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Pese a los desatinos de Jair Bolsonaro en el manejo de la crisis sanitaria desatada por la pandemia de Covid-19 y con la cifra de muertes en aumento, el gobierno mantiene todavía un apoyo popular superior al 30 por ciento. La cifra es coincidente con el 33 por ciento de brasileños que consideran que el mandatario actúa correctamente desde el inicio de la pandemia, aunque es inferior al 48 por ciento que opina que no debería abrirse un juicio político contra el mandatario y más lejana aún que el 59 por ciento que considera que el presidente no debería renunciar a su cargo (Datafolha).

Sólo se le reprocha al presidente haber echado al ministro de salud Luiz Hernique Mandetta, el único funcionario que contradijo públicamente al mandatario e intentó preservar la salud de sus compatriotas. Aún en ese caso, aunque el 64 por ciento de los encuestados piensan que obró mal, un porcentaje nada despreciable de seguidores, piensa que Bolsonaro acertó: el 25 por ciento.

Cientos de fanáticos se han manifestado públicamente contra las cuarentenas establecidas por gobernadores e intendentes en distintos puntos del país, avalando la postura de un mandatario sólo comprometido con los poderes económicos y con las iglesias evangélicas que lo llevaron a la presidencia y que todavía lo sostienen. La otra pata del trípode de sostén político de Bolsonaro, son los militares y exmilitares que ya no se ven tan convencidos de haber elegido correctamente a su representante y parecen esperar el momento oportuno para reemplazarlo.

Pero vale la pena detenerse especialmente en la pata religiosa. Datos oficiales señalan que en 1970, el 91,8 de los brasileños eran católicos. El porcentaje ya había caído al 64,4 por ciento en 2010. Los evangelistas eran en los años 70 sólo el 5,2 por ciento de la población y ascendieron al 22,2 por ciento en 2010. Una encuesta de Datafolha realizada en agosto de 2019 arrojó que el 51 por ciento de los brasileños eran cristianos católicos, frente al 32 por ciento de los evangelistas. En la región amazónica los evangelistas ya son más que los católicos: 46 por ciento contra 45.

El ascenso evangelista

El cristianismo católico se estableció como religión dominante en la mayoría de los países latinoamericanos durante la etapa colonial. En Brasil, tras la proclamación de la República en 1889 y la asunción del principio laico de separación de la Iglesia y el Estado, el catolicismo conservó su espacio como religión de los brasileños.

La presencia evangélica en Brasil fue en sus comienzos en los albores del siglo XIX, el resultado de la acción misionera de pastores principalmente europeos y estadounidenses (iglesias bautista, presbiteriana, metodista, adventista y luterana). Ese fue el  núcleo de las iglesias evangélicas tradicionales. Esos cultos tuvieron una débil expansión durante los siglos XIX y XX, pero la situación cambiaría con el arribo de otro segmento evangélico: el pentecostalismo.

La historia del pentecostalismo en Brasil puede ser entendida mediante el arribo de tres olas. La primera se produjo entre 1910 y 1950, periodo en que tuvo lugar la implantación de las iglesias pentecostales clásicas. La segunda ola pentecostal sumó iglesias surgidas en Brasil entre las décadas de 1950 y 1970, y se caracterizó por un evangelismo popular que pasó a ocupar amplios espacios públicos e instauró la práctica evangelizadora en los medios de comunicación de radio y televisión,  modelo creado y exportado desde los Estados Unidos. La tercera ola, instaló desde 1970 una nueva forma de ser pentecostal, motivo por el cual se la denominó neopentecostalismo. La tercera ola pentecostal se caracterizó por el centralismo institucional en manos de sus fundadores y por su base gerencial de estilo empresarial. Pero lo más sustancial es que, desde el punto de vista teológico, el neopentecostalismo se estructuró en torno a las teologías de la guerra espiritual y de la prosperidad, ambas estrechamente ligadas. Ambas teologías se originaron en las décadas de 1970 y 1980 en los medios evangélicos estadounidenses. La teología de la prosperidad sostiene que Dios creó a sus hijos para ser prósperos y obtener la felicidad integral en este mundo. En otras palabras, Dios quiere distribuir riqueza, salud y felicidad entre sus fieles. Esa fidelidad se traduce en acciones, donaciones y ofrendas financieras, existiendo incluso una relación directa entre la magnitud de la fe y la de las ofrendas. La teología de la guerra espiritual por su parte, sostiene que el mundo es un campo de batalla entre las fuerzas del bien y las del mal.

Tal como ocurrió con las iglesias evangélicas históricas, la primera de las olas pentecostales no logró un verdadero avance en su inserción en la sociedad brasileña. Sin embargo, con la aparición de los pentecostalismos de la segunda y luego la tercera ola, coincidentes con el nuevo momento económico y social del país que ingresaba en un proceso de industrialización y urbanización, la expansión pentecostal pasó a ser constante e ininterrumpida.

De acuerdo a los porcentajes expuestos al comienzo, puede advertirse que las iglesias evangélicas y, principalmente las pentecostales, fueron sustrayendo fieles al cristianismo católico. Eso se debió a varios factores. Uno de ellos fue que disputaron exitosamente el concepto de cristianismo. En un momento, cristianismo y catolicismo se utilizaron como sinónimos. Eso dejó de ser así y las iglesias evangélicas pasaron a disputar exitosamente con el catolicismo la propiedad del concepto cristiano. En esa labor dos factores fueron determinantes. El primero fue el hecho de que los pastores evangélicos se internaron en las comunidades más desfavorecidas -especialmente las favelas- mientras que la Iglesia Católica permaneció en una situación más elitista. El segundo fue que el catolicismo que trabajaba en los años ´70 y ´80 con los sectores en situación de pobreza fue el de la Teología de la Liberación. Entendida como una vertiente cuasi marxista del catolicismo, fue duramente combatida por la jerarquía vaticana y también por los Estados Unidos. Desde ese país se crearon mecanismos tendientes a la proliferación de las iglesias evangélicas. Los modelos encarnados por el predicador Billy Graham o por el Club 700 por ejemplo, no fueron casuales. Desde el Vaticano, la Teología de la Liberación fue combatida por Juan Pablo II a tal punto, que uno de sus referentes, el brasileño Leonardo Boff, fue expulsado por defender esa línea de la Iglesia Católica frente al entonces cardenal Joseph Ratzinger, luego entronizado como Benedicto XVI.

