¿Santafesinos, cordobeses o los del kiosko?

Hablan los que elaboran la más tradicional golosina, en su versión santafesina y en su versión cordobesa. Y también un catador que los probó a todos.

“Golosinas compuestas por dos rodajas delgadas de masa, adheridas una a otra con dulce y a veces recubiertas con chocolate, merengue, etc”. Así los define la Real Academia Española, pero para nosotros son ¡alfajores! Y nos encantan. Los hay de todo tipo. Santa Fe tiene los suyos, con mucho dulce de leche, Córdoba los hace bien esponjosos y varía en sus rellenos, y si andamos por la calle podemos encontrar otros en cualquier kiosko. ¿Cuáles son los más ricos? En rosarioplus.com le preguntamos a los que saben.

Santafesinos: tres capas saladas y mucho dulce de leche

“Un alfajor distinto al del resto del país”. Así lo define Hipólito Montemurro, uno de los titulares de la firma Merengo. La empresa existe desde 1861 y desde entonces tuvo sólo tres dueños. “Nací ahí adentro, mi papá la compró cuando yo tenía tres años y ahora tengo 66”, cuenta Hipólito, alfajorero de pura cepa.

La principal diferencia con el resto es que las tapas del alfajor santafesino son saladas. “Se hacen con yema de huevo, las tres tapas se pegan con dulce de leche, y para el baño merengado se usa la clara”, resumió Montemurro para Rosarioplus.com. Tan sencillos como ricos, aunque claro, también tienen sus secretos. “Lo principal es como trabajás la masa. Es importante el grosor, los componentes  y algo que se le agrega”, narró el referente de los Merengo, sin revelar cuál es el toque especial.

Según Hipólito, hoy el alfajor es más que una simple golosina. “Pasó a ser un alimento de costo reducido”, analizó. “Antes el oficinista se comía un bife con puré y eso hoy sale 100 pesos. Hoy eso puede reemplazarse con dos buenos alfajores”, argumentó, fanático del producto.

Aunque el producto nace en la provincia, se consume en todos lados. Montemurro contó que “en el país se comen 900 millones de alfajores por año, entre todas las marcas, y los artesanales representamos entre el 20 y el 25 por ciento del mercado”. Si, comemos un montón, pero es imposible dejarlos.

Para finalizar, y dejando a un lado la sana competencia con otras empresas, Hipólito sentenció que “en Argentina se hacen buenos alfajores”. Dijo que “por ahí como alfajores de otro país y no me gustan, por imitar te hacen un bizcochuelo pegado, y eso no es alfajor”.

Cinco generaciones de alfajores cordobeses

Los artesanales Elmira Castro son un ícono de la provincia de Córdoba. Instalados en Cura Brochero, la historia comenzó hace 115 años con una receta que llegó desde España con Rita Soria, la creadora de una tradición que permanece intacta. Lo más pintoresco de esta fábrica es que más de un siglo después, los alfajores se siguen produciendo de la misma manera, a mano, sin máquinas.

“Huevo, azúcar, harina y las manos”, resume Rita Soria, la actual titular de la firma y descendiente de los primeros alfajoreros. “Mi abuela en 1900 no tenía pinceles y cortaba la cola del caballo. Con eso pincelaba”, contó sobre los comienzos.

Los alfajores cordobeses no son crocantes, al contrario, pero lo que genera más controversia es su relleno. El dulce de leche no falla, pero ¿qué pasa con los de fruta? “El cordobés prefiere el de frutas”, contestó Rita, que también dijo: “Acá en el pueblo hay gente de Santa Fe o de otros lugares y ellos llevan los de dulce de leche”.

¿Hay pica con la competencia santafesina? Todo lo contrario. La dueña de Elmira Castro contó que “nosotros también comemos alfajores santafesinos” y le tiró una flor a los también históricos Merengo. “Su alfajor se hace sólo con la yema. Nosotros ponemos yema y clara”, aclaró Rita, toda una experta.

Los del kiosko también juegan

¿Por qué no? Si cuando andamos a las corridas por la ciudad nos sacan del apuro. Se comen en la escuela, en el trabajo o con la leche. Si bien son diferentes a los artesanales, también tienen sus bondades. Daniel Belvedere los probó a todos y tiene un lindo hobbie: es catador de alfajores.

En charla con Rosarioplus.com contó cómo nació su particular pasatiempo. “Una noche con amigos nos pusimos a hablar sobre alfajores. Noté que todos tenían uno favorito. Nadie dijo que no le gustan los alfajores y me pareció un tema interesante para escribir un blog”, narró Daniel. Su web despertó la curiosidad de varios, le generó una fama insospechada y ahora le llueven los alfajores.

“Hace rato que no pago por uno. Me los regalan. A veces me mandan antes de que salgan”, dijo el especialista en alfajores “de kiosko”. Aunque también gusta de los artesanales, prefiere otra cosa y dentro de la industria elige los Cachafaz. “Antes parecían una imitación de Havanna, pero hoy tienen identidad propia. Los Milka están buenos. También la línea Águila”, opinó.

No hay caso. A Daniel le gustan esos alfajores que conseguimos en cualquier lugar y sus experiencias con los artesanales no fueron las mejores, aunque, admite, no es un especialista en esa materia. “Los santafesinos no me parecieron gran cosa, no me mataron, y algunos cordobeses probé pero no es lo que más me gusta”, analizó. Cada maestro tiene su librito. O su alfajorcito.

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