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Las concejalas Caren Tepp, Fernanda Gigliani, María Eugenia Schmuck y Verónica Irízar además de ser políticas activas en la sociedad son madres, tías, hermanas, hijas que “sobre tacos” se ponen al hombro una variedad de luchas en torno a la igualdad de género y que lo trabajan cada día en el Concejo, un mundo con mayoría de hombres, al que intentan llevar la voz de muchas otras mujeres y sus problemáticas.

Las cuatro edilas tuvieron muy diferentes experiencias y recorridos como mujeres en sus partidos y movimientos donde militaron, aunque coincidieron al analizar que en el Concejo, ámbito donde hoy les toca trabajar, todas sintieron antes o después algún desplante por cuestión de género.

Si bien fueron críticas con las mentalidades "de hombres y mujeres", las cuatro coincidieron en que “no hay mucha más legislación por hacer en el Concejo sobre perspectivas de género, ya que a veces los recursos son limitados”, y apuntaron sus críticas hacia las deudas que mantienen sobre estos temas los poderes ejecutivos y judicial.

Pero también recorrieron, en una sala llena, una variedad de tópicos como sus opiniones respecto del gobierno nacional en este tema, y también las falencias de la justicia a la hora de empoderar a las mujeres más vulnerables, víctimas de la violencia más primaria, marco en el que coincidieron en el trabajo clave de las ONG que hoy abordan el terreno.

“Menos Susanitas, más Mafaldas”, resumió Verónica Irízar, al contar que, en su experiencia dentro del Partido Socialista, nunca vivió problemas por su condición femenina, ya que “desde sus inicios hace 120 años, el Socialismo contó con mujeres activas como Alicia Moreau de Justo, y muchas otras que nos empoderaron con tantas leyes”. La concejala dejó en claro que su estilo es muy poco ama de casa: "Apenas me casé, mi marido entendió que no podía hacer un plato de ñoquis”, graficó.

Irízar aseguró: “Jamás sentí una traba por ser mujer, ni en la militancia estudiantil ni en el PS, porque la mujer participó históricamente en la vida política, y ya he tenido cargos como ser la primera secretaria de Hacienda mujer”. Además, recordó que dentro del partido hay áreas dedicadas a los temas del aborto, la sexualidad, o la trata de personas. Afortunada ella, ya que no es la misma historia que cuentan la concejala Schmuck o Gigliani.

María Eugenia Schmuck fue cruda al resumir su historia militante: “El radicalismo es un partido completamente machista, y si bien durante mi primera militancia en la Franja Morada (en pleno regreso a la democracia) nunca tuve problemas de género, no fue lo mismo dentro del partido”, donde se mandaba a los más nuevos al trabajo territorial a modo de castigo por derecho de piso. "Volví el territorio mi forma de vivir, en un ámbito donde siempre estaban solo las mujeres”, remarcó.

Hasta se animó a ironizar sobre el tiempo que le queda en dicho movimiento, a partir de la alianza nacional con Cambiemos por la que aseguró ya no participar “de ninguna reunión”. Contundente, aseguró que la UCR no le habría dado la candidatura si no hubiese existido el cupo femenino: “Recogí muchos frutos de cinco generaciones de mujeres radicales, y aunque el cupo femenino me parecía discriminador, hoy lo veo como una discriminación positiva, porque sin esa ley no estaría acá”.

Luego, lanzó una bomba al hablar de cierta doble moral en funcionarios de su propio partido: “Cuando llevé a los diputados radicales el proyecto para que la ordenanza contra las whiskerías fuera ley provincial me dieron la espalda, porque muchos son clientes, y algunos hasta son dueños de esos tugurios arcaicos mientras se hacen los progres”.

Finalmente, reconoció que “muchos concejales le escapan a cualquier tema de género, nunca vieron a una víctima, pero no van a cambiar su forma de pensar”.

María Fernanda Gigliani tiene sus orígenes en el Partido del Progreso Social, de origen socialista, junto a Héctor Cavallero, pero después armó su propio espacio: Iniciativa Popular. Ella asegura que en ninguna de estas etapas sintió impedimento por ser mujer: “Tuve el rol de organizar la juventud del PPS, después fui secretaria del partido, y siempre fui alentada por todos”.

Pero la historia para Gigliani dio un giro rotundo cuando dejó el partido de Cavallero junto a Oscar Urruty y otros militantes: “No lo descalificaban a él ni a los demás, sino a mí por causas inexplicables que aducían que era por ser mujer”. Y el punto más álgido llegó el día del armado de bloques luego de su asunción en el Concejo: “Fueron cientos de jóvenes del PPS y me descalificaron como mujer por haber abandonado el partido, y lo doloroso es que nadie en el Concejo me defendió”.

