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La espesa columna de humo es una postal que preocupa a los ciudadanos de un lado y el otro del río. En la ciudad, los habitantes de Rosario y la zona sufren las consecuencias de un aire irrespirable y piden a las autoridades una respuesta. Del otro lado, muchos propietarios lamentan las pérdidas por los incendios y exigen con el mismo empeño encontrar a los culpables. 

"La gente se piensa que todos somos terratenientes", asegura Raúl Morist, imputado equivocadamente por la justicia Federal de Paraná, en diálogo con Rosarioplus.com. El hombre es dueño de un terreno heredado que comparte con su hermano y su sobrino. Son más de 1300 hectáreas, aunque aclara que "la mitad de las islas son lagunas".

"La gente cree que somos millonarios pero no son hectáreas de campo productivas, uno no puede sembrar", señaló Morist. Además, indica que el valor de la isla se redujo notablemente y que "una hectárea en Rosario equivale a lo que cuestan mil hectáreas en la isla".

Entre el 28 de febrero y el 3 de marzo se produjeron incendios en sus terrenos. "No en la costa principal del campo, sino en la parte trasera que está situadas a la altura de Pueblo Esther", detalló. Morist contó que no se había enterado hasta que la justicia lo imputó por el hecho. "Es muy difícil acceder, si no llegás con lanchas pequeñas o caballos es imposible", precisó. 

El hombre fue metalúrgico durante casi toda su vida y desde hace un tiempo se dedica a la fabricación de lanchas deportivas. Cuando habla del río se le nota el entusiasmo y sencillamente admite "amarlo y vivir de él". Nunca compró animales ni se dedicó a la ganadería, sin embargo la estigmatización cae sobre él. 

Para Morist, "tenían que encontrar algún culpable y buscaron satelitalmente incendios y encontraron mi campo". Sin embargo, no se explica quiénes pueden haber sido y por qué en esa fecha.

"Una quema de campo en febrero es arruinar el campo en vez de fortalecerlo como acostumbran hacer los ganaderos, que lo queman a fines de invierno para tener pastura fresca en la primavera. Quemar el pasto en verano es quitarle el alimento a la vaca", aseguró.

En las islas frente a Rosario los incendios intencionales también resultan un misterio para muchos. "Van de Paraná a Campana. No tengo explicación para decir por qué están quemando", expresó.

En este marco, Morist ofrece parte de su terreno para que se instalen fuerzas de seguridad y realicen los controles correspondientes para que la historia no vuelva a repetirse. "Les cedo el terreno y hasta les puedo conseguir una lancha para que tengan movilidad", se comprometió en contacto con este media.

Y agregó: "Es más, si quieren ir mañana mismo tengo una casa que no se usa, con una limpieza se las puedo prestar hasta que se haga una comisaría". Para el propietario, lo que faltan son controles.

Raúl va y vuelve durante sus declaraciones en el mismo sentido: quiénes y por qué queman los terrenos en las islas. "Me lo pregunté mil veces y no me da la cabeza para entender. No sé por qué lo hacen. La isla dejó de ser un negocio para llevar la ganadería. Hoy el feedlot es mucho más redituable que tener los animles a campo abierto, es mas fácil controlarlos, juntarlos, verlos. En la isla es difíciles de encontrarlos para vacunarlos, los pican las yararás, te los roban", analizó. 

El propietario describe a su terreno "como un paraíso". Con árboles de más de 60 años de antigüedad y ejemplares plantados por él mismo, el lugar es muy especial para su familia.  "Se creen que yo voy a prender fuego eso. Estoy sufriendo y pidiendo por favor que no se prenda, me llevó muchos años hacerlo", lamentó. 

Morist dice sentirse perjudicado en todos los frentes: su familia vive en Rosario y se intoxica con el humo, como cualquiera de sus ciudadanos, le quemaron parte de su campo, el fuego afecta directamente su futuro laboral vinculado a las lanchas y al río y además fue imputado en la justicia.

"Si yo quiero salir del país tengo problemas, si me quiero alejar más de una semana tengo que pedir permiso, sin comerla ni beberla", cerró.

Mientras tanto, los focos ígneos no se detienen y la frustración y el hartazgo crecen día a día. Ambientalistas, funcionarios, dirigentes políticos, ciudadanos y hasta dueño de los terrenos exigen saber cuáles son los intereses detrás de las quemas de las islas y que finalmente la justicia actúe.