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La crisis de los procesos de integración regional

Los bloques de integración regional surgidos para afrontar el proceso de globalización, se encuentran ante la necesidad de cambiar o desaparecer.

La Unión Europea (UE), el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) y el Mercado Común del Sur (Mercosur) son tres de los procesos de cooperación e integración regional que nacieron como una necesidad para enfrentar la globalización. Un analista político italiano, Patrizio Bianchi, conceptualizó alguna vez a la UE como una coalición de potenciales perdedores frente a la globalización, unidos por un interés común. Esa definición resultaba aplicable a todos los procesos de integración regional. Pero pareciera que, al menos en la percepción de algunos dirigentes y de buena parte de la ciudadanía de los bloques regionales, eso dejó de ser así.

Actualmente, entre las guerras comerciales y las tendencias proteccionistas de algunos de los principales actores globales, cobró protagonismo la idea de que los bloques de integración regional tal como están planteados, constituyen un obstáculo y no un vehículo para resolver las dificultades planteadas por el capitalismo en su etapa globalizada. De allí que quienes integran dichos bloques, se planteen la necesidad de cambiar para subsistir. 

Unión Europea, Bexit y euroescepticismo

El Brexit supuso la más dura de una serie de bofetadas políticas recibidas por la UE en los últimos años. El rechazo de los franceses a la sanción de una Constitución Europea en 2005 quizá pueda interpretarse como el inicio del camino escabroso que atraviesa el bloque. 
Los británicos fueron los primeros en volcarse a la variante más extrema del euroescepticismo con su votación a favor de desconectarse del proceso de integración. El caso se ha convertido en un modelo de análisis y supone un desafío peligroso, dado que es la primera vez que uno de los miembros de la UE abandona el grupo. 

Hace poco tiempo, la UE y el Reino Unido se asomaron al abismo de un Brexit sin acuerdo y optaron por dar un paso atrás. Ambas partes parecen dispuestas a agotar el margen de maniobra, tanto político como temporal, en busca de un acuerdo ventajoso. Tanto desde el Reino Unido como desde la UE, especulan con ampliar un año más el período transitorio pautado para la desconexión, prevista inicialmente en 21 meses, entre marzo de 2019 y diciembre de 2020. 

Los 27 miembros de la UE le ofrecieron más tiempo al gobierno de Theresa May para que realice una contraoferta que resuelva el punto más conflictivo, relacionado con la frontera de Irlanda. La posibilidad de retornar a una frontera rígida entre el territorio británico de Irlanda del Norte y la República de Irlanda, podría minar el proceso de paz en esa región. Sin embargo, las autoridades de la UE se niegan por ahora a fijar una fecha precisa para rematar el acuerdo del Brexit, como elemento de presión sobre el Reino Unido, medida que mantiene la incógnita sobre el final de la negociación. 

May estaría abierta a considerar la posibilidad de prolongar el período transitorio, pero esa medida resultaría humillante para los euroescépticos de su país, dado que de ese modo el Reino Unido permanecería sometido a la legislación y la jurisprudencia del bloque durante ese lapso, que es precisamente lo que querían evitar. Al mismo tiempo, si se adoptara, la medida supondría una señal tranquilizadora para las empresas europeas y mundiales con presencia en el mercado británico.

Pero nada está definido, y la precaria estabilidad política de May podría jugar una mala pasada para las negociaciones. Es por eso que las autoridades de la UE contemplan un plan de emergencia para garantizar la estabilidad de la economía del continente en caso de que se precipite un Brexit duro, es decir, sin acuerdo. El próximo encuentro entre las partes está previsto para el mes que viene, cuando la primera ministra británica deberá acercar decisiones concretas que abonen el avance hacia un Brexit blando y favorable económicamente a las dos partes. 

En semejante clima, países que antes adherían con convicción a la integración, presentan cada vez más dudas respecto a la conveniencia de pertenecer a la UE. Tal es el caso de Italia, donde recientemente una encuesta reveló que solamente el 44 por ciento de la ciudadanía votaría por permanecer en la UE. El 32 por ciento se muestra indeciso, y se trata de la cifra de indecisos más elevada entre todos los miembros del bloque regional. El malestar de la ciudadanía fue capitalizada hace pocos meses por un gobierno mediante el cual se coaligaron dos partidos antisistema, el Movimeinto Cinco Estrellas y la Liga del Norte.

Protesta contra el Brexit frente a Parlamento de Londres (EFE)

El nuevo Tlcan, o cómo cambiar para subsistir

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta por su sigla en inglés) que involucra a los Estados Unidos, México y Canadá, fue puesto en entredicho por Donald Trump desde que asumió y se sometió a una áspera revisión desde mayo de 2017.

