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Un “salvavidas” llamado Mercosur

Mauricio Macri y Jair Bolsonaro apelan al Mercorsur como un instrumento útil para
atravesar situaciones difíciles en sus respectivos países.

Pocos presidentes argentinos y brasileños fueron tan despectivos con el Mercosur como
proyecto de integración regional como lo han sido Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. El primero, lo dejó en el abandono institucional e incluso se mostró como un férreo opositor al desarrollo efectivo del organismo legislativo del bloque, el Parlasur. El segundo, fue claro desde que ganó las elecciones presidenciales a fines de 2018 cuando afirmó que para él, el Mercosur no era una prioridad. Más aún, ambos mandatarios privilegiaron hasta el pasado mes de marzo la creación de un nuevo bloque regional, que escapara a cualquier sesgo ideológico contrario a sus expectativas: el Foro para el Progreso y Desarrollo de América Latina o Prosur.

Pero, la necesidad tiene cara de hereje. Es verdad que Macri impulsaba la concreción de
un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) que se venía discutiendo desde
tiempos inmemoriales. También resulta difícil pensar cómo un bloque institucionalmente
débil como el Mercosur puede plantearle condiciones a otro altamente institucionalizado
como la UE. Pero la realidad es que las necesidades de la política interior -y muy
específicamente las urgencias electorales- del presidente argentino y su buena acogida
internacional, sirvieron para que reconsiderara al Mercosur una plataforma aceptable que
le proporcionara algunos éxitos que mostrar, aunque más no fuera a priori, es decir,
independientemente de la experiencia.

Bolsonaro también tenía la necesidad de enviar un mensaje exitoso puertas adentro,
aunque por motivos algo diferentes. Sus primeros seis meses de gobierno dejaron como
saldo más escándalos que capacidad de gestión. Como consecuencia, su popularidad se
desplomó a menos de la mitad de la que tenía cuando asumió. Y su política exterior dejó
mucho que desear tras su evidente obsecuencia con los líderes de los Estados Unidos,
Donald Trump, e Israel, Benjamin Netanyahu, sus pocas ideas para exhibir en foros como
Davos y el G-20, y el escándalo en España con el militar de su comitiva que intentó
traficar 39 kilos de cocaína.

Para ambos presidentes el Mercosur -con el acuerdo con la Unión Europea como punta
de lanza- se transformó en un instrumento aparentemente exitoso, capaz de demostrar
que sus iniciativas políticas funcionan.

El último capítulo de esta adopción del Mercosur como una suerte de salvavidas, fue el
encuentro que se produjo la última semana en la ciudad de Santa Fe.

Cumbre a la vera del Paraná

La 54ª Cumbre del Mercosur sirvió para que Macri le cediera la presidencia pro témpore
del bloque a Bolsonaro, para avanzar en nuevos acuerdos con otros países y bloques
regionales y para realizar algunos otros anuncios. Se suscribió un documento final que fue
firmado por los presidentes Macri y Bolsonaro, Tabaré Vázquez de Uruguay, Mario Abdo
Benítez de Paraguay y que fue acompañado por el mandatario de Bolivia, Evo Morales,
cuyo país está en proceso de adhesión al bloque.

Entre lo más destacado del encuentro estuvo la referencia al Acuerdo Mercosur-UE, el
cual es considerado una asociación estratégica entre ambos bloques en lo que respecta
al acceso a los mercados de bienes, servicios y compras públicas. Se suscribió el
Acuerdo de Principios entre ambos bloques, interpretado por los integrantes del Mercosur
como un hito trascendental en la inserción internacional del bloque y un avance
estratégico clave para impulsar una economía dinámica y competitiva, generar empleo de
calidad y reducir la pobreza. Se confirmó que durante las reuniones técnicas se llegó al consenso para permitir la entrada en vigor provisional de los estados miembros. Eso
significa que el país del Mercosur cuyo Congreso acepte el acuerdo lo podrá hacer
efectivo tras el aval correspondiente del Parlamento Europeo y sin la necesidad de la
aprobación de los otros países del bloque. De ser efectivamente así, los primeros
intercambios podrían producirse en 2021.

