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Para el afuera, para lo que se intenta vender, la liturgia de Cambiemos tiene ya rasgos característicos cuando se trata de un acto abierto al público. Un escenario no muy alto en medio de las sillas del público, discursos con palabras claves que repiten casi todos los oradores, globos, música y mucho baile. 

En Provincial, tampoco faltaron las pulseras de papel en las muñecas, cintas que marcan las zonas habilitadas y prohibidas, tal como ocurre en discotecas o boliches. Los que tenían rojas se ubicaron abajo, cerca del cuadrado negro al que se subió Macri para dar su discurso. Con las azules, en cambio, solo se podía acceder a las tribunas superiores. Allí se sentaron los militantes que llegaron de los barrios y de las localidades vecinas, como San Lorenzo, Villa Gobernador Gálvez o Granadero Baigorria. 

El público tuvo que entrar temprano, una hora y media antes del arribo del presidente, que bajó en helicóptero en una cancha de rugby del club. Las puertas se cerraron con no más de cinco mil personas en el interior del estadio cubierto. La espera se matizó con trompetas, cánticos de cancha y algo de música que hizo mover los cuerpos de algunos candidatos.

Afuera, la seguridad no dejó detalle librado al azar.  Se acordonó la zona y se restringió el acceso de los vehículos en casi todo el perímetro. Para entrar, la gente tuvo que pasar por unas mesas, mostrar su DNI e ingresar sus datos en una base de datos para recibir una pulsera. Luego, sortear un riguroso cacheo en las puertas de acceso. Paraguas, encendedores y perfumes, entre otros objetos, quedaron amontonados en sillas. "Al salir los recupera", repetían los policías.

El acto de Cambiemos tuvo también aspectos de una liturgia ajena, en teoría, a lo que parte de sus seguidores y votantes llaman "la nueva política". Muchos grupos de militantes llegaron a Provincial en colectivos y combis que se estacionaron en fila por Oroño. Los contingentes, muchos de ellos con remeras blancas con la leyenda "Cambiemos", ingresaron y se retiraron juntos, sin despegarse uno de otros.   

"Cual es el nuestro, este de acá, ¿Se habrán ido?", preguntó una señora con preocupación al no encontrar el colectivo que la había traído. "Es ese de ahí", le respondió otra mujer que camina a su lado. El motor se encendió con todo el grupo ya a bordo.