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La desaparición del submarino ARA San Juan se produce a 35 años y pocos meses después de que terminara su misión el más célebre de los submarinos argentinos, el ARA San Luis, que estuvo sumergido durante 39 días, hasta el 19 de mayo de 1982, en la guerra de Malvinas.

Fue la única nave del país bajo las aguas durante el conflicto y, si bien no logró hundir ningún buque inglés (la computadora de tiro no funcionaba, de modo que los cálculos para lanzamientos de torpedos debían hacerse manualmente; los torpedos no detonaban y los disparos delataban la posición de la nave sin provocar daño al enemigo, entre otras fallas), cumplió su misión y sus tripulantes realizaron la proeza de volver a la base naval de la Fuerza de Submarinos en Mar del Plata habiéndose enfrentado entonces a la tercera armada más poderosa del mundo.

Como el San Luis, el San Juan también fue fabricado en Alemania pero diez años más tarde, en 1983.

La Armada argentina tiene como tradición bautizar a sus submarinos con el nombre de una provincia que empiece con “s”. Cuando el San Luis zarpó a la guerra estaban operativos el Santa Fe y el Santiago del Estero.

Toda esa historia puede leerse entre líneas en Trasfondo, la tercera novela, publicada en 2012, de la escritora tandilense Patricia Ratto.

Trasfondo cuenta, de algún modo, la campaña del submarino ARA San Luis durante la guerra de Malvinas. Es una ficción. Pero Ratto entrevistó a algunos de aquellos submarinistas que en abril de 1982 fueron arrojados a la noche y la niebla, a desaparecer en el mar, único modo de que la tarea del submarino resulte efectiva. Una ficción: un discurso que opera allí donde la historia aún no ha podido tejer sus discursos.

A través de la experiencia de esos 39 días de navegación a ciegas, en la que los hombres a bordo dependían del oído del sonarista, de su destreza para distinguir un pesquero de un buque de guerra, la novela se plantea como un episodio de la guerra de Malvinas, y es, en su sinécdoque magistral, la guerra misma, aquellos días entre abril y junio de 1982 en que se navegaba a ciegas, con datos y voces que llegaban del exterior como rumores, como fantasmas.

La escritora entrevistó a 19 de los 36 tripulantes del San Luis. “Las del sonarista –nos dijo en una entrevista– fueron entrevistas clave, porque (eso lo fui entendiendo de a poco), el submarino es una nave ciega, nada se ve bajo el agua, todo lo que ocurre en el exterior debe ser reconstruido a partir de la escucha de un oído atento y entrenado que debe determinar, en segundos, si lo que oye es un submarino o un banco de krill, o tiene que contar las revoluciones de los motores para determinar el tipo de embarcación que la produce, si es una fragata misilística, un carguero, un portaaviones; sobre todo en esa época en que no había tantos adelantos como ahora, menos en Argentina”.

Patricia Ratto publicó en 2008 Nudos, que transcurre en Tandil y tiene como protagonista a Manuel, un ex combatiente de Malvinas que prefiere, como sabemos de muchos de los veteranos, no hablar, callar. Y antes, en 2006, la misma editora publicó su primera novela, Pequeños hombres blancos, que transcurre en un pequeño pueblo de Chubut, durante la última dictadura, en el que el terror de estado es una reverberación, una agitación en el aire, casi un ruido. En estas primeras novelas Ratto ensayó esto que hallamos en Trasfondo: le percepción de un exterior hecho de la vibración del sonido, la imposibilidad de poner en palabras eso que la Historia nos arroja en la cara, la idea de que el mundo nos es informado por fantasmas.

“Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo”, la frase es de Yves Bonnefoy y es el epígrafe de Nudos, podría ser el de Trasfondo.