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Si bien el 31 de enero pasado el gobierno del Reino Unido suscribió la salida oficial de la Unión Europea (UE), el proceso de transición que se inició en ese entonces no tiene todavía un final concreto. De hecho, el próximo 30 de junio se cumplirá la fecha límite en la que el gobierno británico puede pedir una extensión del periodo de transición para definir un acuerdo comercial con el bloque comunitario. Porque a pesar de que el Brexit es nominalmente un hecho, ambas partes se encuentran aún en un período de transición en el que buscan lo mismo: maximizar los beneficios y minimizar los perjuicios de la separación.

Desde su irrupción, la pandemia del coronavirus Covid-19 monopolizó la agenda política global. Con la crisis sanitaria derramada sobre todo el planeta y la cuarentena impuesta en la mayoría de los países, prever lo que podría suceder entre la actualidad y el 30 de junio, resulta una tarea digna de astrólogos. 

Sin embargo, el Brexit sigue su curso y si, para finales de año, el Reino Unido sale a efectos prácticos del bloque sin otro acuerdo que los términos establecidos por la Organización Mundial de Comercio (OMC) y eso coincide con la gran recesión global que los expertos vaticinan, la situación será harto difícil tanto para los británicos como para la UE. Una vez más, las alternativas son entre un Brexit duro -es decir sin acuerdo- y un Brexit blando o acordado.

Boris juega con el tiempo

Las autoridades europeas afincadas en Bruselas perciben que el gobierno del primer ministro británico, Boris Johnson, deja correr el tiempo deliberadamente para forzar al bloque comunitario a ceder ante sus demandas para evitar el caos hacia fin de año. Desde la UE advierten la intencionalidad de Johnson de culpar al Covid-19 por todas las consecuencias del Brexit para no tener que pagar los platos rotos por forzar la situación al punto de terminar en una salida sin acuerdo.

Pese a la inacción del gobierno británico, la Comisión Europea analiza un sistema para implementar el control de bienes que circulen desde Gran Bretaña a la isla de Irlanda. Por ahora sólo existe un primer borrador con el objetivo de evitar el contrabando. Debe recordarse que la cuestión de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda fue el principal escollo de las negociaciones de la separación. El acuerdo de retirada ofrece una solución a corto plazo. Por el momento, la provincia británica formará parte de la Unión Aduanera del Reino Unido, pero deberá cumplir con las reglas del Mercado Único Europeo. Pero se dejaron para la próxima fase de negociaciones varios aspectos sin acordar, entre ellos, los mecanismos para imponer aranceles a productos que van a ser exportados hacia la UE.

En el Reino Unido las versiones acerca de si el gobierno está dilatando deliberadamente los tiempos se contradicen. Algunos políticos británicos piensan que el objetivo encubierto de Johnson es alcanzar a fin de año un acuerdo similar al que la UE tiene con Canadá y, si no lo consiguiera, avanzaría hacia un Brexit duro para regirse únicamente por las normas de la OMC. Otros sectores más afines al gobierno, afirman que en realidad siempre se mantendrá en pié un proceso negociador.

Lo que es un hecho, es que el Producto Bruto Interno (PBI) británico cayó un 2 por ciento entre enero y marzo, la mayor contracción desde 2008.

Incógnitas

Con o sin negociaciones, existen incógnitas y preguntas lógicamente atendibles. Por ejemplo ¿qué ocurrirá a partir del 1° de enero de 2021 con la libre circulación de personas? El gobierno de Johnson quiere imponer ahora un modelo estricto de puntos similar al de Australia. Sin embargo, llama la atención la decisión tomada por la ministra de Interior, Priti Patel, al retirar de la agenda parlamentaria la nueva Ley de Inmigración que se estaba tramitando en la Cámara de los Comunes. El hecho se produjo en abril, en plena crisis sanitaria y precisamente por ese motivo pasó desapercibido.

Otra incógnita está dada por el rol de la oposición al gobierno. Durante la pandemia se produjo un cambio significativo peo que también vio disminuido su impacto debido a la omnipresencia de la pandemia. Se trata del nombramiento del nuevo líder laborista, Keir Starmer, un exfiscal, farviente europeísta que por ahora no demanda al gobierno una extensión de plazos para negociar el Brexit. En realidad, pareciera que deja al gobierno hacer su propio juego para cobrar las ganancias si Johnson se equivoca. Cabe destacar que Starmer tiene un punto más de popularidad en las encuestas que el primer ministro. La jugada es inteligente, porque aumenta la presión sobre el gobierno y su capacidad o no de negociar un acuerdo ventajoso, y simultáneamente deja sin argumentos al primer ministro para retratar a los laboristas -como lo hizo hasta ahora- como el partido antiBrexit. 

Por primera vez en mucho tiempo, la Cámara de los Comunes supone un desafío para los conservadores gobernantes. Recuérdese que Johnson logró una aplastante mayoría absoluta en las elecciones generales de diciembre de 2019. Los británicos confiaron en él e incluso si finalmente se salía de la UE tan sólo bajo la regulación de la OMC. Todo se basaba en la idea del excepcionalismo británico. Sin embargo, Covid-19 mediante, las cosas han cambiado y la fe de los británicos en sus instituciones, principalmente en el gobierno, no es la misma.

Un legislador oficialista aseguró: Los ciudadanos nos perdonarán por los errores cometidos al inicio del confinamiento, pero no nos perdonará por los errores cometidos al salir de él. Con más de 34 mil muertos, el Reino Unido es el país más afectado de Europa por el Covid-19. En todo el mundo es sólo superado por los Estados Unidos. Con una respuesta tardía, sin suficientes test y con criticas diarias por no suministrar al personal sanitario el equipo de protección necesaria, la gestión de la crisis dista de ser la esperada. Para el 60 por ciento de la ciudadanía, el gobierno no aprueba hoy por hoy el desafío. 

Respecto del Brexit, la ciudadanía puso esa preocupación en un lógico segundo plano, acostumbrada además a que todo termina por resolverse a último momento. 

Pero la pandemia del coronavirus cambió el escenario. Las autoridades europeas van a priorizar el desafío impuesto por el virus antes que el Brexit, y si los británicos no aportan a una solución acordada, presumiblemente se quedarán solos. 

La OMC predice que el comercio mundial podría caer hasta un 32 por ciento este año. Varios países han comenzado a bloquear la exportación de bienes considerados vitales en la lucha contra la pandemia, alimentando una peligrosa tendencia nacionalista. Se presume que la recuperación global demorará años, tiempo durante el cual negociar un acuerdo de libre comercio con el Reino Unido no será lo más importante en muchas agendas, entre ellas, la de los Estados Unidos, que con su lema America First, promete enfriar sus vínculos transatlánticos.