Tras haber pasado una semana con una sensible baja en los contagios de Covid verificados en Rosario, podría pensarse que la peor parte de la pandemia ya pasó. No obstante, el intendente Pablo Javkin y su secretario de Salud, Leonardo Caruana, advirtieron con los números en la mano que la ciudad “no debe relajarse”. La experiencia de los rebrotes en Europa, por ejemplo, invita a pensar que si se distienden los cuidados, el virus volverá a expandirse. Mucho más cuando hay, como en el sur santafesino, fuerte circulación comunitaria. Para la etapa que viene, además de sostener cuidados y ordenar restricciones al contacto social, será clave la tarea de detección temprana y rastreo de casos.  Por ello Rosarioplus.com dialogó con Sol Acosta, que trabaja como rastreadora en el área de Atención Primaria en la zona noroeste del municipio e integra la Asamblea de Trabajadores por la Salud Colectiva.

Acosta estudia Trabajo Social en la UNR. Hasta el inicio de la pandemia, era administrativa del Centro de Salud Ceferino Namuncurá, en el barrio Stella Maris. Y desde marzo, por ser paciente de riesgo por una operación previa de páncreas, empezó a teletrabajar haciendo seguimientos telefónicos a pacientes con fichas clínicas del noroeste rosarino, una de las zonas con niveles más altos de contagios de la ciudad. Hoy plantea: “En el primer nivel de atención, las cosas están complicadas. Por eso ahí en la Asamblea decimos que es posible evitar más muertes en Rosario, con cierres intermitentes, planificados, para que nos podamos organizar frente a esta crisis sanitaria. Porque lo que sigue es largo”.

Cola de personas aguardando en el Hospital Carrasco para someterse a un hisopado.

Como rastreadora, enfrentó varios casos en los que hubo demora para el resultado de un hisopado o problemas con la llegada de la ambulancia: “Tuvimos pacientes diabéticos o hipertensos, que no se llegaron a hisopar o a que los busque la ambulancia en su domicilio, lo que obligó a la familia a tener que procurar un aislamiento con dificultades estructurales para hacerlo. Y eso multiplica la posibilidad de contagios en el domicilio. En el caso de Antonio Belizán, por ejemplo, su propia familia tuvo que llevarlo al sanatorio del PAMI en auto. Terminó intubado y falleció ahí. Todo había empezado con un primer caso índice, que derivó en 15 personas aisladas y varios contagios intrafamiliares”.

La rastreadora del sistema municipal, recuerda otro caso: “También nos pasó con Alejandro Frías, un adulto mayor y paciente del Ceferino, que estaba saturando en 84 y ya habíamos hecho trámites para mandarlo a PAMI. Pasaron cinco horas y no había llegado la ambulancia. Después llegó un médico, pero sin móvil para hacer un traslado. Y pasaron tres horas más hasta que finalmente sí llegó una ambulancia, pero les dicen que no lo podían subir, porque les iba a terminar muriendo en el camino o en la vereda de PAMI. Finalmente logró recuperarse con visitas domiciliarias y medicación que le suministró la doctora Montaner, desde el Centro de Salud. Pero la tensión de ese día, no se olvida”.

Acosta cuenta finalmente lo que pasó con Gladys Funes, diabética e hipertensa, con algo de insuficiencia cardíaca y obesidad: “Teníamos ingresada su ficha epidemiológica. Su familia llamó a todos lados, ella con síntomas y en busca de un test. Finalmente logró hacer el hisopado, pero cuando me comunico con la familia el 20 de septiembre para decirles qué resultado le había dado el test, me dicen que a Gladys finalmente la habían podido ingresar a una guardia y había fallecido, el 18. Y se enteraron por mi llamado que el test era Covid positivo”.