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Polémica en redes en torno al asesinato del cuidacoches

En los 29 años que vivió, Jorge Ramón Reynoso apareció dos veces en las noticias del día. La última fue su homicidio, este martes a la noche, en la esquina de bulevar Avellaneda y Santa Fe, a manos de un hombre en moto que le disparó a la cabeza tras un breve cruce de palabras. La primera había sido hace dos meses, cuando marchó preso luego de tomar unos pañales y un tarro de leche en polvo de la farmacia de Córdoba y Avellaneda, en circunstancias confusas. Para el fiscal fue un robo, y para su abogado defensor fue la apropiación de eso que necesitaba para sus hijos, y en el marco de cierto acuerdo que tenía con el dueño del comercio. 

Acaso la causa de sus desenlaces violentos o policiales en este muchacho que intentaba ganarse la vida como cuidacoches era su proceder, a menudo en malos términos, con actitudes intimidantes, agresiones verbales y físicas, según cuentan por estas horas quienes lo tenían bien conocido en esas cuadras del barrio Luis Agote.

Los comentarios que circulan en las redes y los posteos de lectores a las notas sobre el crimen abundan en justificaciones sobre el proceder del homicida anónimo de Reynoso. Muchos recuerdan al joven asesinado por sus actitudes pendencieras, y la forma extorsiva con la que exigía dinero a automovilistas en el semáforo o en los estacionamientos de esas cuadras. Y otros también disienten y reparan en que, al fin de cuentas, el muchacho fue asesinado y su mala fama no justifica tal fin.

Según la investigación del fiscal Luis Shiappa Pietra, un testigo observó este martes pasadas las 22 a un motociclista que llegó por Avellaneda hasta la esquina con Santa Fe, que dobló en U y encaró hacia donde estaba Reynoso, vestido con bermudas, chinelas y remera rosa. Hubo un cruce breve de palabras, una discusión acaso, y el motociclista sacó un arma y le acertó un tiro en la cabeza. Reynoso cayó muerto sobre la vereda, y el autor del disparo escapó. Ahora están relevando las videocámaras de la zona para identificar el vehículo y a su conductor. 

A Reynoso le decían "Tucumano", y se procuraba el sustento como cuidacoches y limpiavidrios en esa zona del bulevar Avellaneda, desde el viaducto hasta el hospital Carrasco. El 15 de setiembre había tenido su aparición en las noticias cuando las empleadas de la farmacia de Córdoba y Avellaneda lo denunciaron por robar leche y pañales.

Reynoso estuvo detenido unos días y recuperó la libertad. Su abogado había alegado que lo sucedido no había sido un robo. Según su versión, tenía un trato con el dueño del comercio, a quien conocía por lavarle de tanto en tanto su camioneta en la calle. Por lo tanto, aquel día entró al comercio y pidió esos productos de necesidad para sus hijos e invocó su acuerdo con el comerciante, que en ese momento no estaba en el local. Las empleadas no accedieron y, además, se sintieron intimidadas por las maneras con que Reynoso pretendió llevarse la mercadería, cosa que finalmente hizo. Eso le valió la captura policial.

Según el prontuario difundido por el Ministerio de Seguridad, Reynoso tenía ese delito imputado como hurto, pero el día anterior había generado otro tipificado como robo calificado, es decir, con el uso de un arma. Lo mismo, el 30 de junio. Y en mayo había sumado otra causa por agresión, resistencia a la autoridad y daño. Fue en ocasión de haber averiado adrede vehículos estacionados junto al estadio de Newell's Old Boys. En marzo había registrado un hecho de robo.

Por otra parte, tenía una orden judicial de no acercarse a menos de 200 metros de la estación de servicio YPF de Córdoba y Avellaneda, luego de reiteradas denuncias en su contra por molestias diversas. Una restricción que, a todas luces, no obedecía.

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