No habrá ningún acto masivo del peronismo para postular el pragmatismo hasta que duela. Pero esa es la etapa en la que está el Frente de Todos en el gobierno nacional. Los que siguen creyendo que se trata de un problema ideológico entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández no
ven todo el panorama y siguen disputando en un marco amateur en el que no se encuentran ninguna de las primeras figuras del PJ. La segunda etapa del dólar soja para los exportadores es una síntesis brutal de lo que pasa y de cómo está decidido abordarlo por Cristina, por
Alberto y por Sergio Massa.

Una vez más un dólar diferencial a 230 pesos que le permitirá al Banco Central cosechar 3000 millones de dólares para reforzar reservas para esquivar una devaluación y, de paso, cumplir con las metas que se firmaron con el Fondo Monetario Internacional. Todo esto para un
gobierno popular que observa cómo se da un aumento del 20% al salario mínimo vital y móvil en cómodas cuotas, para llegar apenas a los 69.500 pesos en marzo del 2023.

Pero la segunda etapa del dólar soja no viene sola. Está acompañada de otro paso clave para los beneficios del complejo sojero: regresa el diferencial por retenciones que beneficia a las grandes aceiteras que agregan valor a la exportación del poroto de soja. Pasarán a pagar
impuestos del 31% en lugar del 33% que estaban pagando en concepto de retenciones tras el aumento de esos dos puntos que había sido criticado por casi la totalidad de la dirigencia política santafesina cuando la dispuso el presidente Fernández. Es un beneficio adicional
no para los productores sino para el sector más concentrado de toda la cadena agroindustrial.

Entonces la pregunta no sólo es por volver a la época de la presidencia de Cristina Kirchner, sino si ella misma podría hacer regresar aquellas condiciones. Es como preguntar si en su tercera presidencia en Brasil, Lula logrará volver a pasar a la clase media a 30 millones de brasileños como ya lo hizo una vez. La respuesta para ambos casos no está cerca del sí.

La última encuesta cortada por Zuban-Córdoba y Asociados, a la que accedió RosarioPlus.com, destaca que uno de los más grandes mitos de la comunicación política es que “sobredimensiona la importancia de las campañas electorales y les hace creer a los políticos que una campaña
intensiva de un mes puede dar vuelta una elección”. Y después pasa a exhibir una desaprobación del 66% a la gestión nacional y que ninguna de las primeras figuras y potenciales candidatos para el 2023 logra siquiera empatar su imagen positiva con la negativa. Para todos sin excepción, dentro de Juntos por el Cambio y en el Frente de Todos, la
imagen negativa es la que se impone. También para Javier Milei que se supone el beneficiario de todo el creciente descreimiento en la clase política.

Ese es el escenario en el que se desenvolverán los hechos en el país en los meses siguientes. La apuesta de máxima es bajar la inflación a niveles no muy bajos pero razonables. Un regreso a los 3 puntos por mes sería tan festejado como el gol de Lionel Messi a los mexicanos.