Parece que hubiera pasado una eternidad desde aquel 14 de marzo en que se confirmó el primer caso de covid en Rosario, cuando la utilización permanente del cubrebocas para salir a la calle era algo impensado, la distancia física entre personas no generaba momentos de tensión y de "círculos de convivencia" y "clusters" no sabíamos nada. Habiendo transitado semanas de amesetamiento y otras de picos álgidos -como las de octubre- se podría afirmar que actualmente la situación sanitaria atraviesa una tensa calma en sintonía con una campaña de vacunación que avanza a paso lento pero firme.

Así lo indican las diferentes variables tales como la cantidad de contagios diarios -que desde principios de febrero no supera la marca de los 200 casos en una sola jornada- y la ocupación de camas críticas, que actualmente es menor al 70 por ciento tanto en el sector público como privado. Sin embargo, el virus SARS COV-2 dejó su huella en la ciudad: más de 82 mil casos positivos desde el inicio y más de dos mil fallecidos en 365 días. Además, un sistema de salud que debió ser reorganizado en tiempo récord y que vivió semanas de tensión máxima aunque nunca llegó a colapsar.

"Es una enfermedad que cambió la forma en la que nos organizamos como sociedad, cada día fue un año en sí en relación a la intensidad que tuvo, no solo para los trabajadores de la salud sino para la vida de la gente en general. A un año del primer caso, tenemos muchos más aprendizajes. Esa incertidumbre que transitaban todos los servicios de salud cuando no había elementos de protección personal ya no se vive. Ahora conocemos como cuidarnos y prevenir esta enfermedad ", dijo a RosarioPlus Leonardo Caruana, secretario de Salud municipal.

El 15 de marzo de 2020, las autoridades provinciales y municipales confirmaron que un joven de 28 años que había viajado a Inglaterra se convertía el primer paciente con coronavirus en la ciudad. La muestra fue analizada primero en el Cemar de Rosario y al dar negativa para Gripe A se remitió al Instituto Malbrán, en Buenos Aires (hasta ese momento solo allí se realizaban los diagnósticos). Tras presentar fiebre y algunos síntomas respiratorios, "el caso 0" rosarino permaneció internado once días en el Hospital Carrasco.

Nueve días después, luego de que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica autorizara el uso de kits comerciales para el diagnóstico de coronavirus, Rosario comenzó a desarrollar en el Cemar los primeros testeos. Desde ese momento, los positivos fueron creciendo paulatinamente por algunos meses hasta alcanzar la "circulación comunitaria". Luego, hubo una tregua de 40 días en las que no se registraron nuevos casos hasta que la cercanía con el AMBA provocó que la cantidad de casos volviera a subir.

"Ahí tuvimos la situación mas critica, con un numero importante de casos diarios y una utilización de camas criticas que llegó a superar el 97 por ciento. Los momentos mas difíciles fueron cuando contábamos con los dedos una mano las camas criticas, muchas se desocupaban cuando una persona fallecía. Aunque no se llegó al colapso, se vivieron momentos de tensión y un alto estrés en el sistema de salud ", recordó el funcionario.

Largas colas en el Carrasco a la espera de un hisopado
Largas colas en el Carrasco a la espera de un hisopado

El denominado "caso cero" local fue de un joven músico rosarino que en ese momento estaba radicado en Londres y venía de visita a la ciudad por tres semanas. En diálogo con este portal, su madre Roxana contó cómo fue transitar esos primeros días de "inquietud, miedo e incertidumbre": "Habíamos escuchado algo de Wuhan pero no sabíamos casi nada del virus. Cuando llegó Ramiro, definimos llevarlo a la guardia ese mismo día. Estuvo internado once días y se le hicieron varios hisopados. Vivimos en un edificio y pasamos momentos muy complicados con los vecinos, había mucha resistencia porque nadie conocía nada y el miedo fue el común denominador durante bastante tiempo", recordó la mujer que se desempeña como trabajadora de Salud en el Carrasco.

A un año de la dramática situación que vivieron, Roxana realiza un balance positivo: "Como familia nos hizo crecer un montón y aprendimos sobre trascender las debilidades del ser humano y de la sociedad. Vimos con quienes contábamos. Parece como si hubiera sido una película. Nuestro lema es que el veneno siempre se convierte en medicina y que después de un gran mal siempre viene un gran bien", cerró.

Hoy en día, el joven guitarrista de 29 años está establecido en Rosario y se dedica a la música. Sin ir más lejos, este fin de semana participó de la obra sobre textos y canciones de Federico García Lorca llamada "Cuando se apague el silencio de la noche” que se llevó adelante en Plataforma Lavardén.

Los "círculos de convivencia" en parques y plazas marcaron un cambio en la manera de relacionarnos
Los "círculos de convivencia" en parques y plazas marcaron un cambio en la manera de relacionarnos