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Ángelo Rossini, el abogado representante de la familia Gianángelo, única querellante en el juicio por la tragedia de Salta 2141, aseveró que si los gerentes técnicos de Litoral Gas Viviana Leegstra y Claudio Tonucci hubiesen instruido a los tres reclamistas que intervinieron, o si la empresa hubiera tenido un plan de emergencia para casos de fuga tan graves, “hubiesen muerto muchos menos vecinos, entre ellos Débora Gianángelo, ya que murieron por inhalación de monóxido de gas y no por heridas”.

En su argumento, el plan de emergencias y la capacitación a los reclamistas hubiera evitado que transcurrieran dos horas y 40 minutos antes que se pudiera cortar el gas que continuaba saliendo, “lo que mantenía viva la llama del fuego en el ingreso, impidiendo a los rescatistas ingresar pronto para rescatar vidas”.

Puntualmente sobre la hija de Sonia y Horacio y hermana de Adrián Gianángelo, aseguró que “ella no murió al instante, lo que hizo más tortuoso su final, como el de otras de las 22 víctimas que inhalaron el humo”. De esta manera aseguró que “si entraban antes los equipos de rescate, Débora hubiese sobrevivido”, especuló Rossini.

En este sentido coincidió con el alegato de la fiscal Graciela Argüelles en que “la función de Leegstra y Tonucci era controlar e instruir a sus reclamistas”, y se aventuró en comparar la negligencia con “los funcionarios en el caso del incendio del boliche Cromañón”.

Recordó los numerosos mensajes de los miembros del edificio “cuando reclamaban a la administración Calvillo porque tenían poca presión de gas, y ésta les respondía que no llamaran a Litoral Gas porque la empresa vendría a cortarles el suministro.

Sobre el final de su alegato, Rossini concluyó: “La negligencia manchó la historia de Rosario. No voy a describir el dolor de víctimas ni familiares, eso lo dejaremos a los testigos”.