Mambrú se fue a la guerra

En la primavera europea de 1916, hace 100 años, en algún rincón clandestino de la ciudad de Zurich, Vladimir Ilich Uliánov -alias Lenin- escribió un folleto de divulgación popular que tituló "El imperialismo, fase superior del capitalismo". Todo un clásico no exento de polémicas. Lo hizo en el marco de la discusión con la social democracia alemana sobre el tema de la guerra, con un fuerte énfasis de época pero analizando fenómenos nuevos por su intensidad y efectos globales.

El texto estuvo influido por la emergencia de la primera guerra mundial. Algunas de sus conclusiones o caracterizaciones fueron válidas sólo para tal coyuntura. Otras resultaron duraderas aunque con el tiempo insuficientes debido a la profundización de los procesos descriptos en ese texto. El economista e investigador argentino Claudio Katz ha escrito un libro imprescindible en el que recorre los debates durante el siglo XX y lo que va del XXI sobre el imperialismo y sus transformaciones .

El mundo y el sistema capitalista han sufrido mutaciones severas en los últimos 100 años. Después de 1945, las grandes potencias dejaron de resolver los conflictos entre ellas en el terreno bélico. El escenario de guerra se trasladó al territorio de los países de menor desarrollo relativo, tercer mundo, periferia o el sur si se prefiere. La guerra siguió ocupando un lugar relevante en la vida de buena parte de los habitantes de nuestro planeta y se transformó en pieza fundamental del proceso de acumulación del capital de las potencias occidentales.

El investigador brasileño José Luis Fiori, en un artículo escrito en 2009 bajo el título "De la guerra", afirmaba que “entre 1495 y 1975, las Grandes Potencias estuvieron en guerra durante el 75 por ciento del tiempo, comenzando una nueva guerra cada siete u ocho años. Asimismo, en los años más pacíficos de este período, entre 1816 y 1913, estas potencias hicieron cerca de 100 guerras coloniales”.

Más adelante señalaba que “entre 1650 y 1950, Inglaterra participó de 110 guerras, aproximadamente, dentro y fuera de Europa, o sea, un promedio de una guerra cada tres años. Y entre 1783 y 1991, los Estados Unidos participaron en casi 80 guerras, dentro y fuera de América, o sea, un promedio también de una cada tres años. (M.Coldfelter, Warfare and armed conflicts, Mc Farland, Londres, 2002). Como resultado, en este inicio del Siglo XXI, los Estados Unidos tienen acuerdos militares con cerca de 130 países alrededor del mundo, y mantienen más de 700 bases militares fuera de su territorio”.

Si se observa el comportamiento entre 1973 y 2015 del gasto público federal de Estados Unidos, puede concluirse que, descontando los gastos referidos al sistema previsional nacional, por cada USD 100 de gasto público, USD 69 se refieren al rubro de la defensa.  Una economía al servicio de la guerra o bien la guerra como recurso imprescindible de la vitalidad económica del país del norte.

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