“Yo nena, yo princesa”, la película de Federico Palazzo basada en el libro "Yo nena, yo princesa: Luana, la niña que eligió su propio nombre", de Gabriela Mansilla, sobre la primera niña trans del mundo que recibió su DNI, de acuerdo a su autopercepción de género, a través de la Ley 26.743 de Identidad de Género sancionada en 2012, llega este jueves 28 a la pamtalla grande. En la ciudad se puede ver en el Cine Complejo Monumental. 

El relato cuenta la historia de una pareja (Eleonora Wexler y Juan Palomino), padres de mellizos (Isabella G. C. y Valentino Vena), en donde uno de los chicos no se identifica con el género que le asignaron al nacer.

Desde el principio la madre trata de entender qué le pasa con su hije y a la problemática que atraviesa a su familia, mientras que en paralelo busca ayuda para que se le respete su identidad de género, en tanto su esposo no entiende y es el que se resiste a la decisión de uno de sus hijos de considerarse una nena.

“Mi personaje piensa que si nace con 'pirulín' es varón y si nace con vagina es una nena”, cuenta Juan Palomino. 

El actor, que admite que su generación “está atravesada por una construcción machista, sexista, patriarcal”, se ubica en las antípodas de esa posición, pero se muestra comprensivo con otros puntos de vista, “Que yo entienda algunas cosas producto de mi camino elegido para transitar esta vida no significa que todo el mundo pueda aceptar el universo no binario”.

— ¿Cómo te llegó el proyecto y qué te interesó para aceptar ser parte de la película?

— Juan Palomino: El proyecto me llegó de parte de Federico Palazzo, que me pensó para este personaje. Cuando me mandó el guion, lo leí y me llenó de preguntas, la principal es qué haría yo en una situación así, en un momento en donde la agenda es otra y por momentos estos temas están más en debate. Me pareció importante testimoniar esta historia y ponerla en primerísimo primer plano, así que no lo dudé y le dije que quería estar en la película. Ahora veremos cómo la recibe el público, que tendrá muchísimos comentarios a favor, pero no me cabe la menor duda, otros en contra.

— En la pantalla se ve una naturalidad muy lograda de esa familia que tiene que atravesar un conflicto que desconoce. ¿Cómo fue el trabajo con Eleonora y los chicos para lograr ese verosímil?

— JP: Con Eleonora nos conocemos hace mucho tiempo, fuimos pareja en la novela “Como vos y yo” allá por el 98, fue muy fácil volver a generar el vínculo y de ahí trabajar esa lucha interna de los personajes y en mi rol, esa no tolerancia de no ver más allá. El vínculo con los niños fue fundamental el trabajo que hizo el director con Valentino, el hijo de Paula Morales y Fabián Vena, y con Isabella, que es la protagonista, sin ella no se podría haber hecho la película. Fuimos a su casa, conocimos a su familia y creo que eso influyó mucho en que ella confiara en nosotros, soy padre de tres hijos grandes y fue una linda aventura jugar a ser papá de niños nuevamente. Fue muy bella la relación con Valentino, con Isabella, y muy bella y apasionada, contradictoria y difícil la relación con el personaje que hace Eleonora y mi personaje, que tiene una dualidad muy grande.

— A tu personaje le cuesta aceptar lo que le está pasando a su hije y lo obvio sería condenarlo. ¿Tenés una mirada comprensiva sobre él, fue complejo salir de la visión unidimensional sobre ese padre?

— JP: Él está rodeado por un universo que lo presiona en ese sentido y al pensar el personaje, me lo imaginé con amigos que le dicen ‘loco, yo no llevo más a mi hijo a jugar con el tuyo, qué es eso que Fernandito se viste de nena, de princesa” o varios chabones comiendo un asado y todos hablando de este mecánico, que tiene un “hijo puto”, “invertido”, qué se yo. Estoy muy distante de esa construcción, pero me imagino toda esa situación, que no debe ser fácil.

— Hasta hace poco tiempo el tema transgénero, como tantos otros, no estaba en la cabeza de casi nadie y fuiste testigo de los cambios vertiginosos que se produjeron en los últimos años. ¿A la hora de componer tu personaje fue parte de horizonte tu propio recorrido y el de tu generación en relación a estos temas?

— JP: Mi generación está atravesada por una construcción machista, sexista, patriarcal, los modelos masculinos eran John Wayne, Charles Bronson, James Bond, incluso “Un tranvía llamado deseo”, con esa imagen de Marlon Brando con la camiseta mojada que se convierte en ícono sexual, aunque el personaje que componía era un abusador, un violento. Uno creció en ese universo, en donde Rock Hudson, James Dean o Montgomery Clift, no podía hablar de su sexualidad. Ahora lo transgénero es una situación mucha más compleja, porque el promedio de vida de una persona trans es de 35 años, es rechazada, expulsada y en muchos casos obligada a prostituirse. Todo eso que pasa es una gran deuda y la política de género que se está llevando es muy importante. Entonces la agenda también está marcada por este tipo de medidas que lleva adelante el estado nacional, que entregó el primer DNI a una niña trans que es Loana, el caso que estamos tocando con la película.

 ¿Crees que “Yo nena, yo princesa” puede ayudar a concientizar sobre los temas que aborda?

 JP: Yo intuyo que sí, el arte ayuda a modificar algunas conductas, aunque lleve tiempo, va a contribuir a pensar y ver distinto en los años que vienen a todas esas personas que han elegido una u otra forma de sentir su sexualidad y vivir su vida.