Las palabras y las cosas: cómo hablamos cuando hablamos

En los últimos días, se viralizó un audio de whatsapp, en el cual una mujer decía a otra: “Laura, el Samid tiene que llevar recortados ob…; plantas, animales y objetos… ¿Qué eran los objetos?”

El lenguaje es mucho más que decir algo, es lo  que permite comunicar una idea, transmitir un pensamiento referido a algo y/ o alguien; en definitiva, es poner en palabras aquello que se piensa. El lenguaje, dice Bajtin, se deduce de la necesidad del hombre de expresarse y objetivarse a sí mismo y se hace cargo de la vida a través de los enunciados.

Hablar y escuchar son dos macro habilidades que se aprenden desde que nacemos. La familia y la escuela son las encargadas de acompañar al niño en el ingreso al mundo de la cultura, la cual incluye el lenguaje. En primer lugar, el entorno familiar es quien le da significado a los significantes, es quien le pone nombre a los sonidos sin sentido que escuchamos desde los primeros días y, la escuela, en segundo lugar, es la encargada de sistematizar y organizar el mundo cotidiano, es la que enseña a construir conceptos, pero, a su vez, enseña la escucha atenta a un otro y a hablar con ciertas reglas.

La manera de organizar el lenguaje es lo que permite la relación con el mundo. Por ello es de vital importancia trabajar  la comprensión, es decir, la habilidad de pensar y actuar con flexibilidad, la cual supone comparar, analizar, extrapolar, justificar, vincular, codificar y decodificar. Potenciar el pensamiento reflexivo del estudiante, sea este de cualquier edad, incluso universitario, es la principal tarea de toda institución educativa.

Un objeto es mucho más que una cosa

Un objeto es mucho más que una cosa material y concreta, es la conjunción entre la imagen que vemos con el sonido que acompaña a esa entidad, pero a su vez es algo más. Una mesa no es sólo un mueble, una tabla con cuatro patas que sirve para apoyar cosas; es un espacio de encuentro familiar, de comidas compartidas y también de relato de experiencias que vivimos a diario. Una mesa es mucho más que su definición literal, es un objeto simbólico que nos remite a recuerdos de la cotidianeidad.

Por ende, la escuela es la responsable de enseñar el significado de los objetos, en sentido literal y, a su vez, su significado metafórico; es la garante de enseñar a escribir, no sólo para poder hacer la lista de supermercado o enviar un mensaje de texto, sino la que abre a la escritura literaria y la que promueva la creatividad y la libertad de pensamiento.

Quizás esta mamá que envió el mensaje no pudo ir a la escuela, no tuvo las posibilidades que otros tuvimos, pero no podemos alejar la mirada. Desde hace tiempo, escuchamos a niños, a jóvenes y adultos repetir frases hechas, agotadas, roídas,  palabras fantasmas o simplemente esqueletos de palabras, como señala A. Adamov, que no permiten expresar una idea coherente.

Es en la escuela donde debemos revalorizar el lenguaje, la posibilidad de expresar ideas, sentimientos, convicciones. Si bien es cierto que hay que respetar los regionalismos, las características que le otorgan los hablantes de un determinado lugar, no se puede obviar que es un espacio público de transmisión de cultura y formación de sujetos. De lo contrario estaríamos formando una elite que habla de una manera en la escuela, pero fuera de ella repite lo que reproducen algunos medios de comunicación. Esto requiere de un compromiso institucional, de  trabajo con el entorno familiar  y un compromiso del Estado con la educación. Es un deber de todos hacer el esfuerzo por comunicarnos, cada vez más y mejor.


“La palabra salva de la soledad, del dolor, del paso del tiempo, del miedo a la muerte, de sentirnos tan insignificantes en un mundo que muchas veces pareciera no tener sentido. La palabra libera, nos permite enfrentarnos con nuestra íntima verdad, nos permite decirle al mundo quiénes somos y como vemos al mundo” Alonso (1998) en Tierra de lectores.


Audio completo que se viralizó a través de Whats App: 

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