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Daiana Travesani: "No me creo ni una pobrecita ni una guerrera"

La vida de Daiana Travesani dio un giro aquella noche del 27 de octubre de 2016, cuando fue al bar La Chamuyera con intenciones de pasar un buen con rato con amigos. Desde lo alto de un edificio lindero le arrojaron una botella que le abrió la cabeza. En los últimos tres años cambió su forma de verlo todo y se capacitó en áras refereidas a educación y discapacidad, razón por la cual se anima a decir que hoy en Rosario todavía "faltan políticas públicas pensando en la diversidad de los cuerpos" 

“Es muy raro el día en que no me encuentro con alguien que me pregunte que me pasó, o si soy yo, o que me den un abrazo cuando voy caminando por la calle con los auriculares. Lo tomo con mucha tranquilidad y sé que no puedo escapar a esos momentos. entonces respiro hondo y charlo”, cuenta la joven nacida en Gobernador Crespo en diálogo con Fede Fritschi y Coki en Sí 98.9.

“Al principio estuve con pañales y sonda. Recuperar mi independencia me llevó a volver a poner límites para que me dejen de tratar como a una bolita de cristal”, subrayó al tiempo que agregó: “La misma sociedad lleva a que la mayoría de las crianzas sean con una característica normativista y capacitista, dejando por fuera a las corporalidades como la mía y tratandonos como los pobrecitos”. 

Al respecto, Daiana (que acaba de finalizar el cursado de la carrera de Ciencias de la Educación en la UNR), rechazó esta “mirada lastimosa”: “No me creo una pobrecita, ni tampoco una guerrera. Soy una mas de tantas personas que le toca atravesar una situación difícil y cada cual decide qué herramientas utilizar para sortear estos momentos”, indicó.  

Asimismo, contó que se animó a hablar sobre lo que le pasó “a raíz del movimiento feminista” “Pero yo sentía que no tenía los conocimientos necesarios aunque tuviera mi cuerpo como herramienta de aprendizaje, entonces decidí hacer una diplomatura sobre la Discapacidad como categoría social y política en la UBA, que me abrió nuevos caminos”, reflexionó.

Por otro lado, opinó que en Rosario “aún falta implementar muchas políticas públicas pensando en la diversidad de los cuerpos y en una accesibilidad que sea real, tangible, que no quede solamente en papelitos. Hay muchas leyes que quedaron obsoletas por quedar pegadas a como se pensaba la discapacidad en otros momentos”.

Por último, subrayó que “la discapacidad es un problema cuando las condiciones del entorno no están dadas. Es una cuestión social y no individual”. En este sentido, explicó que adoptó la denominación de “diversidad funcional”  porque “un cuerpo es diverso-funcional respecto a la visión, el habla o el caminar”. “Lo que tengo yo no es una discapacidad sino otra funcionalidad”, concluyó.

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