El 30 de octubre de 1983 los argentinos volvieron a votar. Esa mañana Raúl Alfonsín fue a votar en Chascomús, luego de almorzar se tiró una siesta y a la tarde fue a Buenos Aires a escuchar los resultados que lo depositarían en la presidencia de la Nación tras años oscuros de la dictadura militar. Conocido los resultados, se refugió solo en una habitación, donde se recostó algunos minutos para pensar el discurso que pronunciaría al pueblo y prometerles "100 años de democracia".

Así comienza el libro "Ahora Alfonsín. Historia íntima de la campaña electoral que cambió la Argentina para siempre" (Editorial Margen izquierdo), escrito por Matías Méndez y Rodrigo Estévez Andrade, que reconstruyó un recorrido colmado de actos multitudinarios, viajes, estrategias publicitarias y discursos de un dirigente que había perdido su primera elección a los 18 años y que a los 56 fue erigido, según los autores, como un "héroe civil" por gran parte de una sociedad dispuesta a defender la democracia "sin condicionantes".

Los autores concedieron una entrevista a Télam en la cual abordaron los conceptos básicos del libro. 

- ¿Cómo les surgió la idea de reconstruir la campaña electoral que culmina con el triunfo de Alfonsín hace 40 años?

Rodrigo Estévez Andrade:  Pensamos que había que destacar la epopeya de una sociedad que también se la jugó. ¿Por qué se consolida esta democracia? Entre otras cosas porque hubo dos millones de personas en el acto de cierre del candidato a presidente del justicialismo, Ítalo Luder, y porque hubo más de un millón en el de Alfonsín. Eso se construyó con la gente y fue minimizado u ocultado en los últimos 40 años.

- En el libro destacan desde algunos hechos anecdóticos, como que tanto Alfonsín como Luder utilizaron el mismo escenario para sus actos multitudinarios en la Avenida 9 de Julio, hasta los aspectos medulares del discurso del candidato radical, en los que no se muestra como un dirigente antiperonista.

Ahora Alfonsín, el libro de la campaña que recuperó la democracia

Rodrigo Estévez Andrade: Alfonsín dio vuelta en las elecciones el 25% de los votos históricos que tenía la UCR y lo transformó en un 52%. Lo hizo porque tuvo condiciones de liderazgo propias, sin dudas, y porque la sociedad tomó la decisión de ir hacia una democracia sin condicionantes. Pero también porque no era antiperonista y eso le permitió construir una mayoría.

T: En el libro hacen referencia a que durante la campaña Alfonsín se constituyó en un héroe civil. ¿En qué sentido lo plantean?

REA: La civilidad se toma de un héroe y son las guerras las que suelen darnos a los héroes. Nuestros padres de la patria están corporizados por hechos de la guerra, no de la civilidad. En el libro también hablamos de Alfonsín como un santo patrono laico porque hubo algo de misticismo en la campaña. Sus cierres de discursos pronunciando el Preámbulo de la Constitución tenía misticismo. La gente lo recitaba, lo predicaba a la par suyo. La idea del héroe civil está atada, entonces, a la epopeya de la sociedad.

Raul Alfonsin - Preambulo - 1983

T: ¿Cómo construía Alfonsín sus discursos?

MM: La construcción de sus discursos es de factura propia. Tenían que ver con su formación intelectual, sus lecturas y discusiones con dirigentes a los que respetaba mucho: Roque Carranza, Germán López, Raúl Borrás y Bernardo Grinspun. También son el resultado de muchos años de discusión política en un partido que había tenido otro gran orador como Ricardo Balbín, de quien Alfonsín era su delfín político. Juan Domingo Perón tenía un gran respeto por la oratoria de Balbín. Un país entero lloró cuando él habló frente al cajón de Perón en 1974. Nosotros estamos convencidos de que Alfonsín, sin embargo, fue el mejor orador de los últimos 40 años, sin ninguna duda.

REA: Eran discursos medulares, que duraban una hora o más. La gente los escuchaba subyugada, con mucho compromiso. A ellos iban con mucho miedo porque se encontraban a ciegas en una esquina, sin teléfonos celulares. Esa epopeya y esto de heroicidad civil va haciendo que la gente le gane al miedo. El temor que narran todos que se vive en la Federación de Box, donde no sabían si salían presos o vivos, ya no existe en el acto del Obelisco. Y lo mismo te cuentan en el peronismo.