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La única grieta

Nicolás Dujovne, Mauricio Macri y Luis Caputo (Télam)

El gobierno nacional creyó que un cambio de nombres iba a cambiar el rumbo de la crisis. La salida de Federico Sturzenegger del Banco Central y el ingreso de Luis Caputo no alcanzaron para detener la escalada del dólar que cerró a casi 29 pesos. Es que no se trata de nombres sino de modelo. El dólar trepa porque no nadie cree en lo que está haciendo el gobierno que insiste en su política de seducción de mercados que le dan vuelta la cara. Por ahora sólo el FMI dio una contundente prueba de “amor”. Pero, se sabe, es como dormir con una hermosa mujer vampiro, en algún momento va a clavar sus colmillos.

Ahora son los bancos los que le están solicitando al gobierno que fije el dólar por tres meses para tener una pauta con la que poder trabajar. Hoy no hay certezas de la cotización de la moneda y tampoco hay parámetros para la tasa de interés. Es una economía inviable por donde se la mire. Pero otra cosa que le están pidiendo los bancos es una cuestión muy sencilla que el gobierno tenía a mano pero decidió eliminar como herramienta: Ponerle un plazo de liquidación de divisas a los agroexportadores.

Es curioso pero desde el FMI a los banqueros y parte del establishment le están pidiendo al gobierno cuestiones que la administración anterior ya había dispuesto y que el suicida fanatismo neoliberal eliminó por completo. Desde la disposición de Roberto Lavagna del 2005 para exigir un año de radicación en el país a los fondos extranjeros que quieran especular financieramente en la Argentina, hasta las retenciones mineras, pasando por el plazo de liquidación a los agroexportadores y, además, alguna especie de cepo al dólar como había dispuesto el kirchnerismo. A lo que se suma el pedido del Fondo de terminar el peligroso asunto de las Lebac.

El de Mauricio Macri es un gobierno que eligió recorrer un camino que ya transitó el país con el peronismo de la mano de Carlos Menem y el radicalismo con el inefable Fernando De la Rúa. El final de ese derrotero es conocido por todos y no es precisamente muy feliz. A la ruta contraria que exige esfuerzos por agrandar la estructura productiva del país, sustituir importaciones, requerir de menos dólares para sobrevivir, pensar en el dinamismo del mercado interno y acompañar los procesos de desarrollo para generar más empleo y consumo; se la llama “populismo” para descalificarla y dejarla de lado. Esa es la única y verdadera grieta.

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