La pandemia y el aislamiento social cambiaron la rutina de las instituciones sociales de la ciudad, entre ellas los clubes de barrio, fundamentales en la contención social de sus vecinos, y que durante el 2020 debieron cerrar su puertas y posponer todas su actividades. A fines de septiembre de ese mismo año, se logró la apertura, pero aún con restricciones. A medida que pasan los meses las instituciones se van recuperando y agregan actividades, aunque todavía la gran masa societaria no regresó definitivamente.

Durante el 2020, según un relevamiento que se hace mes a mes desde la Red de Clubes, en promedio, las instituciones rosarinas recaudaron solo un 25 por ciento de sus cuotas societarias. Por el comienzo de las actividades muchos de los socios regresaron, entre ellos un alto caudal de morosos que intenta ponerse al día con planes de pago y otras alternativas. En tanto la recuperación es firme pero lenta, la merma de socios es notable, se estima que ronda el 30 por ciento de los padrones, si se tiene en cuenta como fecha febrero de 2020 que es cuando el aislamiento todavía no había comenzado

El Club Libertad, institución centenaria de la zona oeste rosarina, es un caso testigo de esta situación general: hoy cuenta con 400 socios menos que antes de la pandemia. La institución cerró el 2019 con casi 2000 socios y con la posibilidad de ampliar ese número en 2020, pero esos planes se vieron postergados por el Covid-19. “Estamos levantando el club, pero de a poco”, anunció el presidente del club Pablo Laporte.

 

Para Laporte, esos socios que no se recuperaron tienen que ver con que las actividades deportivas que están con límites de capacidad. “Si tomamos como ejemplo la escuelita de básquet, donde teníamos 80 chicos, hoy tenemos dos grupos de 25 ya que es el máximo de lo que se puede trabajar en los espacios, así lo mismo sucede con los otros deportes”, explicó.     

A la vez, se complica seguir los protocolos, confesó el dirigente y sostuvo que esta situación se da porque cada club tiene sus características en cuanto a espacio. “Hay clubes con más espacio abierto que a lo mejor pueden albergar más gente y otros, como nosotros que recién estamos logrando hacer ingresar a los socios que vienen por actividades recreativas, porque los únicos que entraban eran quienes venían a hacer deportes, especificó.

Casi todas las disciplinas tienen fecha de comienzo en Libertad. El básquet emprendió su regreso la semana pasada con la apertura de la Liga Rosarina. Futsal y vóley comenzaron este fin de semana. Todas estas disciplinas con capacidad limitada de público y con distanciamiento.

 

“El natatorio arrancamos este lunes con la temporada. Previo a la pandemia teníamos 1000 nadadores mensuales y ahora vamos a tener una capacidad de 600. Antes eran 8 personas por andarivel, ahora son 4. Creemos que a medida que se vayan sumando actividades vamos a recuperar esa masa societaria perdida”, estimó e informó Laporte.

En ese sentido dijo que durante los meses más difíciles de la pandemia pudieron  acceder al ATP con el que cubrieron una parte muy importante de los salarios del personal. Además de recibir un subsidio en agua y luz por parte de la provincia. “Obviamente que tuvimos que hacer ingeniería en cuanto a ahorro para mantenernos esos meses y ahora vamos  recuperando el pago de cuotas, además de las cuotas deportivas que es de donde cobran los profesores. Es complicado cobrar esas deudas, pero lo estamos haciendo”, admitió Laporte, quien lleva adelante una comisión directiva en su mayoría de jóvenes nacidos y criados en barrio Azcuénaga.

 

En tanto señaló que, desde el comienzo de la pandemia, se priorizó hablar con todos los docentes de las disciplinas para no perder el contacto con los chicos, además saber de su realidad social, y si alguno de los miembros de la familia perdió el empleo o le disminuyeron los ingresos. Laporte sostiene esta idea de militancia porque cree que el club cumple un rol social fundamental.  

A pocas cuadras de Libertad se encuentra otro de los clubes emblemas del oeste. Sobre calle Camilo Aldao al 500, apenas cruzando calle Santa Fe se encuentran las instalaciones de Suderland, el negro amarillo de Ludueña. Su presidente, Jeremías Salvo es parte de una experiencia colectiva que recuperó este espacio tan necesario para esta zona de Rosario.

 

Salvo aseguró a RosarioPlus que la pandemia resultó muy difícil pero, desde hace algunos meses y por suerte, los socios comenzaron con su retorno al club que hora tiene un 30 por ciento menos de socios que antes de la llegada del Covid -19. “Aquellos socios que no se dieron de baja se fueron acomodando e hicieron el esfuerzo para pagar, quienes tenían alguna deuda intentan ponerse al día. Hoy podemos decir que la actividad de la institución es totalmente normal, observó.

Las actividades volvieron los clubes en el mes de septiembre de 2020. En principio fue para mayores de 12 años con grupos reducidos de no más de 10 deportistas con turnos de 45 minutos, además de una declaración jurada por semana con un registro diario de cada una de las personas que concurren a las instituciones, cuestión que se mantiene por protocolo. “Lo que si se habilitó últimamente es que los menores de 12 puedan incorporarse a las actividades, además que todos los deportistas puedan realizar actividades con contacto con más de 10 personas, es decir que hoy los deportes se realizan con total normalidad”, afirmó Salvo, también a cargo de los destinos de la Red de Clubes de Rosario.

 

“Esto tiene su pro y su contra”, dijo el dirigente de Ludueña. Y si bien reconoció que se les permitió volver a la normalidad y recuperar algunos socios, manifestó que no se los pone en el lugar adecuado, por eso reclamó que los clubes sean declarados esenciales. Hoy se habla de las escuelas con burbujas con una semana presencial y otra no, y digo: los clubes hace cuatro meses que están sosteniendo a los chicos y nadie se preocupa en pensar si son esenciales o no”, esgrimió.

Hoy la preocupación de Salvo y otros de los dirigentes esta puesta en el trabajo social. “Los clubes fuimos quienes contuvimos, hicimos las ollas populares, los merenderos y roperitos. Y ahora no le están dando la importancia que los chicos que no van por completo a la escuela estén en un lugar haciendo actividad deportiva”, recordó sobre el trabajo que hicieron en pandemia y elevó su reclamo al Gobierno para que se los tenga en cuenta.

 

 

“Hoy tenemos 350 socios, antes teníamos 500, pero creemos que si mejora la situación socioeconómica se puede revertir. Muchos de los que se borraron son los padres de los chicos, pero nosotros también los necesitamos, son fundamentales. Muchas veces son quienes organizan las polladas, las ventas de empanadas y rifas para comprar insumos o camisetas y los festivales. Entendemos que hay una realidad que no es fácil”, expresó luego.  

En tanto sobre la realidad de otros clubes expresó: “En la red de clubes hay realidades dispares. Por ejemplo hay clubes que con la pileta les fue excelente y les dejó utilidad,  otros perdieron y otros empataron. Después hay muchos clubes de futbol infantil a los que se les hizo muy difícil  porque en el aislamiento le robaron los cables, los reflectores, los materiales deportivos”.