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La corrupción lo explica todo. Lo dijo el presidente Mauricio Macri “ahí están las cosas que nos faltan”. Hay que darle algo de crédito a esta presidencia: Hay que gobernar casi tres años implementando medidas antipopulares y con un conjunto de frases simples. Todo el músculo político que les falta lo han transformado en la fuerza del sentido común. Y así como antes los otros se habían “robado un PBI” ahora “se robaron” algo más grande todavía, “el futuro de todos los argentinos”.

“La corrupción mata”, pero pareciera que ni siquiera hiere recortar los remedios a los jubilados, sacar pensiones a los discapacitados o dejar de vacunar contra la meningitis a los mayores de 11 años. No importa nada lo que diga la Sociedad de Vacunología que criticó severamente esta decisión. Qué podría hacer una humilde sociedad de salud pública frente al más formidable aparato comunicacional que se haya visto al servicio de un proyecto político.

El otro argumento novedoso, además del “flan” que les regaló Alfredo Casero; consiste en hacer ver que el caso de los cuadernos agrava la situación económica. Lo dijo también el presidente y, como siempre sucede, empezaron a repetirlo los ministros. “Es claro que la situación económica venía complicada pero este escándalo de los cuadernos la agrava aun más”, dijo sin explicar y sin que se le moviera un pelo el ministro del Interior Rogelio Frigerio.

Las mentiras políticas para debilitar al adversario y para disimular los errores propios, siempre existieron. Así Juan Domingo Perón pateaba lingotes de oro por los pasillos del Banco Central y tenía 300 pares de zapatos que fueron exhibidos por los militares que dieron el golpe de Estado de 1955. La casa de Hipólito Irigoyen, una vez derrocado en 1930, fue allanada en búsqueda de oro empotrado en las paredes.

Lo que sucede hoy es una cuestión de escala. Es como el bullyng que siempre estuvo pero quedaba relegado a un ámbito privado entre víctimas y victimarios. Hoy la tecnología y la era de la comunicación inmediata aumentan todo, hechos y consecuencias. Imagínense lo que hubiera sido Twitter entre los antiperonistas y los peronistas de la década del ’50.

Por eso el esfuerzo debe ser en pos del desarrollo de un pensamiento crítico, y en ese camino hay responsabilidad de la prensa y los medios, pero no se suprime la responsabilidad del ciudadano. De aquel que debe empezar a encontrar los matices que le aseguren una vida mejor y más digna. Como dijo Alejandro Dolina: “Si usted cree que todos los políticos son iguales, el problema es suyo que no puede distinguirlos”.