Tras una larga audiencia con la jueza Silvia Castelli que comenzó en la mañana del martes y finalizó este miércoles pasado el mediodía en el Centro de Justicia Penal, la jueza Silvia Castelli resolvió aceptar la figura de asociación ilícita solicitada por el fiscal Pablo Socca para las 32 personas acusadas de integrar una banda que llenó de violencia al barrio Ludueña. La organización además está imputada por tentativas de homicidio, extorsiones, balaceras y estar vinculada al tráfico de drogas al menudeo, con un abultadísimo movimiento económico. Para alguno de los acusados, la magistrado aceptó el beneficio de la prisión domiciliaria y para el resto determinó prisión preventiva por el plazo de ley.

La banda que actuaba en Ludueña cayó la última semana con los 57 allanamientos que realizaron en forma conjunta la justicia provincial y la federal. Además, se acusó a tres adolescentes que integraban la organización, comandada desde la cárcel por un convicto, Mauro Gerez con el liderazgo territorial afuera de Jonatan Almada, hijo de un policía retirado que también quedó detenido, aunque con una morigeración por problemas de salud.

Al explicar su resolución, la jueza ponderó el trabajo de investigación de Socca. Y dijo: “Se puede hablar de una asociación ilícita, remontándose a la audiencia de febrero de 2022 por una extorsión. Si tomábamos ese hecho como un delito aislado, como se hacía con el viejo sistema procesal penal y se hacía un abreviado, todo terminaba ahí. Si el fiscal no se ponía a relacionar hechos, hacia atrás y adelante, ubicando una zona de acción, no se hubiera llegado a esta investigación. Socca nos trajo el 6 de junio pasado muchos datos y había logrado detenciones, pero siguió trabajando en la búsqueda de más evidencias, para ampliar las imputaciones y el conocimiento de la organización”.  

Entre la abundante evidencia presentada por el funcionario del MPA, hubo alguna que llamó la atención, como el cuaderno hallado en la casa del ex policía Almada, que funcionaba como centro de cómputos de lo recaudado por los búnkeres de Ludueña: en cada hoja se anotaba el detalle de la cantidad de cocaína que retiraba cada integrante del grupo y cuánto pagaba por la sustancia. El movimiento anotado era de medio kilo de droga por día en promedio, con un millón de pesos que dejaban al mayorista, para luego revender al menudeo. 

La guerra Cantero - Alvarado y las cárceles como oficina

Al explicar su resolución, la jueza enmarcó el sangriento presente de barrio Ludueña en la guerra narco: “En el barrio también está Francisco Riquelme. Él y Gerez responden a jefes superiores del hampa en Rosario, como son Cantero y Alvarado. Y la pelea es por quién copa el territorio", dijo la jueza al fundamentar. Y explicó que la libreta encontrada en la casa de Almada resulta emblemática para entender que la lógica de la organización allanada e imputada se ordena a partir de la venta de drogas, hechos que también deben ser juzgados en sí mismos pero por la justicia federal.

Castelli también marcó su preocupación por el funcionamiento del Servicio Penitenciario. "La fiscalía tiene una parte de la resolución del problema, pero no todo, para superar la violencia". Parte de los imputados en esta audiencia, cabe recordar, actuaron desde dentro de la cárcel. En este punto la jueza se refirió a la facilidad para comprar chips de teléfonos y pasarlos a la prisión, en donde se consolidan "pymes" para llevar adelante delitos.

Increíblemente, a pesar de la facilidad que existe para los presos para comunicarse con el exterior y dar órdenes, desde teléfonos que van cambiando rápidamente de número, este miércoles los acusados no pudieron ver el momento final de la audiencia por Zoom, porque en la cárcel de Piñero se había caído el sistema para la transmisión online.

