Venezuela: el tejido detrás del complot

Los sucesos registrados en Venezuela responden a tramas de intereses que
involucran a potencias mundiales y poco se preocupan por los padecimientos de la
ciudadanía

A las pocas horas de que el líder opositor Juan Guaidó llamara a la insurrección cerca de la base aérea La Carlota, la intentona por derrumbar al gobierno de Nicolás Maduro ya había fracasado. La convocatoria de una movilización masiva para el 1º de mayo tampoco logró provocar ese punto de inflexión esperado por los antichavistas. No parece haber -al menos por ahora- un antes y un después de la llamada Operación Libertad.

Lo que si parece aclararse con el transcurso del tiempo, es que existió un intento fallido por acelerar el desmoronamiento de un régimen que parece -hasta el momento sólo parece- condenado a caer. Aunque cada vez que se lo empuja demuestra su capacidad de subsistencia. Aunque esa capacidad parece ya no ser propia, sino que respondería a una trama de pugnas de poder que involucra a otros países, entre los que se cuentan Cuba, Rusia y los Estados Unidos.

Juan Guaidó llamó a la insurrección

El complot

Hay cada vez más información respecto de que el verdadero movimiento para expulsar al chavismo del poder estaba previsto para el día 2 de mayo, con mejor planificación, apoyos más amplios y más sólidos. El asesor de Seguridad Nacional del gobierno de los Estados Unidos, John Bolton, dejó entrever que en él iban a participar el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, el presidente del Tribunal Supremo, Maikel Moreno, y el comandante de la guardia presidencial, Iván Rafael Hernández Dala, a quienes responsabilizó de llevar meses negociando con la oposición para una salida pacífica de Maduro, instándolos a cambiar rápidamente de bando o a sufrir las consecuencias.

Cuando el intento por desplazar a Maduro fracasó, Bolton expuso rápidamente a los presuntos participantes en el complot, de manera de provocar fisuras y desconfianza en el seno del régimen bolivariano. 

Un tuit del senador estadounidense Marco Rubio confirmó esa información. El legislador señaló el mismo 30 de abril por esa red social: Maduro dice que está investigando quién está detrás del levantamiento militar de hoy. No tendrá que mirar muy lejos. Cuatro de ellos se sentaban con él en la mesa de conferencias mientras lo decía.

Al parecer, los conspiradores cercanos a Maduro dialogaron hasta último momento con los opositores, pero cuando llegó el momento de actuar, se quedaron quietos y apagaron sus teléfonos celulares.

La revelación de los nombres de los implicados en un complot de estas características dejaría al desnudo una imperdonable violación de los protocolos de seguridad. Sin embargo, ni Padrino López, ni Moreno ni Hernández Dala fueron despojados de sus cargos. De hecho, poco después de su publicación, la información sobre su presunta participación en el intento de derrocamiento contrastó con la tranquilidad que proyectaba el presidente del Tribunal Supremo en sus declaraciones, en las que hacía un llamamiento a la calma.

Por su parte, Padrino López se mantuvo ocupado desde el 30 de abril retuiteando todo lo que publicaba Nicolás Maduro. Por ahora, ambos permanecen como sólidos pilares del régimen, que parece no haber creído las acusaciones lanzadas desde el gobierno estadounidense.

Fisuras en el servicio de inteligencia

Pese a todo, quedó claro que hubo un quiebre dentro del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), que permitió que el legislador opositor en prisión domiciliaria, Leopoldo López, fuera liberado. El cambio que realizó Maduro en la dirección del organismo habla por sí solo.

El general Gustavo González López, director del Sebin hasta octubre del año pasado, que había caído en desgracia tras la muerte por presunto suicidio del concejal opositor Fernando Albán y, sobre todo, por un confuso incidente entre varios de sus hombres y los escoltas de Maduro, recuperó su puesto. Quien ejercía el cargo, el comandante Cristopher Figuera no recibió siquiera una palabra de despedida.

Sobre el militar, con formación en Cuba y hombre de confianza de Diosdado Cabello -considerado en número dos del chavismo- no pesa solamente el hecho de que varios de sus agentes liberasen a Leopoldo López de su encierro domiciliario. También está su presunto deslinde del oficialismo, de acuerdo a una carta que publicaron algunos medios de comunicación locales, cuya veracidad aún no se ha confirmado.

