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Cuando la policía mata por la espalda: los últimos casos en Rosario

El caso del oficial Luis Chocobar sacó a la luz una modalidad que se repite en muchas denuncias por gatillo fácil: ejecuciones por la espalda en medio de persecuciones. Los últimos casos locales y la respuesta de la justicia

El fenómeno no es nuevo en Rosario, una ciudad que en los últimos años incrementó todos los índices relacionados a la violencia institucional. Sin embargo, el caso del oficial Luis Chocobar, quién mató a un ladrón por la espalda en Buenos Aires, puso el tema en la agenda de los medios. El aval del gobierno nacional al accionar del uniformado visibilizó aún más la práctica del gatillo fácil, enquistada y naturalizada en muchas provincias del país.

El último caso en Rosario ocurrió en junio del año pasado. David Campos (28 años) y Emanuel Medina (32) fueron ejecutados en medio de una persecución. Tres policías que participaban del operativo abrieron fuego cuando el auto de los jóvenes chocó contra un árbol. Dos de ellos están imputados por el delito de homicidio calificado por abuso de función o cargo. La causa judicial tiene a otros agentes involucrados. Son más de diez los efectivos que encubrieron el doble fusilamiento. 

"La verdad que me generó mucha angustia saber que tenemos un presidente que avala estos actos. Me da miedo miedo que este apoyo tenga su efecto en los casos que están esperando juicio, como el nuestro por ejemplo", admitió en diálogo con Rosarioplus.com Germán Campos, hermano de una de las víctimas. 

Otros dos casos muy similares ocurrieron en 2014. Gabriel Riquelme (20 años) fue asesinado la madrugada del 3 de marzo en una persecución mientras volvía a Villa Gobernador Gálvez, luego de ir a bailar con sus amigos. El joven fue alcanzado por dos proyectiles que le perforaron el omóplato izquierdo y la nuca, provenientes de un Fiat Palio en el que viajaban cuatro policías. Tres de ellos fueron condenados.

De la misma manera fue ejecutado Iván Mafud (26 años). La policía lo persiguió durante más de 50 kilómetros por no llevar la patente en la parte trasera del auto. Los balazos impactaron en espalda y cabeza. La víctima tenía cuatro hijos y ningún antecedente delictivo. Quince policías fueron juzgados por el asesinato

Otros casos

La noche del 2 de diciembre de 2011, un llamado alertó a la subcomisaría 15ª de Pueblo Esther. "Están robando a un comerciante", denunció un vecino.  Dos efectivos llegaron al lugar en una camioneta. Dieron la voz de alerta. Dos jóvenes salieron corriendo en distintas direcciones.

Los uniformados persiguieron uno a cada uno. El oficial Mario Gabriel Urquiza alcanzó a Sergio Luján (21 años) y lo subió al móvil para averiguar sus antecedentes. En un descuido, el muchacho bajó de la chata y empezó a correr. El policía desenfundó su arma y disparó. La bala ingresó a la altura de la primera vértebra lumbar.  Urquiza admitió en el juicio que mató al joven por la espalda. "Me tropecé y disparé por error", justificó. En febrero del año pasado fue condenado a 14 años de prisión.

El 6 de junio de 2013, Gustavo Lares (20 años) dormía en su casa de Olavarría al 1200, en el barrio Empalme Graneros. Cinco policías llegaron a la vivienda con una orden de allanamiento del juzgado de Instrucción Nº11. Buscaban a su hermano por un supuesto robo. Al ver a los policías, Gustavo intentó escapar por el patio de la vivienda. Los agentes empezaron a disparar. Un proyectil impactó en su cabeza.  

A fines de 2016, el juez Ismael Manfrín condenó al suboficial Raúl Anzoategui a ocho años de prisión por los delitos de homicidio culposo y falsedad ideológica del instrumento público. E El fiscal Luis Schiappa Pietra y los abogados querellantes del Centro de Asistencia Judicial habían solicitado prisión perpetua por el delito de homicidio calificado por el cargo. La causa se encuentra en apelación. 

En los casos de Dante Fiori (ejecutado en abril de 2015 en barrio República de la Sexta) y Carlos Godoy (acribillado un mes más tarde en Empalme Graneros), la Justicia aún no llegó. Ambas investigaciones están estancadas en Fiscalía, como otros expedientes con policías involucrados. 

Fiori, de 25 años, recibió un tiro por la espalda de parte de un oficial de civil. El agente relató que el muchacho estaba robando, qué se identificó y que hubo un intercambio de disparos. La familia de la víctima y algunos vecinos del barrio contaron otra versión. Que el policía salió a la calle desde una propiedad  y que Dante caminaba cantando la marcha de Newell’s cuando intercambiaron algunas palabras. "Le gritó algo y le tiró a matar”, narró Neomí, su mamá. 

A Godoy (25 años) lo balearon en la intersección de calle Garzón con el puente de Avenida Sorrento. El joven amaneció aquel domingo en la casa de su suegra, en barrio Parque Casas, y debía cruzar el puente de Sorrento hacia Empalme Graneros para llegar a su vivienda. Los testigos vieron el avance de un grupo de policías ante una escena de robo. Godoy quedó en el medio y recibió un disparo mortal por la espalda.

"Dónde está la ley que dice que la policía tiene derecho a quitar la vida de un ser humano por la espalda", se preguntó el papá ante los micrófonos de los canales de televisión. "No está permitido, está penado", respondió él mismo.   

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