Trump logró su objetivo de priorizar los acuerdos bilaterales rompiendo el esquema de negociación tripartita, y cumplió con su promesa de renegociar radicalmente el Tlcan, al punto que el acuerdo cambió de nombre. Este nuevo tratado comercial se denominará Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (Usmca, por sus siglas en inglés o T-Mec, en español), e involucra más de un billón de dólares en operaciones comerciales entre los tres países. El texto completo del acuerdo fue enviado a los congresos de cada uno de los países, que tienen 60 días para revisarlo, proponer cambios y aprobarlo o no. Una vez que los congresos den su aval, los presidentes de México y Estados Unidos y el primer ministro de Canadá firmarán el pacto.

Uno de los temas centrales que aborda el nuevo acuerdo, es el automotriz. Canadá y México acordaron un cupo de 2,6 millones de vehículos exportados a Estados Unidos en el caso de que Trump imponga aranceles de autos globales de un 25 por ciento por motivos de seguridad nacional.

La cuota permitiría un crecimiento significativo en las exportaciones de automóviles libres de aranceles desde Canadá por encima de los niveles actuales de producción de alrededor de 2 millones de unidades.
Además, se requerirá que para poder ser exportado sin aranceles, el 75 por ciento de un vehículo tiene que ser producido en uno de los tres países (en la actualidad se exige un 62,5 por ciento). Por lo tanto, será más difícil, o al menos más costoso, que los fabricantes de automóviles utilicen piezas de fuera de América del Norte, especialmente de China. 

El gobierno estadounidense se aseguró en el nuevo acuerdo que entre el 40 y el 45 por ciento del auto debe ser fabricado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares por hora. Con esto se busca evitar la deslocalización de fábricas a zonas de menor costo en México.

Cabe señalar además, que el tratado estará sujeto a un mecanismo de revisión periódica. Si bien  tendrá una duración de 16 años, será sometido a revisión cada seis. Esta modalidad no acarreará la amenaza de la expiración automática como había propuesto originalmente el gobierno estadounidense.

El futuro incierto del Mercosur

El 28 de octubre Brasil enfrentará la hora de la verdad en la urnas y elegirá en segunda vuelta a su presidente. Jair Bolsonaro aparece como favorito para ganar la compulsa y consideraría una revisión del bloque comercial sudamericano, que incluye a Argentina, Uruguay y Paraguay.

Luiz Philippe de Orléans e Bragança, heredero del último emperador brasileño y asesor de Bolsonaro sobre política exterior, expresó: vamos a reevaluar el Mercosur para ver si vale la pena. Bragança entiende que en la actualidad, el Mercosur es un obstáculo para el libre comercio.

Para el equipo de Bolsonaro y, a diferencia de la nueva versión del Tlcan, la idea no es defender y proteger a la industria local, sino exponer a las empresas a una mayor competencia. Una propuesta es permitir a los miembros del Mercosur una mayor flexibilidad para negociar acuerdos comerciales fuera de la asociación aduanera de cuatro países. Otra apunta a reducir los aranceles externos comunes del grupo como una forma de presionar a las compañías para que sean más competitivas.

Lo que puede descontarse es que si el exparacaidista gana las elecciones, romperá vínculos con el gobierno de Venezuela, lo que implica que se abrirá en el seno del Mercosur una disputa política e ideológica por la permanencia o no de ese país en el bloque.

El presidente Mauricio Macri, también se inclina por hacer que el Mercosur sea más ágil y abierto. Macri y Bolsonaro hablaron por teléfono el martes pasado, pero la oficina de prensa de Macri evitó hacer comentarios sobre el contenido de la conversación.

Cabe destacar que en los últimos años el Mercosur no ha logrado cerrar ningún acuerdo comercial significativo y ha estado negociando un acuerdo con la UE durante más de una década.

Simpatizantes de Bolsonaro (EFE)

Crisis abierta

Es cierto que una crisis representa simultáneamente una oportunidad. También es cierto que en el marco de la política internacional actual, caracterizado por una superposición de situaciones críticas de diversa índole -política, ideológica, social y cultural- y con alto grado de confrontación, la búsqueda de consensos se torna cada vez más difícil. 

Los regionalismos enfrentan la necesidad de cambiar para subsistir y poder ofrecer un modo de abordar la globalización de una manera más inclusiva. En caso contrario perecerán y, lejos de verse resueltos todos los problemas, esa globalización se tornará cada vez más dura y excluyente.

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