Jesús Ledesma, un hombre de 65 años, morocho, de 1.65 de altura, que vivía en barrio Plata en Rosario y solía frecuentar la ciudad de Funes, donde realizaba changas como albañil, fue visto por última vez en esa localidad el 5 de julio de este año. Dos días después se perdió todo tipo de rastro y nadie supo más de él. Desde allí todo lo que se suma a su búsqueda es misterio y desidia, según los familiares, por parte de la Fiscalía y de las fuerzas de seguridad que hicieron los rastrillajes a destiempo y que por ahora no tuvieron ninguna comunicación con la familia. Sus parientes denuncian, incluso, que todavía no pudieron acceder a las actuaciones correspondientes y que el fiscal Damián Cimino nunca se comunicó con ellos, más allá de las veces en que insistieron en hablar con él personalmente.

La última vez que lo vieron, Ledesma paraba en un galpón lindero a una sencilla vivienda de calle Illia 150, a la altura de la garita 4 en Funes, donde realizaba trabajos de albañilería y pernoctaba dentro de un vehículo.

El último contacto telefónico que mantuvo su hijastra Silvia Rodríguez con él fue el 7 de julio, cuando le contó que había almorzado con una amiga que vive a la vuelta de donde trabaja. Tras ello, perdieron todo tipo de contacto. Su teléfono aparece inactivo, y nadie ha sabido de él. 

Silvia busca intensamente desde hace dos meses a su padrasto y carga las tintas contra la Fiscalía.

En su larga espera y sin novedad, Silvia habló con RosarioPlus y puso en duda la labor de la Justicia, en este caso representada en el fiscal, Damián Cimino. Desde su lectura sostiene que "hay justicia para ricos y otra para pobres" y que a su padre “nadie lo está buscando”. La mujer, que vive con sus hijos en General Lagos, se enteró de la ausencia de su padrastro cinco días después, ya que el hombre solía irse varios días por temas laborales, pero nunca sin avisar, como sucedió en esta ocasión.

Un amigo intentó comunicarse con Jesús, pero su teléfono móvil dio apagado. Recién el lunes 10 de julio uno de sus hermanos fue hasta Funes a buscarlo, pero nadie supo darle información sobre su paradero, ni siquiera quienes compartían con él el lugar donde solía pernoctar, un terreno largo donde funcionan una gomería y un taller de herrería.

Silvia, hijastra del hombre, intentó denuncia la desaparición y activar la búsqueda de paradero en la comisaría 22ª, de Funes, pero quienes la atendieron le dijeron que debía hacerla en Rosario, justamente en la comisaría 21ª, situada en Arijón al 2300, barrio en el cual vive el hombre, lo que a ella le resultó raro.

“Nosotros no sabíamos que había que hacer la denuncia en Fiscalía, incluso hay una dependencia en Funes donde podríamos haber denunciado por que en la comisaria de Funes no nos tomaron la denuncia. Yo fui adonde me mandaron, uno no sabe de estas cosas”, manifestó Silvia.

A todo esto Jesús ya llevaba más de una semana desaparecido y la familia todavía no sabía en qué momento iba a intervenir un fiscal. Quienes sí se enteraron del caso, pero por una nota publicada en el diario Infofunes, fueron los Bomberos de esa localidad, que ofrecieron a la familia su ayuda para hacer un rastrillaje. Este peritaje se realizó con perros se llevó adelante con la autorización de la familia, pero sin ninguna orden judicial y fue mismo día que los agentes de la Comisaria 21 estuvieron en el lugar de la desaparición juntando rastros.

La vivienda y galpón donde aseguran que fue visto por última vez, en Av. Illia al 100, Funes. Foto: Infofunes.

“La policía le tomó declaración a quienes compartían ese espacio con mi papá y la chica con la que él comió por última vez. Después, pasaron unos días y el caso lo tomó el fiscal Damián Cimino. Fui a Fiscalía, intenté hablar con él, pero siempre recibí evasivas, nunca me atendió, en esas idas y vueltas ya había pasado un mes de la desaparición. Solo tuvimos una entrevista la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que nos preguntaron qué había pasado y nos dijeron que iban a hacer un relevamiento de cámaras, pero que eso lo manejaba Fiscalía. Nosotros creímos que iba a ser más rápida la cosa, pero no fue así”, lamentó.

A cuarenta días de la desaparición, Silvia y otro familiar insistieron en Fiscalía de Rosario, fueron atendidos por la secretaria del fiscal Cimino, quien no estaba al tanto del caso. “El nombre de mi papá recién lo supo cuando abrió el expediente, no tenía ni la menor idea, una vergüenza lo que nos pasó. No nos dieron ninguna información, ni siquiera pudimos acceder a las actuaciones, le pregunté si habían hecho el relevamiento de cámaras y lo único que me mostró fueron las fotos que sacaron los agentes de la Comisaría 21”, expuso la joven.

Contó que en ese momento se puso muy nerviosa frente a la secretaria porque no podía entender por qué a su papá no lo buscaba nadie y que al parecer “la justicia no es igual para todos" y recordó el caso del gendarme Gustavo Elorrieta quien había venido desde Buenos Aires a visitar a sus hijos, se le perdió el rastro y la policía halló su cadáver en un campo de las afueras de Roldán. “Con este caso movieron cielo y tierra y lo encontraron, será porque es gendarme; a mi papá, que es un albañil, no lo busca nadie”, comparó.

Pese a los intentos de este medio de hablar con el fiscal Cimino, la entrevista no fue concedida por razones que se desconocen y solo se recibió desde la oficina de prensa un escueto parte del caso, donde de detallan las acciones llevadas a cabo. Según esa información, hasta el momento se han realizado diversas medidas, entre ellas la toma de entrevistas a familiares y vecinos de dicha persona, se intentó localizar mediante GPS su celular y se solicitó un informe de impacto de antena del dispositivo móvil el que se espera resultado. Además, los rastrillajes con la Brigada de paraderos rastrillajes y la Brigada canina (ambas brigadas de la AIC) que arrojaron resultados negativos.

Hipótesis de sospecha

Silvia Rodríguez dijo que su padrastro es una persona fiable de carácter cansino que no suele meterse con nadie, un tipo de trabajo y muy callado. “No le conozco problemas, él evitaba los conflictos, incluso si te enojabas con él y le gritabas no contestaba, más bien se retraía, agachaba la cabeza”, agregó la mujer y siembra dudas de la desaparición en el patrón del Jesús, un hombre con el que solía trabajar en la construcción y que además es el dueño del predio, no se comunicó nunca con los familiares ni mostró precaución por la situación.     

Si bien eso no lo complica ni lo hace culpable, indicó que este hombre había tenido muchas discusiones con su padre, incluso años atrás el hijo de este hombre agredió físicamente a Jesús. “Mi viejo es muy bueno y perdonó todo eso, volvió a trabajar para este hombre”. Señaló e insistió con la incomodidad que le genera la ausencia de este hombre y que todavía no fuera citado por el fiscal. “Mi papá hacía más de 15 años que trabaja con este hombre, le hizo varios departamentos en Funes y Rosario, además le arreglaba el auto porque sabía de muchas cosas”, abundó.

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Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe