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En el año 1988, Spike Lee estrenó en los cines comerciales de EE.UU la película “School Daze” una comedia con tintes de drama racial de buena aceptación para el público yanki. Una pequeña sinopsis diría que trata acerca de una comunidad de estudiantes de una universidad de afroamericanos, en el sur de los Estados Unidos, que están enfrentados entre sí.  Por un lado, un grupo liderado por Julián “All migthy” perteneciente a una fraternidad a imagen y reflejo de los blancos caucásicos americanos. Del otro, el grupo de Dap, activistas afroamericanos que luchan contra los ritos, bestialidades y costumbres de las fraternidades. 

Hasta ahí todo bien, ahora veamos cómo es que llegamos a Julian y al hecho de que la cara del líder de una de las dos fraternidades de la película de S. Lee esté pegada en casi todas las esquinas del barrio Martin, en Rosario, diez mil kilómetros al sur casi treinta años después.

Plaza Bélgica, un mural de operaciones

En la plaza de Colón y Zeballos hay suficientes muros como para plasmar la historia de la humanidad en el soporte que sea; graffiti, pegatinas, stencil o lo que fuere. Allí se dan cita varios experimentos en donde se congregan el arte callejero y los postgraffitis, o nuevas técnicas desarrolladas a base de plantillas, carteles y pegatinas.

En el paredón de ese solar emerge el rostro de Julián, el personaje de la película de Spike Lee, haciendo un grito de guerra, en blanco y negro, junto a un mono con cara de sabiondo. Y así se replicó en varias esquinas del barrio: Alem y 9 de Julio, (en la pared del Hospital Provincial); Ayacucho y 9 de Julio, también en Buenos Aires casi llegando a 3 de febrero y otro a punto de despegarse en Pellegrini y Colón, en la pared del Politécnico.

Gerdy

Lo primero que llamó la atención de ese sticker de la cara gritando en el muro de la pared de la plaza Bélgica, fue la familiaridad. Ya había sido vista en algún lado ¿Pero dónde? Había que pensar un buen tiempo para caer en la cuenta de que era un personaje de la película de Spike Lee. Luego de comprender ese origen cabe poner el acento en la inscripción que viene asociada a su cara, “Gerdy” era el nombre del personaje de la película, y buceando en Google sobre este nombre se observa que era parte de un experimento. 

Gerdy es el apodo de Gerardo Bollini, su creador; quien por otro lado, no es de Rosario sino de Bragado, provincia de Buenos Aires y forma parte del movimiento BA Paste Up, quienes experimentan en las ramas del esténcil, el muralismo, las pegatinas y el street sticker.

Rosarioplus.com consultó al artista sobre su experimento, y para conocer su mirada acerca del movimiento del arte en la calle.

-¿Entendés al arte urbano como un fenómeno social y transformador de la realidad ó como un espacio lúdico? 

-Lo veo tal vez más del lado social, por el interés de generar algo en el espectador, ya sea que lo tomen para bien o para mal, la intención es generar un espacio para la reflexión.

-¿Por qué la imagen de la película de Spike Lee como caballito de batalla?

-La imagen que tomé como logo fue por pura casualidad. La creé hace unos 7 años y en aquel momento solía hacer varias repeticiones con spray ya que por su tamaño era muy práctico  aplicarla, y tenía un buen impacto visual. Con el tiempo comencé a usarla como mi sello.

-¿La elección de barrio Martín y la Plaza Bélgica como centro de operaciones fue un espacio sugerido o fue algo azaroso?

Las intervenciones en Rosario llegaron de la mano de mi gran amigo y colega Lacast. Los dos venimos del palo del stencil pero también nos conecta el paste up. La plaza Bélgica nos pareció muy interesante por sus grandes paredones y la cercanía del centro. También nos gustó el barrio Martín por ser una zona con bastante tránsito de gente y zona de facultades, ya que el público que nos sigue por lo general es más de jóvenes.

-A tu entender ¿Rosario es un lugar en donde reina el Street art o la polución publicitaria?

-Yo creo que hay muy buenos artistas pero no tanta expresión en las calles. Talvez por ahora está ganando la publicidad.

OBEY

Entre las imágenes del mono sabiondo y Spike Lee se reproducen también carteles con el término en mayúsculas "OBEY". Observadores de la cultura callejera seguramente se preguntaron a qué refiere la palabra OBEY que figura en las viseras de las gorras que usan muchos pre adolescentes en las escuelas y la calle. Hay varios videos y documentales en Youtube que explican de dónde surge OBEY.

La referencia es la inquietud de su creador, Frank Shepard Fairey. Lo interesante de este artista urbano y diseñador gráfico estadounidense es hacer de una imagen fuera de lugar y tiempo -como lo es la cara del luchador profesional “André el Gigante”-, un interrogante.

En palabras de Fairey: "La campaña Obey puede ser explicada como un experimento de fenomenología". La principal intención de la Fenomenología es despertar un sentido de fascinación hacia el entorno.

Así se puede deducir que la campaña Obey intenta estimular la curiosidad y hacer que la gente se pregunte sobre el significado de esas pegatinas y su relación con lo que le rodea.

Dado que la gente no está acostumbrada a ver anuncios o propaganda cuyos motivos no sean obvios, los encuentros frecuentes con las pegatinas de Obey les dan que pensar incluso creando posible frustración, revitalizando la percepción y atención de los espectadores a los detalles que le rodean.

La pegatina no tiene ningún significado pero consigue activar reacciones e interpretaciones en aquellos que las ven, quedando así reflejadas la personalidad y naturaleza de esas personas.

Murales, preguntas  y arte callejero     

Ante tanta polución publicitaria, las paredes suelen ser testigos del arte efímero a cielo abierto que se da en las ciudades con las pegatinas, grafitis, murales, pintadas políticas e intervenciones que se mezclan y le dan otra impronta al espacio urbano, no sólo como un lugar “apto para su uso comercial” sino como un teatro de operaciones para graffiteros, stencileros, activistas, muralistas y artistas callejeros.

¿Quién es? ¿Qué es? ¿Es una marca? ¿Se compra, o se vende? a eso que fluctúa entre la propaganda y la publicidad, y que no es ninguna de ambas, tranquilamente podríamos llamarlo arte callejero.

Gerdy respondió varios interrogantes sobre qué hace un mono amarillo con cara de sabiondo al lado del personaje de la película de Spike Lee, y asegura que su intención es “generar un espacio para la reflexión”, más allá de cualquier connotación lúdica o política.

Como dice Fairey, preguntarse cómo un producto llega a ser un producto, quizás sea la punta de lanza de lo que buscan los artistas callejeros, porque detrás de esos productos hay gente craneando para que los ciudadanos empiecen a preguntarse sobre lo que observan.