Otro tema relevante fue el avance en las negociaciones de nuevos acuerdos económicos
y comerciales. Con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en
inglés) compuesta por Suiza, Islandia, Noruega y Liechtenstein, las negociaciones por un
Acuerdo de Libre Comercio estarían avanzadas y podrían culminar en los próximos
meses. En segundo lugar se encuentra Canadá, país con el cual se espera alcanzar un
acuerdo para el año entrante. Y también se iniciaron rondas de diálogo con Singapur y
Corea, a la vez que se profundizará el acercamiento con la Alianza del Pacífico. Con
Vietnam se realizó un encuentro para explorar perspectivas de comercio e inversión y se
presentó una propuesta de términos de referencia a la Unión Económica Euroasiática
(UEE), para explorar una posible negociación comercial.
Respecto del Arancel Externo Común, se iniciaron análisis para examinar la consistencia
y dispersión de este arancel que fue instaurado hace 25 años y que por primera vez es
revisado.

(Foto de EFE)

Un tema relevante para usuarios y consumidores en le era de las comunicaciones fue el
de la eliminación del Roaming entre los países que integran el bloque. Al cierre de la
cumbre, los presidentes rubricaron el acuerdo para la eliminación del cobro de cargos de
roaming internacional a los usuarios finales de los cuatro países que integran el Mercosur.
Pero aunque se estima que la medida podría hacerse efectiva a partir de mayo de 2020,
aún debe ser aprobada por el Congreso de cada uno de los países miembro.

En lo que respecta a la institucionalidad del Mercosur, se acordó iniciar un proceso de
racionalización de la actual estructura institucional a partir de la eliminación de órganos
que se encontraban inactivos a fin de brindar agilidad al funcionamiento de los órganos y
eliminar instancias burocráticas innecesarias. También se aprobó el marco normativo para
un presupuesto único del bloque, que integra a los actuales presupuestos de sus
diferentes órganos que requieren financiamiento y los fondos especiales, con excepción
del Parlasur y el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem) que es el
primer mecanismo solidario de financiamiento propio de los países del Mercosur cuyo
objetivo es reducir las asimetrías del bloque.

Entre otras iniciativas, se suscribieron acuerdos en temas de trabajo y política ambiental.

Lecturas

Independientemente de lo promisorias que puedan ser las negociaciones tanto con la UE
como con la EFTA, Canadá, Corea y Singapur, cabe preguntarse si los acuerdos no
conducirán a ratificar y profundizar la primarización de la economía de los países que
integran el Mercosur en detrimento de sectores de la economía como la industria y los
servicios.

Por otra parte, en el caso de la EFTA, al menos dos de los países que la componen -
Suiza y Liechtenstein- son dos reconocidos paraísos fiscales. El mensaje bien podría ser
interpretado como un guiño al capitalismo financiero, el único que no produce nada y no
ofrece trabajo.

Respecto de los urgidos tiempos políticos de Macri y Bolsonaro, sería deseable que esta
aparente revitalización del Mercosur no quede en agua de borraja tras las elecciones
presidenciales en Argentina -independientemente de quién gane- y de la que sería la
primera gran victoria política de Bolsonaro en Brasil: la sanción de la ley del sistema
previsional.

Por último, sería importante que el Mercosur no continúe siendo asumido como un
instrumento exclusivamente comercial. Para eso -más allá de la eliminación del roaming-
el camino responsable y perdurable es el de la institucionalización política. Allí radica
quizás el mayor éxito de los europeos, de quienes aún quedan muchas lecciones por
aprender.

Solamente el tiempo y la efectiva defensa de los intereses regionales que hagan las
autoridades de los países miembro del Mercosur demostrarán si el camino elegido es o no
el correcto.

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