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El Dream Team de la NBA, otro invento soviético

Se cumplen 100 años de la revolución que dio nacimiento a la Unión Soviética. Un régimen político que germinó en el reclamo de la clase trabajadora y que terminó disputando el control del orden mundial a los Estados Unidos. Rosarioplus.com comienza a repasar algunas historias que se producen a partir de un particular quiebre: El deporte dejó de ser una política de Estado que infunde valores, trabajo en equipo y mejora la calidad de vida, para pasar a ser uno de los tantos elementos de propaganda soviética

“¡Fuck off!”, rugió Richard Nixon. Con un fallo arbitral polémico la Unión Soviética acababa de vencer a la última institución norteamericana hegemónica: su equipo de basquet. Todavía formada por universitarios, la selección de los Estados Unidos nunca había perdido un partido en la historia de los Juegos Olímpicos hasta Múnich 1972. Ahí se cruzó con los ‘rojos’. El golpe pegó tan fuerte en el ego americano que al día de hoy siguen rechazando la derrota.

Desde la primera incursión en los Juegos Olímpicos de 1952, la URSS estuvo en el podio de basquet en cada edición. Nunca con el oro, que era patrimonio exclusivo de EEUU. Sus equipos aun no estaban formados por profesionales. Los NBA estaban afuera de la selección. Pero en Múnich la confusión se adueñó de la última jugada y los soviéticos supieron aprovecharse del desconcierto para quedarse con la medalla dorada (fuera del binomio de la ‘Guerra Fría’, solo Argentina y Yugoslavia lograron romper con la hegemonía) y sembraron la semilla de uno de los más grandes equipos de la historia del deporte.

En tres segundos, EEUU pasó de la gloria a la derrota

Septiembre de 1972. Final de basquet. URSS y EEUU. Era plena etapa de 'coexistencia pacífica' entre las potencias, lejos quedó la 'Crisis de los misiles' en Cuba que casi desata la tercer guerra mundial y faltaban unos años para que la URSS comenzase a cavar su propia tumba invadiendo Afganistán.

Impulsado por Sergei Belov, el más grande jugador del gigante europeo, la Unión Soviética forzó un final cerrado frente a un equipo que acostumbraba a sacar diferencias ridículas. A falta de 3 segundos para el final EE.UU. consiguió un par de libres para recorta la mínima diferencia a favor de la URSS. Los dos tiros fueron adentro. 50-49 para los americanos. El banquete estaba servido. Pero una serie de irregularidades colocaron al partido como uno de los más tensos y polémicos de la historia:

Un tiempo muerto mal pedido pero igual concedido

Los tiempos muertos debían pedirse antes que se ejecutase el segundo tiro libre. Sin embargo la URSS jugó la pelota. El banco estalló. Estaban convencidos de haber pedido el 'tiempo muerto' a tiempo. Los jueces no lo habían registrado. Estados Unidos reclamaba que el juego continuase -estaban a 1 segundo de la medalla de oro-. Finalmente los árbitros definieron satisfacer el reclamo soviético.

El reloj corrió y no fue corregido

Mientras se hacían los reclamos anteriores nadie notó que, si bien lo árbitros volvieron atrás la jugada, el reloj quedó con dos segundos menos de los que debería tener. La pelota se jugó igual. La jugada de los rojos no prosperó y EE.UU. estalló de alegría. Los fanáticos invadieron el parqué. Pero los europeos volvieron a reclamar. Faltaban dos segundos en el reloj. Otra vez el árbitro, de origen británico, hizo caso al pedido.

Finalmente, el festejo fue todo soviético

El delirio americano, la perplejidad y el batacazo soviético

De los festejos americanos a volver a jugar esa última jugada. Ya con los 3 segundos reclamados en el reloj. Pase largo. Alexander Belov (ningun parentezco con la leyenda Sergei) gana en las alturas. Sus marcas pasan de largo y queda debajo del aro. Doble para la URSS, tablero es 51-50 a su favor y fin del partido.

Luego del final absoluto, ya sin vuelta atrás, los jugadores de Estados Unidos se retiraron del recinto sin recibir las medallas de plata. Richard Nixon bufaba. El comité americano no quiso aceptar el resultado y recurrieron el resultado: una mesa integrada por cinco dirigentes de la FIBA debía decidir si el partido debía jugarse. Lo que debía ser un fallo deportivo terminó en otro capítulo de la Guerra Fría.

La mesa FIBA estaba integrada por un italiano, un húngaro, un polaco, un puertorriqueño y un cubano. La reunión duró poco. Así como Italia y Puerto Rico tenían conexión directa con la Casa Blanca, el Kremlin influía directamente en los gobiernos de Hungría, Polonia y Cuba. 3-2 para la URSS.

Los jugadores norteamericanos se negaron a recibir la medalla de plata

Aquel día en el estadio estaba Clifford Luyk, un ameircano nacionalizado español en los años sesenta. “Fue el primer despertar de Estados Unidos, el primer toque de atención, la primera señal de que había que los profesionales debían sumarse a los Juegos”, contaba años más tarde la fue una de las grandes figuras del Real Madrid y la selección española.

Todavía hoy, cada año, el Comité Internacional Olímpico envía una carta a cada uno de los jugadores americanos que participó en Múnich 1972. En ella va un formulario para que puedan retirar sus medallas que se encuentran en una caja fuerte en Suiza. Nunca se contesto alguna solicitud. Incluso los americanos han sellado la negativa 'ad eternum': Ken Davis, base de aquel combinado USA, declaró hace unos años “he puesto en mi testamento que mi esposa y mis hijos no puedan nunca recibir la medalla de los Juegos Olímpicos de 1972 una vez que yo me vaya de este mundo”.

Mientras la Guerra Fría existió, Estados Unidos volvió a ganar cada dorada que disputó. Salvo los de Seúl 1988. Aquella vez la URSS se cruzó otra vez en el camino. Esta vez en semifinales. Sin polémica y con juego, sin Belov, pero con un gigante Arvydas Sabonis, el triunfo fue rojo. El orgullo americano no pudo con otra derrota más y la respuesta fue contundente (y grata para los que disfrutamos del deporte): para Barcelona 1992 pudimos disfrutar del equipo deportivo más grande que se haya visto alguna vez. Jordan, Bird y Magic Johnson -entre otros- formaron el ‘Dream Team’ y caminaron hasta el oro.

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