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Caso Morgans: un año de impunidad

En pocos días se cumple el primer aniversario del asesinato de uno de los jefes de la policía rosarina, en el negocio de su hijo. Para el fiscal fue el desenlace de un asalto, pero en derredor se murmuran dudas

En pocos días se va a cumplir un año del asesinato de Guillermo Morgans, el jefe de Agrupación de Unidades Especiales de la Unidad Regional II que fue rematado en el piso durante el asalto al kiosco y local de Pago Fácil de su hijo, en calle Rodríguez 219, en la tarde del 10 de junio de 2014. Aquél día, según la principal hipótesis, el hombre intentó resistir el robo y se tiroteó desde muy corta distancia con los supuestos ladrones; quienes, luego de matar al comisario inspector, se dieron a la fuga con una importante suma de dinero en su poder. Este es uno de los casos emblemáticos de los últimos tiempos. Pero, ante la falta de novedades en la investigación, brotan todo tipo de teorías conspirativas. El hecho quedó registrado en diferentes cámaras de seguridad de la zona y la Fiscalía asegura tener imágenes claras de los verdugos de Morgans; pero los asesinos parecieran haber desaparecido de la faz de la tierra.

Guillermo  Morgans fue el más mediático de los uniformados de su generación; siempre de saco y corbata, sonriente, carismático, locuaz, atento a todo lo que pasaba a su alrededor. Tenía un manejo de las relaciones públicas que se resaltaba mucho por sobre el resto de sus colegas; conocía a todos los periodistas, los trataba por su sobrenombre  y se encargaba de tener siempre algo para informar. Era la cara visible de la URII; entendía muy bien su función y la realizaba en forma impecable. Según sus propias palabras, tenía más enemigos que amigos. Muchos de los policías que fueron contemporáneos a él, en off, admiten que Guillermo nunca fue querido por los miembros de la fuerza. Al momento de su asesinato, era uno de los hombres fuertes del Ministerio de Seguridad de la provincia.

El auto en el que Medina iba con su novia cuando ambos fueron emboscados.
 

 

Su nombre acabó de hacerse conocido en la ciudad por un asunto delicado y en el momento más caliente: unas horas después de que el empresario narco Luis Medina fuera asesinado el 29 de diciembre de 2013, en el Acceso Sur, junto con su novia, Justina Fuster, a Morgans le encomendaron una polémica misión cuyo juzgamiento se definió en estos días por el nuevo sistema penal: la tarea de tomar a su cargo la notebook personal de Medina y llevársela a Santa Fe al por entonces secretario de Tecnologías de Gestión, Javier Echaniz, con el propósito de desbloquearla para “colaborar con la investigación”. Sin embargo, ese trámite hizo hervir la causa en un mar de suspicacias y sospechas acerca de lo que pareció toda una intromisión del Ejecutivo provincial en la incipiente pesquisa del homicidio más resonante de ese verano. Morgans estuvo en el ojo de esa tormenta y, se sabe, de los asuntos donde merodean intereses de narcotráfico, de mafia policial y de política, es difícil salir indemne.

Policías frente al negocio donde ocurrió el asesinato del inspector Guillermo Morgans. (Angel Donzelli)
 

 

A Morgans lo mataron el martes 10 de junio de 2014, en el kiosco de su hijo Franco, que está ubicado en Rodriguez al 200, casi esquina Salta.  De acuerdo con la reconstrucción del hecho, llegó al comercio a eso de las 3 de la tarde en su camioneta Toyota Hilux color negra, estacionó en la vereda de enfrente y cruzó la calle para tomar unos mates en el negocio, como hacía casi todos los días. Pero, luego de unos minutos, mientras los Morgans conversaban, aparecieron dos muchachos, de unos 25 años, empuñando un par de armas de fuego.

Los recién llegados amenazaron a Franco y a su padre, y les exigieron que les entreguen la plata de la caja registradora. En el lugar funcionaba un Pago Fácil, y solía haber un importante volumen de dinero.

Las víctimas, sorprendidas, no tuvieron más remedio que obedecer a las demandas.

Mientras cargaban la plata en un bolso, los ladrones le ataron las manos a Franco con un alambre, a la altura de la espalda. Guillermo, mientras, se mostraba desafiante y en un momento determinado le dijo algo a uno de los asaltantes, quien reaccionó, le dio un culatazo en la cabeza al policía y se lo llevó a un cuarto trasero del local.

Hasta este punto de la historia es que los investigadores tienen datos certeros. No se sabe bien lo que pasó en el fondo del kiosco del barrio de Pichincha, pero sí el desenlace: Guillermo Morgans sacó su arma reglamentaria y comenzó a tirotearse con los recién llegados, según declaraciones de Franco, desde una distancia menor a los dos metros.

Como resultado de la balacera, el comisario recibió tres tiros: uno en el omóplato, otro en el hombro y el tercero en la cabeza. A su vez, la autopsia determinó que tenía una quemadura en una de sus manos. “Creemos que Guillermo le agarró el arma a uno de sus agresores y desató la balacera;”, señaló un investigador, quien agregó que el tiro que recibió Morgans en el cráneo fue a modo de remate.

De acuerdo con el arqueo realizado en el kiosco de Franco, los ladrones se llevaron 90 mil pesos en efectivo.

El esclarecimiento del hecho quedó a cargo del fiscal de Homicidios Dolosos Florentino Malaponte, quien rápidamente solicitó a los uniformados que tiene a su cargo que recolecten las imágenes captadas por todas las cámaras de seguridad de la zona, a la espera de dar con los asesinos.

En base a estas pruebas, Malaponte pudo determinar que los asaltantes llegaron al lugar a pie y se escaparon de la misma forma. Que contaban con dos mudas de ropa y descartaron una a pocos metros del kiosco, algo que comúnmente se realiza en este tipo de ilícitos. Luego, desaparecieron de la escena del crimen.

“Desde el primer momento se dudó de la teoría del robo. Pero los asesinos no estaban siguiendo a Morgans; llegaron a pie, desde otro lado, rato después de que Guillermo ingrese al comercio. Se llevaron una importante suma de dinero y portaban revólveres, armas viejas que se suelen trabar y, por lo general, son utilizadas para amedrentar, no para asesinar a alguien”, explicó a Rosario Plus Florentino Malaponte.

Una semana después del homicidio, los investigadores ya contaban con imágenes claras de los verdugos del jefe de AUE; sin embargo, a casi un año de ocurrido, los uniformados que deben buscarlos, no los encuentran.

Un allegado al caso aseguró que el registro filmográfico del par de ladrones es tan preciso que cualquier persona, viéndolo un par de veces, podría reconocer a los hombres que mataron a Morgans caminando por la calle.

Sin embargo, el caso está estancado.

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