilómetros al sudeste de Mosul. El objetivo era retrasar el avance de las tropas regulares iraquíes y de las milicias kurdas. En esa acción, al menos seis milicianos de ISIS fueron abatidos en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad locales. Los atacantes -entre ellos, algunos kamikazes que detonaron tres coches bomba- ocuparon por varias horas una antigua sede policial, hasta que fueron desalojados por un grupo antiterrorista.

El difícil avance hacia Mosul

Iraquíes y kurdos avanzan lentamente. Las excavadoras y los tanques aplastan lo que encuentran a su paso. Comenzó como una marcha triunfal, pero se encontraron con una resistencia feroz de los yihadistas. A los misiles de tierra lanzados desde las colinas y a los cincos bombardeos de la coalición internacional, el Estado Islámico respondió con morteros y artillería. El suelo está plagado de explosivos caseros plantados por ISIS mientras se replegaba. Como en la guerra contra Saddam Hussein, los campos de petróleo vuelven a incendiarse.

Pese a todo, los peshmergas le arrebatan a ISIS varios kilómetros al día. Los kurdos fueron quienes le pusieron el cuerpo desde el comienzo a la guerra contra el autoproclamado califato. Y si ellos fueron los que más sangre derramaron, quienes jugaron un rol definitivo en la estrategia global contra ISIS fueron los rusos. Es mérito principalmente de kurdos y rusos que los yihadistas hayan perdido en los últimos tiempos casi el 30 por ciento del territorio que dominaban y se encuentren en franco retroceso.

Los estadounidenses siguen apoyando a los rebeldes sirios que combaten simultáneamente a ISIS y al gobierno de al-Asad en Siria. En Irak, apoyan a las autoridades locales y a los kurdos.

Tal como lo expresara Donald Trump, el ataque sobre Mosul fue cualquier cosa excepto una sorpresa. En las últimas semanas, las fuerzas gubernamentales cercaron Mosul en preparación del asalto, programado hacía meses. Días antes de iniciarlo, la aviación iraquí lanzó panfletos anunciando el inicio de la batalla y solicitando a la población que permaneciera en sus casas, a la vez que trataba de tranquilizarla asegurando que no se atacarían objetivos civiles.

Sin embargo, no son pocos los analistas que expresaron su preferencia por una estrategia más cautelosa, apelando a una estrategia de guerra de desgaste. El peligro que implica una operación militar de las características de la que se lleva a cabo, es el riesgo que supone para la vida de los civiles dadas las características del enemigo, cuya ideología extremista y mesiánica no supone límites ni en la brutalidad ni en el nivel de destrucción de todo lo que esté a su alcance.

El día después

Independientemente de una batalla que será indudablemente sangrienta, hay que preguntarse qué sucederá luego de la victoria. En primer lugar, es importante destacar que vencer territorialmente a ISIS no supone su derrota definitiva. Los yihadistas reincidirán en los atentados para aterrorizar a sus enemigos.

En segundo lugar, el gobierno de Irak y sus aliados de la coalición internacional esperan que el éxito de la campaña represente un golpe definitivo al poder territorial de ISIS y que, como resultado, reduzca su capacidad de reclutamiento no solo en Irak y Siria, sino también en otros frentes como Libia o Nigeria. En particular, el primer ministro iraquí, Al Abadi, espera que una victoria en Mosul se traduzca en apoyo y legitimidad a su mandato, que atraviesa una profunda crisis.

En tercer lugar, una eventual victoria en Mosul podría convertirse en una verdadera Caja de Pandora política, debido a que la composición de las fuerzas es extremadamente heterogénea. Está compuesta por soldados, policías, milicias kurdas, chiíes y suníes. Gestionar los múltiples intereses contrapuestos que se plantean en Mosul será un enorme desafío. Si en las batallas precedentes contra ISIS en Faluya, Ramadi o Tikrit había un enfrentamiento latente entre árabes suníes y árabes chiíes como extensión del recelo de los países árabes hacia la influencia de Irán en Irak, en este caso se suman además las legítimas pretensiones kurdas y la interferencia de Turquía para evitar que ellas se contagien a su territorio.

Por último, los kurdos son plenamente conscientes de que el mundo los está viendo luchar esta guerra y entienden que en algún momento -cada vez más cercano- deberá responderse a sus históricos reclamos territoriales. El problema será cómo.

En este contexto, es preocupante el antecedente del proceder de estadounidenses y europeos, dado que, generalmente, tienden a apoyar a los enemigos de sus enemigos en los campos de batalla, pero una vez vencidos, dejan a sus aliados locales librados a su suerte. Fue así como surgieron los talibanes, Al Qaeda y -en alguna medida- hasta el propio ISIS.