Rusia y China, unidas y dominantes

Las dos potencias presentaron un enorme gasoducto con el que obtendrán beneficios económicos y podrán evitar los castigos impuestos por los Estados Unidos y Europa.

"En los últimos seis años, nos hemos reunido casi 30 veces. Rusia es el país que más veces he visitado, y el presidente Putin es mi mejor amigo y colega", aseguró en junio el líder chino Xi Jinping.

La cercanía entre Rusia y China no es nueva y se había manifestado con claridad en el ámbito del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Lo que sí es más novedoso es la aceleración y la profundización de ese acercamiento, que puede interpretarse como una respuesta de las ambas potencias al adversario común: los Estados Unidos.

Desde 2014 el gobierno estadounidense mantiene a Rusia aislada de Occidente como represalia por la fractura de Ucrania y la anexión de la península Crimea. En los últimos dos años, las sanciones crecieron, luego de que el Congreso de los Estados Unidos propusiera nuevas medidas contra Rusia por la injerencia en las elecciones presidenciales de 2016 que perjudicaron a la entonces candidata oficialista, Hillary Clinton, y llevaron a Donald Trump al gobierno.

Por otra parte, desde que el magnate es presidente, inició una guerra comercial con China que no hace más que poner a los gobiernos ruso y chino en la misma vereda.

El acuerdo del siglo

Vladimir Putin y Xi Jinping acaban de poner en marcha una iniciativa que será fundamental para la economía de sus países. Tras casi diez años de negociaciones las dos potencias presentaron el mayor gasoducto del mundo que sorteará las imposiciones de Europa y, sobre todo, de los Estados Unidos.

Se trata de una gigantesca estructura de 3 mil kilómetros que será capaz de suministrar cerca de 38 mil millones de metros cúbicos de gas al año. Ambas partes lo consideran como el acuerdo del siglo en el que el grupo ruso Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China formaron una alianza estratégica beneficiosa para los dos países.

La idea del gasoducto, cuyo nombre es Power Of Siberia, es transportar ese hidrocarburo desde Yakutia hasta el norte de China. Para ello, los gobiernos de los dos países suscribieron un acuerdo de 30 años de duración que producirá beneficios calculados en 400 mil millones de dólares durante dicho período. Y hay un detalle no menor: la cooperación entre ambos países también les permitirá evitar las sanciones impuestas desde la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos.

Al igual que el gobierno estadounidense, las autoridades de la UE sancionaron a Rusia por la anexión de Crimea en 2014. Esas sanciones no solo supusieron castigos internacionales, sino que dieron lugar a que el bloque comunitario redujera la demanda de productos rusos, entre ellos el gas. Con este acuerdo, Rusia consigue abrir un importante mercado en el que podrá aumentar sus exportaciones y, por lo tanto, conseguir importantes réditos económicos.

Por su parte, China también encontró la manera de contrarrestar las políticas norteamericanas, tras la imposición de aranceles y medidas que han afectado a su economía. Con el acceso al gas ruso, halló una forma barata de conseguir este hidrocarburo tras la escasez sufrida en el plano interior y logra despegarse del consumo de carbón y petróleo, pudiendo reducir sus niveles de CO2 y, simultáneamente, mantener su crecimiento como la segunda economía más potente del mundo.

El acuerdo quedó sellado tras la concreción de otro proyecto. Días atrás, Rusia y China habían presentado la construcción de un gran puente de 20 kilómetros para unir ambos países. Bajo la iniciativa de la Ruta de la Seda, que busca ampliar el comercio chino por todo el mundo, el gobierno financió la construcción del puente sobre el río Amur, que une la ciudad china de Heihe con la rusa de Blagoveshchensk, en otro claro ejemplo de que las relaciones entre ambos países son cada vez más estrechas.

Socios comerciales

La sociedad estratégica en infraestructura y energía viene detrás de una sociedad que ya se mostraba próspera en el plano comercial.

China se ha convertido en el principal socio comercial de Rusia. En 2018, el volumen de negocios entre ambos países ascendió a los 108 mil millones de dólares. Y las previsiones indican que esa cifra podrían duplicarse hacia 2025.

En los últimos años Rusia ha incrementado sus exportaciones de petróleo crudo, carbón, fertilizantes y pescado congelado a China, aunque en el camino contrario es donde aparecen algunos problemas. La balanza comercial es notoriamente desfavorable para China, al menos por el momento.

A su vez, la cooperación comercial ha promovido la estabilidad del rublo y el yuan, factor que influye en la reducción de la dependencia del dólar estadounidense y otras monedas occidentales.

La realidad es que Rusia cuenta con cuantiosos recursos naturales y escasa población, exactamente al revés que China. En el complemento, ambos países ganan.

La pesadilla de los Estados Unidos

Las sanciones estadounidenses y europeas contribuyeron a estrechar los vínculos entre Rusia y China y el camino de la asociación apunta a su profundización. Tanto Putin como Xi se han referido a la amplia asociación y cooperación estratégica actual como de inicio a una nueva época.

Con Power of Siberia, Rusia expande su poder geopolítico en el exterior. Ya está planeado el Nord Stream 2, un gasoducto para abastecer de gas a Europa. Además, el gobierno chino ya está en conversaciones con Gazprom para abrir otros dos gasoductos: Power of Siberia 2, que proveerá un estimado de 30 mil millones de metros cúbicos al año a la frontera occidental con Rusia y otro más pequeño desde la isla de Sakhalin.

Tras estos acuerdos y proyectos estratégicos, no es difícil vislumbrar en el futuro cercano un avance hacia el ámbito de la cooperación militar. Es posible advertir entonces que una consolidación de la alianza estratégica entre las dos potencias puede convertirse en la peor pesadilla para los Estados Unidos. Así lo advirtió poco antes de morir en 2017, Zbigniew Brzezinski, quien fuera consejero de Seguridad Nacional del expresidente Jimmy Carter, cuando expresó que el escenario más peligroso para los Estados Unidos no eran sus múltiples guerras, sino una gran coalición de China y Rusia, unidas no por ideología sino por agravios complementarios.

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