Después vinieron tres meses duros, en los que aseguró haber sentido con rigor el famoso concepto “derecho de piso”, comentario que recibió el aval de las demás concejalas presentes: “En el Concejo hay mucha hipocresía, porque se avanzó mucho en la legislación, tanto más que la mayoría, pero en los cerebros tanto de concejales hombres como mujeres no cambió nada”. Es que según aduce, ahora que la violencia de género es tema público tras el Ni Una Menos, hay una doble moral de muchos que más allá de lo que piensan no hablan públicamente contra algunas políticas de género para no quedar en lun lugar “políticamente incorrecto”.

La concejala Caren Tepp, por su parte, contó que tuvo una vivencia muy diferente, a partir de su militancia en Giros y en el movimiento que luego devino en el partido Ciudad Futura, algo que analizó se debe a una cuestión “generacional, del partido y de su gente, por ser la gran mayoría militantes jóvenes”.

Giros realizó un fuerte trabajo territorial y social post 2001: “Hay una igualdad natural, porque las mujeres tienen más responsabilidades desde el principio, más que en otros partidos, y se trabaja en forma transversal, sin áreas específicas de cada minoría”.

Tepp aseguró también que siempre se sintió “incluida en la toma de decisiones, lo que es muy importante para las mujeres”, mientras que recién sintió el machismo en dos situaciones que vivió apenas asumió en el Concejo Municipal. Ambas fueron críticas, por parte de dos periodistas, sobre su condición de pareja del concejal que también asumía entonces: Juan Monteverde.

“El siglo XXI trajo a muchas mujeres al trabajo barrial –analizó su experiencia la concejala más joven–, lo que antes era impensado, y ellas se adaptaron más a los ámbitos de participación horizontal, y a su vez en su participación mejoraron sus propios objetivos de vida, que antes era para mejorar sus hogares o sus barrios”.

La deuda kirchnerista y el futuro espinado

Schmuck aseguró que “en el Concejo no hay mucha legislación más por hacer porque ya está todo hecho, pero sí falta hacer en términos sociales, otorgando presupuestos, que en 12 años el kirchnerismo nunca dio tanto a los programas de violencia como trata, y el Congreso nunca trató el aborto por la bajada de línea de la presidenta”.

Sobre este último tema, delicado si lo es, la concejala Gigliani reconoció que “fue una deuda pendiente del Frente para la Victoria”, aunque en otro orden de cosas recordó que “si hay una mujer que fue atacada por su condición femenina fue la ex presidenta Cristina Kirchner”.

A la edila de Iniciativa Popular le preocupan “los amigos de Macri, que nada tienen que ver con el género y sus medidas ya se están viendo sus efectos con despidos en las clases populares, donde las mujeres ya son las más vulnerables”.

Tanto el Estado nacional como el local adeudan según la concejala radical presupuestos para mejores dispositivos, porque “los que hay como el Teléfono Verde y el Área de la Mujer ya no alcanzan, porque concretamente lo que necesitan las mujeres que padecen estos hechos es que el Estado les garantice vivienda y trabajo, y el Concejo eso no lo puede dar”.

Irízar acompañó el postulado, y aclaró: "Lo que pedimos al Estado es paridad identificando las diferencias que tenemos hombres y mujeres: nosotras somos más apasionadas, y ese empuje nos lleva a resultados, y sin embargo el Estado Nacional nunca dio a las provincias el presupuesto asignado”.

Tepp recordó que desde el Estado “hay casos urgentes que no pueden esperar”, pero también el trabajo con perspectivas de género hay que aplicarlo en cada ordenanza, sea de movilidad, urbanismo, espacios públicos, para que se pierda la disparidad en la gestión y luego en la sociedad, de la misma forma que planteó que no existe en su partido.

Según la concejala de Ciudad Futura, la clave está en que “los hombres participen también en estas políticas cotidianas, porque no se puede quedar cualquier tema de género en un ámbito femenino de catarsis”.

Tepp aseguró que será “difícil avanzar con las leyes ya conseguidas, que no van a ir para atrás, pero tampoco se sabe si avanzarán, con las políticas económicas que están gestionando”.

Sobre esta nueva etapa y bajo un nuevo gobierno nacional, tanto Irízar como Schmuck destacaron que continúa trabajando el mismo equipo del Concejo Nacional de Mujeres, bajo el mando de Fabiana Antunez.

Finalmente, coincidieron en el rol fundamental de los funcionarios judiciales y en que es una deuda pendiente el hecho de que “carecen de formación en perspectivas de género, ya que no tienen ni el lenguaje, y eso es el principal problema”, según Schmuck, quien acompañó a víctimas como Jésica Balmaceda y presenció las interrogaciones a las que fue sometida por fiscales.