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La carta del Papa verde

Mediante la encíclica Laudato Si, el Papa Francisco llamó la atención sobre la protección del ambiente

Una encíclica papal es una carta que el líder de la Iglesia Católica dirige principalmente a los obispos y, a través de ellos, a la comunidad de fieles, fijando un tema o una posición. Laudato Si quiere decir “Alabado Sea” y es la primera encíclica cuya redacción corresponde íntegramente a Francisco. La anterior, Lumen Fidei, había sido escrita en su mayor parte por Benedicto XVI.

La nueva encíclica del líder católico, dedicada a la problemática ambiental, ya consiguió su primer objetivo de llamar la atención de la opinión pública global. Eso sucede por varias razones. En principio, porque es la primera vez que un Papa se refiere de lleno a la cuestión ambiental. También porque establece que la degradación del ambiente es consecuencia del sistema económico imperante y al consumismo que de él se desprende. Y como producto de todo lo anterior, porque ha logrado incomodar a los sectores más conservadores de la economía y la política globales, contribuyendo decididamente a instalar un tema que ellos preferirían ignorar.

En el documento, el Papa expuso argumentos teológicos, científicos y éticos, partiendo de la comprensión de que el planeta es la “casa común” de la humanidad, convocando a elaborar  estrategias contra el cambio climático y señalando que el daño a la naturaleza es producto de una “crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad".

Algunos de los principales puntos a tener en cuenta acerca de la encíclica y que revelan la posición del Sumo Pontífice se expresan a continuación.

- Calentamiento global: aunque es materia de discusión, el Papa coincidió con la vertiente científica predominante que señala que el calentamiento global se trata de un fenómeno innegable. En tal sentido, reclamó medidas concretas para frenarlo porque entiende que, en caso contrario, se reducirá el agua potable, se extinguirán animales y plantas y se perjudicará la agricultura, la más importante fuente de alimentación humana. También advierte que podrían aumentar los niveles de los mares como consecuencia del derretimiento de los casquetes polares inundando ciudades.

- Impacto de la actividad humana: lo más relevante del argumento es que -además de las causas naturales- el calentamiento global es entendido principalmente como resultado de la actividad humana. Bergoglio considera que el consumismo desenfrenado propio del capitalismo ha llevado a la humanidad a desarrollar conductas que atentan contra el ambiente a partir del uso y abuso de combustibles fósiles -petróleo, carbón, gas- que son altamente contaminantes. Por eso el Papa reclama un reemplazo progresivo de estos combustibles pero sin demoras.

Esta postura acerca a Francisco y a los círculos de poder liberales de los Estados Unidos, que piensan como él. En ese sentido, conviene recordar al ex vicepresidente Al Gore, quién fundamentó buena parte de su carrera política en la defensa del ambiente y que logró instalar el tema en la opinión pública con su documental -ganador del Oscar- “Una verdad incómoda”. Por el contrario, los sectores más conservadores ligados al poder estadounidense y mundial se alejan cada vez más de un Papa al que perciben como un enemigo.

- Deuda ecológica: el Pontífice señaló que los países más pobres del planeta se encuentran a merced de aquellos más ricos e industrializados, que explotan sus recursos naturales para satisfacer  necesidades de producción y de consumo. Francisco calificó esa relación como “estructuralmente perversa”, rechazando el argumento de que solamente a través del crecimiento económico se pueden resolver los problemas del hambre y la pobreza.

- Límites al daño ambiental e instituciones internacionales fuertes: el Papa señaló la necesidad de regulaciones gubernamentales para frenar el calentamiento global, pero es esencial contar con instituciones con el poder real de sancionar a quienes incumplan las normas. Es decir que las instituciones internacionales deben contar con la fuerza del consenso global para poder sancionar efectivamente a aquellos actores (países, empresas, organizaciones) que atenten contra el ambiente. El líder de la Iglesia percibe claramente que los organismos internacionales tal como funcionan en la actualidad, obedecen a criterios e intereses anacrónicos en lo que a tiempos políticos se refiere, que fueron diseñados tras la Segunda Guerra Mundial, y a una lógica de mercado que pone por delante el criterio de la acumulación y la ganancia y por detrás el interés y la necesidad de los pueblos. Por eso reclama que esta relación se invierta. Y eso requerirá instituciones internacionales radicalmente distintas a las actuales.

Para lograr estos cambios, Francisco convocó a los individuos a formar redes sociales que presionen a los líderes políticos de todo el mundo para que adopten medidas proclives a la defensa de un ambiente sano y sustentable, y también a realizar pequeños cambios en los hábitos cotidianos, tales como un mayor uso de transporte público, compartir viajes en auto, plantar árboles y apagar luces innecesarias.

El mensaje que el Papa expresa en su encíclica fue muy bien recibido por la opinión pública en términos generales, y con reparos -que no ocultan enojo- en los círculos de poder económico.

 

 

En los Estados Unidos, país que Francisco visitará oficialmente en septiembre, miembros del Partido Republicano le reclaman que atienda los problemas religiosos y no los ambientales. En los Estados Unidos, el Papa se dirigirá a la Asamblea General de las Naciones Unidas y a una sesión conjunta de las dos cámaras del Congreso, ámbitos de decisión de la mayor importancia en términos planetarios, y en los cuales desplegará toda su influencia.

El precandidato presidencial Jeb Bush, hermano e hijo de los expresidentes del mismo apellido, católico y fiel exponente del conservadurismo estadounidense ligado a los intereses de las empresas petroleras, expresó su descontento: "espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no tomo mis políticas económicas de mis obispos, cardenales o de mi Papa". Algunos políticos más extremistas califican a Francisco de “Papa marxista” por su encendida defensa de los pobres, su procedencia latinoamericana, su apertura respecto de la homosexualidad, la canonización del Obispo Romero -tachado muchas veces de comunista- y ahora, por su posición respecto del ambiente. No obstante ello, hay estudios de opinión que expresan que un 86 por ciento de los estadounidenses tiene una visión positiva del Papa.

Jeb Bush, junto a su hermano y su padre, los expresidentes del mismo apellido
 

 

Pero las resistencias a Francisco no existen solamente en los Estados Unidos. A comienzos de la semana en que se publicó la encíclica, algunos extractos se filtraron a la prensa desde el mismísimo Vaticano. Hay quienes ven en ese hecho una operación política de los sectores más conservadores de la Iglesia para reducir el impacto mediático del documento papal.

Francisco es un hombre decidido y en menos de dos años de pontificado dejó claro que no quiere ser un Papa retórico, que es un hombre político y quiere incidir en la política global, y que quiere situar en el tope de la agenda mundial los temas que considera imprescindibles: hambre, pobreza y ambiente. Sólo hay que mirar con atención su pasado como argentino, sacerdote y hombre de gastar zapatos. Su pensamiento político de formación peronista es inocultable. La nueva encíclica mantiene similitudes por lo menos llamativas con el “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” escrita por Juan Domingo Perón en febrero de 1972.

Para finalizar de una manera colorida, habría que preguntarse ¿de qué color es el Papa? Porque para algunos es blanco como su hábito. Para otros es negro, debido al color del atuendo de la orden jesuita a la que pertenecía y cuyo color fue señalado como mal presagio. Para los conservadores de todas partes que lo califican de marxista, es rojo. Pero para aquellas personas que entienden el valor de la naturaleza y la necesidad de un ambiente sano y sustentable, este Papa es decididamente verde.

 

 

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