¿Por qué Trump se despide de Siria y Afganistán?

El retiro de tropas de ambos países provocó la renuncia de funcionarios clave, que estuvieron en desacuerdo con la medida

Para Donald Trump, el objetivo de derrotar al Estado Islámico (ISIS) se cumplió. Ese es el argumento que ofreció la semana pasada el presidente de los Estados Unidos para justificar el retiro de tropas de Siria, país que se encuentra en el corazón de una región clave del planeta, atravesado por oleoductos, gasoductos y punto de confluencia entre Oriente y Occidente.

Siria

"¿Quiere Estados Unidos ser el policía de Medio Oriente, para no obtener NADA e invirtiendo vidas valiosas y miles de millones de dólares (...)? ¿Queremos estar ahí para siempre? Es tiempo de que otros peleen" finalmente, tuiteó el mandatario al declarar la victoria sobre el grupo extremista Estado Islámico y ordenar el retiro de los 2 mil soldados de Siria.

Si bien es cierto que desde 2014 el Estado Islámico perdió la mayor parte de su autoproclamado califato ante las sucesivas ofensivas, la afirmación de que ISIS fue derrotado no es cierta. Pese a que la coalición bajo la conducción de los Estados Unidos obtuvo algunos avances, sus principales éxitos se registraron en el vecino Irak. La coalición que tuvo éxito en Siria fue la que condujo Rusia junto a Irán y Turquía. Pero aunque el califato haya prácticamente desaparecido como experiencia territorial no quiere decir en ningún modo que haya dejado de existir. Muchos de sus efectivos se mantienen en estado latente y actuarán en un momento u otro.

Para las autoridades militares de Francia, Reino Unido y Alemania, aliados de Estados Unidos en la lucha contra ISIS y objetivos regulares de acciones terroristas atribuidas al grupo, las afirmaciones de Trump son equivocadas. Desde Francia y el Reino Unido, principales aliados sobre todo en las operaciones aéreas, se insiste en que la campaña militar contra ISIS continuará. Queda la duda acerca de si Trump ordenará o no el cese de los ataques por aire.

Afganistán

Casi en simultáneo con los anuncios sobre Siria, Trump ordenó un retiro parcial pero significativo de las tropas estadounidenses en Afganistán. Se trata otro país clave en materia de producción de gas natural y de algo más. Afganistán produce el 95 por ciento del opio y de sus derivados, morfina y heroína, a nivel mundial. Se calcula que, actualmente, el valor total del mercado de la heroína a nivel global es de unos 65 mil millones de dólares, el de opio es de unos 10 mil millones y el de morfina alcanza los 20 mil millones de dólares.

Es decir que el valor total de opio y sus derivados alcanza unos 95 mil millones de dólares, de los cuales 90 mil millones se originan en Afganistán. De esta cantidad, solamente 3 mil trescientos millones de dólares -el 3,5 por ciento- se quedan en Afganistán, lo que aporta un 19 por ciento al Producto Bruto Interno (PBI). El destino del resto del dinero es una incógnita.

Estados Unidos tiene cerca de 14 mil tropas en Afganistán, algunas en misión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como apoyo a las fuerzas regulares afganas y otras en operaciones de lucha antiterrorista. El año pasado, el secretario de Defensa, Jim Mattis, junto a otros militares, convenció a Trump de que comprometiera el envío de miles de tropas hacia Afganistán, donde los talibanes estaban masacrando a las fuerzas locales y obteniendo importantes avances en el terreno. El diario The Wall Street Journal informó ahora que más de 7 mil tropas van a emprender la retirada.

Según afirmaciones de un enviado especial de los Estados Unidos para Afganistán, los talibanes habrían aceptado que una solución del conflicto por la vía militar es imposible, y que se debe optar por una vía política para acabar con la guerra. Agregó que los talibanes estarían dispuestos a entablar un diálogo con el gobierno de los Estados Unidos y luego con el gobierno afgano para buscar una solución al conflicto. Pero ¿resulta conveniente retirar tropas antes de una negociación semejante?

Renuncias

En este contexto, el secretario de Defensa, Jim Mattis, renunció en medio de un coro de protestas contra la decisión adoptada por el presidente. La noticia cerró una semana caótica en la que Mattis, visto como un moderado en la Casa Blanca, se fue del gobierno después de decirle al presidente que no podía aceptar su decisión sobre Siria. Y no fue el único.

El enviado especial de los Estados Unidos a la coalición internacional que lucha contra el grupo Estado Islámico, Brett McGurk, presentó su renuncia un día después. McGurk, quien había sido designado por Barack Obama y a quien Trump mantuvo en su cargo, expresó hace un mes que sería imprudente decir Bueno, el califato físico está derrotado, así que podemos irnos ahora. McGurk dijo en su carta de renuncia que los militantes de ISIS no fueron derrotados, y que el retiro prematuro de las tropas estadounidenses podría fomentar condiciones que permitan a los yihadistas volver a amasar el poder en la región.

Lo cierto es que la retirada de las tropas de choque dejará a miles de combatientes kurdos, que el Pentágono pasó años entrenando y armando para luchar contra ISIS, expuestas a un ataque turco. Turquía teme que los kurdos reclamen la creación de un Estado propio y eso suponga alguna concesión territorial.

¿Por qué?

El retiro de tropas estadounidenses de Siria y Afganistán puede avalarse con hipótesis de toda clase. Hay quienes ven en el medio la mano del presidente Ruso, Vladimir Putin, y un vínculo espurio con Donald Trump construido a espaldas de la opinión pública. El Russiagate es un escándalo inocultable y no sería absurdo pensar en la influencia rusa sobre algunas de las decisiones que se adoptan en la Casa Blanca.

También puede haber un principio de acuerdo entre los estados Unidos y Rusia respecto de Turquía, país que, como ya se expresó, mantiene intereses sobre Siria y que fue primero aliado de los Estados Unidos, y luego se volcó por una alianza estratégica con Rusia, tras el frustrado intento de golpe de Estado contra el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Por otra parte, el conflicto perpetuo en Oriente Medio no deja de ser una fuente inagotable de ganancias para los complejos industriales-militares de las grandes potencias. Una resolución definitiva del conflicto en Siria, iría en desmedro de la comercialización oficial y clandestina de armas, logística e insumos militares.

Los imperios siempre dirimieron sus conflictos en zonas que consideran fronterizas aunque éstas no estén geográficamente ubicadas en sus propios límites territoriales. La Unión Soviética y los Estados Unidos por ejemplo, dirimieron sus fronteras en Alemania, Corea y Vietnam, partiendo literalmente esos países. Actualmente, Siria, Irak, Yemen, Afganistán o Ucrania pueden ser entendidos en buena medida como parte de una delimitación de imperios.

Por último, si se piensa que los milicianos de ISIS siguen en estado latente y podrían actuar de un momento a otro, lo mismo puede esperarse de las decenas de miles de soldados estadounidenses que se retirarán de Siria y Afganistán. ¿Cuáles serán sus nuevos destinos? La semana pasada, en un incidente que causó alarma en Latinoamérica, dos aviones rusos con capacidad nuclear aterrizaron en Venezuela. La posibilidad de la apertura de una base aérea rusa en ese país es más que una mera posibilidad. Al oeste de Venezuela, Colombia cuenta con bases militares estadounidenses. Al este, el Brasil que comenzará a ser gobernado por Jair Bolsonaro, aseguró una anticipada lealtad a Donald Trump. Ojalá esos soldados no se estén preparando para viajar a estas latitudes.

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