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Un viaje para celebrar con amigos: tan parecido y tan distinto

Seguramente durante mucho tiempo organizaron el viaje. “Vamos a tal lugar, vamos a tal otro”. La charla con cada una de las familias. La decisión: “En octubre nos vamos con los muchachos a New York y pasamos Hallowen allá”. Y hacia allá fueron.

Hace algunos años con “Charlie”, “la Cucha”, “el Enano” y “Ernesto” planificamos un viaje. Habíamos hecho toda la secundaria juntos, y nos seguimos viendo semanalmente hasta estos días. Cumplíamos los 50 y muchos de esos años los habíamos compartido. Más de doce meses decidiendo el lugar. Playa, montaña, crucero, ciudad…. Ganó Colombia. Cartagena de Indias y la Isla de San Andrés fueron el destino. 5 amigos íbamos a festejar juntos nuestros 50 años. Las familias apoyaron la decisión y partimos. Lejos de las tareas diarias, de las presiones, del estrés. Llegamos a los 50 y llegamos juntos.

Fueron casi 10 días maravillosos, recordando historias, hablando de fútbol, riéndonos de las mismas tonterías que en la escuela, burlándonos de aquel a quien la chica elegida ni registraba, contando historias banales y de las otras. Conociendo lugares extraordinariamente bellos, con gente excepcional y bien dispuesta. Desayunando juntos, sacando fotos o filmando, haciendo bromas tontas o discursos nocturnos muy serios en la playa.

Días hermosos junto a muchos de los amigos más queridos. Aquellos con los que crecimos, con los que dimos nuestros primeros pasos en el sexo y en el amor, con quienes lloramos las primeras decepciones, con quienes jugamos a la pelota o con quienes copiamos en las pruebas. En definitiva, días compartidos con quienes forman parte inseparable de nuestro crecimiento y de nuestras vidas. Era volver a la secundaria, a esos días…

Y regresamos a Rosario. Nos reencontramos con nuestras familias, con nuestras cosas. Otra vez a la rutina, pero ahora con un recuerdo grabado a fuego. Y nos volvimos a ver con el resto de amigos y amigas de aquel fantástico “B turno mañana” del Superior de Comercio. Y ya fuimos más en eso de volver, al menos como una quimera, a esos años felices.

Ahora leer que otros, como nosotros, pensaron casi lo mismo pero todo terminó mal por un enfermo (leáse terrorista hdp) que decidió cuando se agotaban otras vidas, me recordó esta historia. La tristeza me invadió. No puedo dejar de pensar. Mi dolor y mis respetos.

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