Socca presentó una enorme cantidad de información sobre cómo la banda extorsionaba y operaba en Ludueña, atacando a balazos varios comercios del propio barrio, del que los imputados eran vecinos. Hubo 110 hojas de escuchas que se dieron a conocer como evidencia: entre ellas, dos que resultaron curiosas. Tanto Gerez como Almada, que había zafado de la tanda de 57 allanamientos y estuvo prófugo durante casi dos días, cayeron por pedir comida por teléfono: el primero una pizza y en el caso del hijo del policía retirado, una hamburguesa en un local de Zeballos y Entre Ríos, en pleno centro y a media cuadra de donde había permanecido escondido por varias horas.  

El barrio Ludueña es -junto a Empalme Graneros y Tablada- uno de los más calientes de la ciudad en materia de violencia. En los primeros ocho meses del año hubo 23 homicidios, con varios casos resonantes como la muerte de Esteban "Chuchu" Cuenca, a quien dos sicarios mataron por error cuando perseguían a un vendedor de drogas que había instalado un búnker móvil en la plaza a pocos metros de la casa del joven asesinado a comienzos de agosto.

En mayo, otra enorme cantidad de allanamientos había dado con Gerez  y otros integrantes de la banda. Pero la investigación de Socca continuó, hasta que el lunes pasado, en coordinación con el fiscal federal Arzubi Calvo y distintos cuerpos de élite de las fuerzas de seguridad, se hicieron casi 60 allanamientos.

La historia del clan Almada

La jueza hizo una valoración especial del rol de los Almada, al que definió como "un clan familiar". En la audiencia se imputó a Nicole, Brisa y Jonatan, todos hijos de Jorge Almada, el policía retirado que tenía en su domicilio el cuaderno que ilustra esta nota. Las mujeres tenían hijos menores a su cargo, motivo por el cual pidieron el beneficio de la detención domiciliaria, pedido que Castelli aceptó. Lo mismo pasó con el padre, de 73 años, que quedará en su casa. El fiscal Socca estuvo de acuerdo con la medida, aunque solicitó que hasta que tengan las tobilleras el control sea hecho por personal de Control Internos de la policía, en lugar de dejar esa responsabilidad a la Comisaría 12. Hace muy poco, vecinos de Ludueña denunciaron que en la misma manzana de dicha dependencia funcionan varios búnkeres.

Otra de las imputadas fue Nadia Romina Ledesma, ex pareja de Jonatan. Se encargaba de guardar armas de la banda. "Pistolas calibre 40, ametralladoras, cargadores y cajas de municiones", detalló el fiscal en la acusación. Además guardaba cuadernos con anotaciones sobre la venta de droga y dinero de la recaudación. Vivía en su casa con su hija Layla, de 15 años, que también era parte de las actividades delictivas. 

Socca demostró también que Brenda Almada es pareja de Omar Ramírez, todavía prófugo. Sobre este último, el fiscal dio a conocer una escucha que marca el desembarco de la banda en Ludueña, o el plan para conquistar el territorio. Dice, en junio del año pasado: "Sí, perro, estamos laburando viste. Ya está mi cuñado (N. de la R: en referencia a Jonatan Almada) y empezó a aparecer otra gente acá en el barrio. Y yo para no dejarlo desamparado a mi cuñado, porque viste como es. Hay otra gente que no se maneja de la misma manera que nosotros. Nosotros laburábamos más liberal antes, ahora no. Estamos con otra gente, laburamos bien porque está toda la cabida. Pero si él me había comentado la otra vez y yo le dije: No le puedo pasar mercadería a alguien que no conozco...Acá andan todos laburando para el mismo. Está Mauro, están todos acá. Todo Ludueña está laburando para el mismo y nosotros queremos agarrar todo Ludueña, ¿entendés?".

Esta frase de Ramírez cobra dolorosa actualidad con lo que pasó después en el barrio Ludueña: en los primeros ocho meses de 2022, hubo 23 homicidios y una enorme cantidad de balaceras en el barrio.