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Batacazos, resultados lógicos y emboles: la historia de los partidos inaugurales

Rusia y Arabia Saudita animarán el partido inaugural del 21º mundial de fútbol en la tierra de los zares. El primer partido que abre una Copa del Mundo no suele pasar desapercibido y siempre deja algo que contar. Cuando se apagan las luces de la fiesta inaugural y, finalmente, empieza a rodar la pelota, cualquier cosa puede pasar. 

El de 1930 en Uruguay fue el primer mundial y, por eso, su estreno fue atípico. Porque no fue el país anfitrión el encargado de jugar el partido inaugural. De hecho, no hubo un solo encuentro, si no que se jugaron dos partidos en paralelo: Francia le ganó 4 a 1 a México y Estados Unidos 3 a 0 a Bélgica.

Hasta el Mundial de Brasil de 1950 no hubo un partido que fuese considerado “el” inaugural. Generalmente, el torneo comenzaba con varios partidos de manera consecutiva. Incluso, en Italia 1934 se jugaron ¡ocho! Partidos al unísono. Pero en la Copa del Mundo del país carioca, la del recordado “Maracanazo”, por primera vez el país organizador se encargó de jugar el primer partido. En esa oportunidad, los brasileros vencieron 4 a 0 a México.

Claro que cuatro años después, en Suiza, la organización volvió a amuchar varios partidos en el primer día de competencia. Cuatro fueron los partidos inaugurales de aquella Copa. Aquella vez, los locales no formaron parte de la primera jornada, pero sí los campeones: Uruguay le ganó a Checoslovaquia por 2 a 0.

Uruguay y Checoslovaquia abrieron el mundial del '54

Pero recién en el Mundial de 1974 se instauró la costumbre de que el último campeón sea el encargado de abrir el siguiente mundial. Así, en Alemania fueron los brasileros los encargados de animar el partido inaugural. Fue empate en cero ante la selección de Yugoslavia. Esta modalidad se mantuvo a lo largo de ocho mundiales, en los que también se dio una curiosa racha: todos los campeones empezaron el Mundial siguiente sin perder, salvo las dos veces en que Argentina debió abrir los mundiales.

En España 1982, Argentina jugó por primera vez el partido inaugural de un Mundial, como vigente campeona del mundo. Pero el estreno fue una pesadilla para el equipo de César Luis Menotti, que cayó por 1 a 0 ante Bélgica. En su segunda oportunidad, en Italia 1990, otra vez fue derrota. Y de las sorpresivas: 1 a 0 ante la Camerún del veterano Roger Milla.

En Alemania 2006, otra vez se instauró la modalidad de que sea el local el que inaugure la Copa. En aquella ocasión, los teutones despacharon fácil a Costa Rica por 4 a 2. Cuatro años después, en Sudáfrica, a los Bafana-Bafana no les resultó tan sencillo y apenas empataron 1 a 1 con México.

En el último Mundial, Brasil comenzó su sueño (que derivó en pesadilla) de ser campeón en casa con un dificultoso triunfo ante Croacia por 3 a 1. La diferencia abultada esconde lo que pasó en el verde césped y que terminaría siendo una profecía: tuvo que aparecer Neymar para salvar al Scratch de un papelón.

A las 12 del mediodía, cuando se termine la espera y finalmente la pelota ruede en el verde césped del estadio Luzhnikí de Moscú, Rusia y Arabia Saudita sumarán una nueva página a la historia. ¿Será otro triunfo local? ¿Habrá un batacazo de los Zorros del Desierto? Se terminan las especulaciones, empieza el fútbol.

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