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La becaria del Doctorado en Educación (Conicet-UNR) Micaela Pellegrini Malpiedi entrevistaba a Carlos Eduardo Saltzmann para su tesis sobre las prácticas pedagógicas de Leticia Cossettini cuando, entre papeles, el profesor de flosofía jubilado le compartió “como nota de color” un cuaderno escolar marca Rivadavia desgastado y de hojas salidas que le heredó su profesora de 5° grado y amiga de toda la vida. Era un recetario.

Micaela mostró el hallazgo a su tutora Paula Caldo, quien conocedora de la historia y cultura de la alimentación le dijo a poco de que llegara a sus manos que “esto es un libro”. El manuscrito culinario de Leticia Cossettini, editado por Casagrande y con asistencia de Guillermo Ferragutti, se presentará en sociedad este viernes a las 18.30, nada menos que en Chiclana 345: el hogar de las hermanas Olga, Leticia, Marta y Blanca junto a su sobrina Leila. “Es devolver las recetas a su verdadera cocina” lanzó la joven en diálogo con Rosarioplus.com.

La sobrina Celia, hija de Blanca, es la única sobreviviente de esa dichosa familia. Ella actualmente reside en la ciudad de Santa Fe, y fue quien le heredó el cuaderno de recetas a Saltzmann junto a otros objetos. El alumno de Leticia será parte del convite de este viernes, y se espera que lleve el original. Una segunda presentación será el viernes próximo en el Instituto Olga Cossettini, a las 18.30.

Leticia fue dueña de una impronta pedagógica que va a la par de su hermana Olga, ella desde la creatividad, ya que como docente implementaba todo tipo de artes en sus métodos (teatro, poesía, pintura, música y danza). A eso se suma que fue acuarelista y escritora, y lo que sorprende de su propia capacidad creativa y pedagógica es que este recetario lleno de notas en los márgenes, correcciones, recetas sin títulos y notas adheridas, lo escribió cuando tenía más de 70 años, tras la muerte de Marta, su hermana, que cocinaba para toda su familia.

“Hace poco las vecinas amigas de las Cossettini nos contaron que antes de la muerte de Marta, Leticia no cocinaba porque su hermana no la dejaba entrar, algo que a veces ocurre cuando un familiar es el rol de cocinero asignado”, contó con sorpresa Micaela.

La investigadora, ahora devenida en autora del libro que reproduce el recetario y su mirada analítica desde lo pedagógico, realzó que “según aseguró Salzmann, comenzó a cocinar porque no le quedaba otra al quedar su rol vacante”, y sin embargo, fue tan tenaz y perseverante que en sus anotaciones prosperó y creó una pedadogía propia, esta vez de narrativa culinaria.

Qué cocinaba y para quiénes es otra interesante faceta de la investigación de la doctora y la becaria en Ciencias de la Educación: “Principalmente pastelería italiana y europea –tortas y galletitas- para agasajar a sus invitados que eran intelectuales de la cultura y la educación (fueron amigas hasta de Julio Cortázar), así como también tartas y recetas fáciles y modernas para ‘las mujeres trabajadoras’ según pudimos deducir”.

Caldo y Pellegrini Malpiedi se pusieron a escribir y para febrero pasado ya tenían el libro, con prólogo del profesor Saltzmann y recetario reproducido, y “si bien ya está impreso, no cerramos la posibilidad de ampliarlo, y nuestro aporte a la investigación es abrir el abanico a nuevas investigaciones sobre esta faceta hasta ahora desconocida sobre la pedagogía de Leticia, y el recetario se encuentra digitalizado en la web del Instituto de Investigaciones Socio-históricas Regionales del Conicet (ISHIR)”.

La cocina, según analizó la investigadora, “es un lugar relegado para lo que se considera como ‘el saber’, y este libro viene a mostrar cómo es un saber en sí mismo, es una práctica que se va re-esctribiendo, un manuscrito que contiene marcas de la mismísima práctica, con letra desprolija, manchas y anotaciones en los márgenes, por lo que es un valor en sí mismo: muestra cómo vivían las Cossettini en la familia de mujeres, sus costumbres, y nos encontramos con una analogía en la práctica de Leticia con su docencia, está marcada por su oficio de enseñar”.

Por eso explicó que “este libro busca reconocerle a Leticia, decirle ‘flaca, tu saber vale’ a la vez que repreguntar los roles del hogar y la cocina que hay que resignificar, romper estereotipos, porque sigue siendo mayormente ese lugar de obviedad de la mujer-madre-cocinera cuya práctica no requiere demasiado aprendizaje. Yo no cocino, y puedo distinguir que es un tarea difícil que requiere mucha práctica”.

La mirada de la investigadora de la educación sobre Leticia se posa en destacar su legado, ya que “su impronta se vio desdibujada ante la figura de su hermana Olga, como sucede con muchos docentes y pedagógos cuyos nombres permanecen en el anonimato. Ella si no era hermana de Olga, quizás hubiese sido invisible también a la historia educativa. Y sin embargo su método de enseñanza se destacó por la enseñanza de un modo creativo, y eso repercutió en la sensibilidad de sus alumnos que hoy son octogeniarios o nonagenarios y la recuerdan, como Saltzmann. Por eso instaló un coro de pájaros en el patio de su escuela, compuso escenas coreográficas, y pintó muchos años”.

La tesis del Doctorado de Micaela, entregada hace pocas semanas, es sobre cuerpos, sensibilidades y emociones en la enseñanza de Leticia, y el cuaderno de recetas le permitió “ver su impronta sensible y artística”.

Un repaso por la vida de las Cossettini

Las hermanas Cossettini, Olga (1898- 1987) y Leticia (1904-2004) fueron maestras y pedagogas rosarinas que dejaron un fuerte legado educativo por lo innovador llamado “Escuela Serena” que influyó en un cambio de paradigma de la escuela tradicional normalista, basado en fomentar la independencia, la creatividad y la libertad de los niños en el aula. En el barrio Alberdi, “se enfocaron en el alumno como centro del aula, escuchando sus intereses, un aula desestructurada y la relación cercana a la naturaleza”.

La Escuela Serena estaba adherida al movimiento escolanovista, que trajo el padre Antonio Cossettini, y se desarrolló en Rosario desde el año 1935 al 1950, año en que Olga y Leticia fueron cesanteadas por el gobierno peronista por diferencias ideológicas. “Las jubilaron y cerraron la escuela con toda su experiencia pedagógica”, puntualizó la doctoranda.

Es que ambas eran de una línea progresista autopercibida, su padre era un docente piamontés de alta alcurnia que trajo la experiencia pedagógica de escuelas privadas de Italia, y ellas lo aplicaron en el sistema público de acá. La influencia de su modo de educar trascendió épocas y fronteras, y hoy en día siguen apareciendo relatos que hablan de la tan importante labor que las hermanas han realizado.