La última vertiente de la explicación del avance de las iglesias evangélicas está relacionada con su creciente presencia en los medios masivos de comunicación, un modelo creado también en los Estados Unidos.

La conquista de los medios de comunicación y la política

El avance del pentecostalismo en Brasil implicó también su inserción en el rubro de los medios de comunicación, donde pasó a representar una competencia para la Iglesia Católica. Desde la década de 1960, las iglesias evangélicas, sobre todo las del segmento pentecostal, recurrieron a la radio para divulgar sus mensajes religiosos. Décadas después, esto se extendió a la televisión.

Actualmente existen en Brasil alrededor de mil emisoras de radio evangélicas distribuidas en todo el país. Es decir que, por cada emisora católica existen casi cuatro emisoras evangélicas. Esto demuestra el peso evangélico en los medios masivos de comunicación cuya programación religiosa varía entre las emisoras que dedican algunos segmentos del día a la difusión de contenidos religiosos y las que llevan esa difusión a casi todo el espectro horario.

La televisión evangélica también ocupa un amplio espectro. Existen canales de televisión evangélicos de alcance nacional y de señal abierta, y otros regionales y de acceso pago por suscripción. Algunos datos ilustrativos: la Iglesia Universal posee la Rede Aleluia, conformada por 64 emisoras esparcidas por todo el territorio; el complejo TV Record, que llega a todo Brasil, posee 108 emisoras retransmisoras; éste incluye a su vez la Record News, la Rede Familia y la Record Internacional, que posee 17 emisoras y 9 canales vía satélite, y llega a 150 países.

La presencia mediática evangélica no se restringe a radio y televisión: también está presente en medios impresos y digitales. Solo a modo de ejemplo: el periódico Folha Universal ostenta una tirada de 2,3 millones de ejemplares. Todo este conjunto de actuaciones evangélicas en los medios de comunicación brasileños acompaña la expansión de este segmento religioso, al tiempo que lo fortalece aún más en la rivalidad con los medios católicos.

Respecto de la política, la presencia evangélica adopta características distintas de las del catolicismo. Esto se debe a que la Iglesia Católica rechaza la participación de miembros del clero en el desempeño de cargos políticos a los que se llega por la vía del sufragio. Eso no significa un renunciamiento de la Iglesia Católica respecto de la vida política, sino que su costumbre es actuar políticamente por medio del lobby y la presión sobre las autoridades y los poderes políticos, para incidir sobre legislación y políticas públicas afines a los principios católicos.

La presencia evangélica en la política brasileña es relativamente reciente y creció especialmente desde la recuperación de la democracia. Tras las elecciones legislativas de 1986 las distintas iglesias evangélicas con representación legislativa crearon la denominada bancada evangélica. La mayoría de sus integrantes eran pastores, apóstoles, misioneros u obispos. Desde entonces, en las siguientes elecciones legislativas, los pentecostales dominaron la representación evangélica en el Congreso. Y el motivo principal para movilizar al electorado compuesto por fieles y simpatizantes de esas iglesias fue siempre el mismo: diseminar la moral evangelista en el espacio político. Además del discurso moralizante, existen también otras razones no explícitas que llevan a las iglesias a ingresar en la arena política, tales como la obtención de favores y concesiones -como frecuencias de radio y televisión- o apoyos concretos para proyectos asistenciales. En las elecciones de 2010 fueron elegidos 43 diputados salidos de las filas evangélicas, en su mayoría pastores. El número saltó a 68 en las elecciones de 2014 y a 75 en los comicios de 2018. En esas elecciones, el protagonismo de los evangélicos no se limitó a la exitosa renovación de sus representantes en el Congreso, sino que también fue decisivo para la elección de Jair Bolsonaro, bautizado en la fe evangélica en 2016 en el río Jordán, Israel, cuando todavía era diputado. Más aún, siendo aún candidato a presidente, Bolsonaro obtuvo el apoyo explícito de grandes líderes de iglesias pentecostales y neopentecostales. Distintos sondeos mostraron que, de cara a la segunda vuelta electoral del 28 de octubre de 2018, la inclinación en favor de Bolsonaro entre los electores evangélicos llegaba a 70 por ciento.

Las afinidades electivas entre el candidato vencedor y los evangélicos se apoyaron en la construcción de una imagen de candidato moral, dispuesto a defender los valores cristianos y la familia tradicional, y posicionado contra la corrupción y la ideología de género. Por lo demás, el uso de referencias y citas bíblicas en los discursos y en el programa de gobierno de Bolsonaro y su eslogan de campaña Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos, fueron factores relevantes para cautivar a los votantes evangélicos.

Como producto político, Bolsonaro encarna entonces el éxito más alto alcanzado por las iglesias evangélicas en toda la historia de Brasil y es quizás por eso que la mayoría de sus fieles se aferra a él. Coinciden en algo preocupante: dejan a la salud pública del país exclusivamente en manos de Dios.