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Hace dos años, cuando se casó en su pueblo (a unos treinta kilómetros de la frontera de Córdoba con Santa Fe), mi amigo Ene debía comprar un vino para la cena de la fiesta. Su criterio, según lo confesó abiertamente, no era comprar algo bueno y barato, sino una marca reconocida que dejara satisfecho al neófito que, si bien podía no saber de vinos, vería en la mesa un producto con su debida publicidad en televisión. Eligió un vino con un nombre propio cuya propaganda repetía el consabido sonsonete del padre exigente y el hijo ya crecido y obediente. Hoy cuesta 77 pesos.

Miguel Brascó, quien además de poeta, escritor y humorista era un excepcional especialista argentino en vinos (a diferencia de los personajes de la publicidad, tenía narizota de bebedor y una papada importante en la que recostar su risa cuando le causaba gracia las pretensiones de algunos vinos), decía que era fácil tomar buenos vinos si se pagaban unos 200 pesos por botella, y que en el país había vinos lo suficientemente buenos como para pagar cuatro veces menos. Entender de vinos, según su criterio, también servía para cuidar el bolsillo.

Con esa idea salí a algunas vinerías a buscar vinos que satisficieran el paladar y no causaran más estragos en los enflaquecidos ingresos.

Pepe, uno de los vendedores de la tradicional vinería de San Lorenzo y Presidente Roca, recuerda que Brascó es el autor de la letra de “Santafesino de veras”, entre otras cosas. También cuenta Pepe que el  criterio de mi amigo Ene es bastante frecuente, aunque no lo recomienda. Me lleva entonces a un rincón del local, una estantería sobre la pared que da a San Lorenzo, y me muestra varias botellas de vino: ninguna supera los 70 pesos. Todos son mejores que ese que tomaron los comensales del casamiento. “Mucho mejores”, dice Pepe.

El secreto es que se trata de bodegas pequeñas, con nula o muy escasa presencia en supermercados y se consiguen en vinerías.

Marca

Muchos de los vinos de marca que se venden y promocionan en las góndolas más transitadas están sobrevaluados, es la conclusión que saco cuando converso con Fernando Iglesia, dueño de una surtida y relativamente nueva vinería en la esquina de Urquiza y Moreno. Además, me dice, las bodegas grandes aumentan más los precios en función del márketing y el posicionamiento en el mercado, lo que no quiere decir en absoluto que sus vinos sean mejores.

Mientras hablamos, un hombre ingresa hablando por teléfono, se dirige a un punto específico de la estantería, a dos pasos de donde estamos, agarra una botella con una etiqueta en la que hay dos vacas dibujadas sobre un fondo amarillo, y con un gesto de confianza paga y se va, sin dejar de hablar por el celular.

Ese hombre ya es cliente, dice Iglesia, y suele llevar siempre “Cuatro vacas gordas” (es el nombre del vino), que cuesta 80 pesos. Un vino de esa calidad y en manos de una bodega que comercializa en supermercados costaría $ 120 o más. La diferencia que ofrece la vinería es el precio y la calidad.

El rubro vinos es el que menos aumentos tuvo en los últimos tiempos: entre un 28 y un 30% el año pasado. Y hace poco incrementó alrededor de un 15%.

Pepe, lo mismo que Iglesia y Juan Carlos, de la vinería de Cafferata y Catamarca, dicen que los clientes no mermaron, pero que tampoco aumentaron su gasto. Si antes llevaban un vino de $ 100 ahora no compran el mismo, que cuesta $ 120, sino que llevan otro, que también sale $ 100.

Para Pepe, los vinos buenos y accesibles son los más sencillos de cada bodega y resultan, para muchos, iniciáticos.

Entré a tres vinerías para saber qué vinos buenos pueden conseguirse en el rango $50 – 70 que no están en supermercados (en las tres escuché lo mismo: los vinos de esta calidad que hay en supermercados cuestan por lo menos un 40 ó 50% más, pero cumplen con el requisito que se impuso mi amigo Ene para la cena de su fiesta de casamiento: son conocidos).

Lista

Esta es la lista que conseguí, aunque las personas a las que consulté en vinerías me advirtieron que los precios son una mera referencia. Nadie sabe qué pasará cuando haya que pagar una nueva partida.

Pepe (San Lorenzo y Presidente Roca) elige el Finca Natalina, a $ 63 pesos; el Quercus, a 53; La Chamiza, a 53; Intuition, a 56; el excelente Tonel 14, a 59; Rimé, a 62; Impaciente, a 52 (Iglesia me dice que los dueños de la bodega que produce el Impaciente en Mendoza son rosarinos), Dorado, a 69 y, saltando la barrera de los 70, un vino joven muy bien elaborado, el Carina E, a 79.

Juan Carlos (Cafferata y Catamarca), ofrece el Auka, a $ 60; el Folclore, a 58; el Martínez Croce roble, a 47; el Bondades, de la bodega Jorge Rubio (que produce el Finca Gabriel), a 63.

Fernando Iglesia, por su parte, propone también el Impaciente, el Sinfonía, el exquisito Qubo, ninguno pasa los 70 pesos.