Este miércoles se cumplieron cinco meses desde que en el país se decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio para paliar los efectos de la pandemia de Covid-19. Lo que inició como algo momentáneo para controlar la circulación del virus, ganar tiempo para preparar el sistema sanitario y así dar respuesta a las infecciones que tarde o temprano llegarían, se prolongó en el tiempo al punto de empezar a hablar de una nueva normalidad. Esta nueva habitualidad deja atrás eventos masivos y aglomeraciones varias. Impone el teletrabajo, habilita salidas solo para lo necesario y plantea la virtualidad como el principal modo de conexión.

Todas estas modificaciones de hábitos en apenas cinco meses, con la amenaza cierta de un posible contagio, tiene su correlato a nivel emocional. El encierro puesto como barrera y prevención ante una posible infección es un modo de preservar, pero también algo que a largo pasos puede manifestar ciertos efectos. ¿Cuales son los efectos psicológicos que trae aparejado este momento? En diálogo con Rosarioplus.com la psicóloga y magíster en comunicación Alicia Gallegos* reflexionó sobre las particularidades que la pandemia plantea.

- Dedicaste este tiempo a pensar sobre lo que se estaba viviendo, de hecho escribiste un texto que titulaste ¿Retorno a la inmanencia? que publicaste en tu espacio de reflexión y análisis Filosofías en Fuga ¿Qué efectos del orden psíquico se presentan tras cinco meses de aislamiento? Con respecto a esto, estimo que no son los mismos loe efectos en las primeras semanas, que los que se pueden apreciar ahora.

- Los efectos psicológicos de la pandemia trascienden a lo existencial pues nos ha colocado en relación a la vida o la muerte y no se pueden generalizar en todos los sujetos sino que es preciso un abordaje singular de cada caso y según el tiempo transcurrido desde el principio al momento que transitamos hoy cuando estamos atravesando el pico más alto del coronavirus en nuestra ciudad.

En un principio, pacientes y terapeutas y la sociedad global en su totalidad tuvimos que modificar nuestro modo de estar en la vida. Lo intempestivo de este suceso produjo una sensación de extrañeza o rareza desconocida. En forma abrupta e impensada se desorganizaron espacios y tiempos conocidos y previsibles, o sea, lo que estaba se desarmó y los efectos de esta irrupción hicieron que algunos padecieran angustia y enojo, lo que los llevó, paradójicamente, a la profundización de la manera en que venían muy ocupados en sus profesiones y trabajos, en sus rutinas diarias, en su mundo “seguro” y adaptado a las demandas sociales. Modos muchas veces naturalizados como recorridos lineales detrás de los proyectos y los objetivos finales. Siguiendo este sentido se acentuó la conservación de la vida, el cierre a las conexiones del deseo, el cuidado obsesivo, observándose una recaída sorpresiva en repeticiones de aspectos neuróticos narcisistas. Otros, más abiertos al devenir de las nueva circunstancia que nos afecta, mostraron la posibilidad de activarse con signos tendientes a un proceso de reinvención constante.

- ¿Se puede decir que la neurosis propia de cada sujeto lejos de ayudar impidió en muchos casos?

Aún más, la pandemia develó que en condiciones “normales” el neurótico construye ficciones de un adentro y un exterior viéndose como un sujeto en relación con objetos pudiendo ejercer el poder y controlar aperturas y cierres para vivir y que con esta emergencia apareció un tercer término, un afuera impensado que lo descolocó sin aviso. Ante esta violencia de lo no sabido e incontrolable hubo quienes negaron lo que estaba ocurriendo y otros mostraron una actitud de afirmación de su propia vida.

También se puso de manifiesto que el pedido reiterado de distanciamiento social permitió en muchos casos salir de grupos aglutinados sin diferencias o de actitudes por demás individualistas hacia el registro del otro como otro a quien cuidar. Estas situaciones descriptas fueron mejorando pasados los meses.

- Dentro de los nuevos hábitos que tuvimos que adoptar está la virtualidad en lo laboral. ¿Una carga o una tranquilidad? Cómo se manifiesta esto en la salud mental de la población. Nuevamente creo que diferirá según edades, momentos y accesibilidad

El trabajo con la modalidad virtual implicó una serie de vicisitudes de todo tipo y se escuchaba la queja por el cansancio que producía este medio no presencial. Como los efectos de la pandemia, esta manera desorganizó la forma de la comunicación y las jerarquías en juego. De pronto, el lugar central de un profesor universitario aparecía caído en el último rincón de la pantalla del zoom. Se puede imaginar el cúmulo de reacciones que produjo esta desestratificación entre otras, muchas expresiones de impedimentos para producir fluida y creativamente. Resulta llamativo que estas manifestaciones se dieron en distintas franjas etáreas .

- Y con respecto a la virtualidad que se tuvo que adoptar también para lo afectivo ¿suplanta o no la presencialidad? ¿Qué nuevos modos del afecto hubo que inventar y qué tan preparados se está para eso?

Respecto de la virtualidad y lo afectivo también hubo sorpresas. Existían una serie de prejuicios respecto a la frialdad de lo virtual sin cuerpo y en la cuarentena se fue viendo que esta dicotomía virtual-presencial es ficticia puesto que también se puede vibrar en pantalla y que lo presencial tampoco garantiza que esto ocurra. Una nueva revolución que nos lleva a componer con lo virtual que ya es parte de nuestras vidas.

- Cuáles son las recomendaciones para un tiempo que parece seguirá requiriendo de distanciamiento, cuidado, y mucho afecto, pero sin abrazos.

Las sugerencias para seguir tienen que ver con las posibilidades que también favorece este momento: Transitar el silencio por la ciudad con menos ruido, reapropiarnos de tiempos y espacios. Encontrarnos con la naturaleza que ha sido dañada por nosotros y que respondió con agresividad. Aprender que somos parte de ella. Seguir cuidando nuestros viejos a partir de que nos dimos cuenta de que no son descartables. Expresar alegría por lo que no conocemos porque seguramente ahí hay muchos posibles.

 

(*) Alicia Gallegos es psicóloga, Magíster en Comunicación y es docente e investigadora en análisis institucional. Dirige Filosofías en Fuga, un espacio de indagación y análisis filosófico sobre la contemporaneidad. Coautora de los libros Archipiélago, y el susurro de lo Ambiguo. Su correo electrónico es: ali_gallegos@hotmail.com