Pero más allá de las fisuras en el servicio de inteligencia y de las posibles defecciones dentro de la cúpula bolivariana, existiría una estrategia de desestabilización pergeñada por un sector del gobierno estadounidense.

El plan de la discordia

El exembajador de los Estados Unidos en Venezuela, William Brownfield, le propuso en 2017 a la administración de Donald Trump un plan para sembrar desconfianza en las filas del régimen bolivariano. Esa estrategia ya se había aplicado exitosamente contra varios cárteles de la droga.

Consistía en inducir a un grupo a creer que algunos de sus miembros eran informantes de la Drug Enforcement Administration (DEA) o colaboradores de alguna otra agencia estadounidense. De esa manera, se generaba un clima de paranoia y un cambio de lealtades que terminaba por hacer sucumbir al grupo desde adentro.

El plan, de acuerdo con su relato, acabó cobrando forma alrededor del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente Diosdado Cabello. Durante meses, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos aplicó sanciones a la mayoría de los principales jerarcas del régimen venezolano y a los altos cargos de seguridad implicados en acciones represivas, pero evitó cuidadosamente sancionar a Cabello.

La idea era que una parte de la cúpula chavista comenzara a preguntarse si el número dos del régimen no estaba pactando con el gobierno estadounidense. El propio Cabello, consciente de la erosión a la que se lo estaba sometiendo, llegó a la ridiculez de exigirle al gobierno de Trump que lo sancionase a él también.

La desconfianza puede haberse ya instalado en la cúspide del gobierno de Maduro, pero ante la duda, y vistas las expresiones públicas de adhesión al chavismo, todos conservan por ahora su cabeza. En tal sentido, varios altos mandos chavistas afirman que los rumores no son más que fake news o noticias falsas sembradas por el gobierno estadounidense como parte de una operación de guerra psicológica.

El propio Maduro expresó públicamente: están tratando de crear su propia intriga. Pero hizo esa afirmación tras una jornada en la cual él mismo llamó telefónicamente a cada alto mando militar para asegurarse su lealtad. Eso quiere decir que se vio carcomido por la duda.

Los comentarios de Bolton fueron significativos. "Si tú eres Nicolás Maduro, ¿puedes seguir mirando a tu Ministro de Defensa y confiar en él? No creo. Creo que Maduro está totalmente rodeado de escorpiones en una botella, y es solo cuestión de tiempo", sentenció. Es posible que sus palabras sean una mera expresión de la ira de la Administración Trump ante la indecisión, a la hora de la verdad, de los actores clave en una operación que habría llevado meses preparar y que se desvaneció en el aire en apenas una hora, lo que Padrino López tardó en anunciar públicamente su apoyo a Maduro.

También existe otra alternativa, y es que Padrino López actúe como agente doble al conspirar contra el chavismo y, simultaneamente, al brindar información al núcleo duro chavista.

A lo dicho se le agrega algo que quizás sea lo más gravitante con miras al futuro. Los gobiernos de Cuba y Rusia tienen intereses concretos con el régimen bolivariano en lo que a petróleo se refiere. Además, el gobierno venezolano está endeudado con la administración de Vladimir Putin.

El presidente ruso aprendió que tras los derrocamientos impulsados por los Estados Unidos, cambian las reglas de juego económicas, comerciales y, especialmente, contractuales. Fue lo que ocurrió cuando el gobierno estadounidense provocó la caída de Muamar Gadafi en Libia.

Al poco tiempo, las nuevas autoridades rescindieron los contratos petroleros con empresas francesas, italianas y rusas, y suscribieron otros nuevos con empresas estadounidenses y británicas.

Sin ánimo de simplificar lo complejo, es posible que lo sucedido pueda interpretarse como otro episodio en el cual el gobierno estadounidense subestimó el poder y la inteligencia de su par ruso.

Una de las pocas personalidades que tuvo palabras contemplativas para con el pueblo venezolano fue el expresidente uruguayo, José Pepe Mujica, cuando sugirió que no hay que ponerse delante de las tanquetas.

En concreto, le recomendó al pueblo venezolano que no se inmolara. Conocedor de dictaduras y represiones, Mujica seguramente intuyó que desde ambos sectores se le pidió al pueblo venezolano que saliera a la calle para actuar como carne de cañón de una pugna que claramente no lo beneficia, y arrojó como saldo al menos dos muertos, más de 100 heridos y más de 150 detenidos, que se suman a los registrados en los últimos años.

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