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La profesora de Harvard Business School Amy Cuddy asegura, con fundamento empírico, que cuando una persona ve a alguien por primera vez observa dos cosas, que se resumen en dos preguntas: ¿Puedo confiar en esta persona? ¿Puedo respetar a esta persona?

Según sus investigaciones, entre el 80% y el 90% de las personas se fijan en estos aspectos. Para afirmar semejante grado de resultado, Cuddy estudió durante más de 15 años las primeras impresiones que obtienen las personas cuando se conocen.

A partir de los resultados, Cuddy escribió un libro con las conclusiones a las que llegó y expone principalmente que las personas deben “dejar de preocuparse por causar una buena imagen a primera vista, empezando por actuar de forma natural y siendo consciente del propio lenguaje corporal, trabajando a diario en mejorarlo”.

De esta forma, la investigadora asegura que cuando uno piensa en qué pensarán los demás, no es acerca de cómo ser competente, “es acerca de disminuir lo que sea que te está bloqueando de ser uno mismo”.

¿Puedo respetar a esta persona? Significa según Cuddy, la admiración o respeto que se puede tener por alguien por sus competencias y capacidades. En los trabajos suele ser muy valorado que una persona pueda encontrarle soluciones a un problema, que tenga un pensamiento crítico y que aporte sus conocimientos a la empresa.

La mayoría de empresas buscan personas con estas capacidades, pero aunque se sepa que son las características más buscadas, Cuddy asegura que “primero se observa qué tanta confianza genera una persona, cuáles son sus intenciones y si da la impresión de que puede engañar o hacerle daño a otros”.

Ocurre que muchas personas no le dan importancia a ser cordiales con los demás, a generar lazos de amistad, y sólo se concentran en ser el más inteligente, el más capaz, pero la sociedad y el mundo laboral exige algo más de ellos.

Cuddy asegura que sólo si entre dos personas se genera confianza, ambos podrán fijarse en el resto de las cualidades del otro y valorarlas, y se va a poder establecer una conversación de verdad. “Si alguien que estás tratando de influenciar no confía en ti, no vas a llegar muy lejos; de hecho, de pronto puedes generar suspicacia y dar la impresión de manipulador”, afirma la autora.