La muerte del bipartidismo europeo

El saldo de las elecciones europeas del 26 de mayo ofrece varias interpretaciones. La más destacada de ellas es el fin del bipartidismo entre conservadores y socialdemócratas

El pasado domingo se redefinió el mapa político de la Unión Europea (UE). Ante la amenaza provocada por el ascenso de la extrema derecha y los euroescépticos en la mayoría de los países que integran el bloque regional, se registró un aumento considerable de la participación, que llegó al 50,93 por ciento, casi diez puntos más que en 2014. Eso se tradujo en un cambio político, caracterizado por el ascenso de partidos alternativos que tenían escasa representación en el parlamento europeo.

El notable crecimiento de los ecologistas o Verdes -que quedaron segundos en Alemania y terceros en Francia- les permitió alcanzar 69 escaños, y el de los liberales, que alcanzaron 113 asientos, es síntoma de que hay una suerte de agotamiento de la población respecto de los partidos políticos tradicionales, pero al mismo tiempo, de que no solamente la extrema derecha y los partidos euroescépticos son capaces de capitalizar el descontento.

¿Qué es el parlamento europeo?

Se trata de la institución más importante del bloque regional. Representa a los ciudadanos de la UE y sus miembros son elegidos mediante sufragio directo. Junto a la Comisión Europea y el Consejo de la UE, ejerce la función legislativa. Está compuesto por 751 diputados que representan al segundo mayor electorado democrático del mundo detrás del parlamento de la India, y al mayor electorado transnacional con alrededor de 400 millones de votantes.

El parlamento tiene preeminencia por sobre cualquier otra institución europea. Se lo menciona en primer lugar en los tratados y su presidente tiene preferencia protocolar sobre todas las demás autoridades. Comparte con el Consejo la competencia legislativa y presupuestaria, teniendo el control sobre el presupuesto de la UE. La Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, es responsable ante el Parlamento.

En definitiva, el Parlamento Europeo elige al presidente de la Comisión, aprueba o rechaza la designación de la Comisión en su conjunto, e incluso puede destituirla como órgano presentando una moción de censura. Es por estos motivos que su constitución reviste crucial importancia, pues determinará el rumbo del mayor bloque regional planetario por los próximos cinco años.

Negociaciones

El fin del bipartidismo tradicional europeo supone un nuevo juego de alianzas y equilibrios de poder. Por un lado, los europeístas podrán contener por al menos cinco años más a los euroescépticos.

Por otra parte, con la nueva conformación parlamentaria, liberales y socialistas intentan acorralar al conservador Partido Popular Europeo (PPE) para forzarlo a dejar el poder tras 15 años de dominio total de la Comisión Europea. La cena entre el presidente de gobierno español Pedro Sánchez y el presidente francés, Emmanuel Macron, resume en un solo gesto el nuevo esquema de alianzas que intenta articularse.

Habrá que definir a toda la cúpula de la UE, cuyas tres últimas presidencias estuvieron ocupadas por populares. El actual presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, iniciará negociaciones con el parlamento, especialmente con los líderes que cada agrupación política ha designado como una suerte de jefes negociadores, a saber: el español Pedro Sánchez y el portugués António Costa por los socialistas, el belga Charles Michel y el holandés Mark Rutte por los liberales, y el letón Arturs Krisjanis Karins y el croata Andrej Plenkovic por los populares.

Ellos deberán negociar el nombre del próximo presidente de la Comisión Europea, del jefe de la diplomacia europea, del presidente del Consejo Europeo, y del titular del Banco Central Europeo (BCE).

La caída en la popularidad de las grandes figuras políticas de los dos principales países de la UE -Merkel y Macron- a lo que se agrega el Brexit y la crisis política de Italia, dejan un hueco enorme que la diplomacia de otros países intentará cubrir. Entre ellas, la de España, que aspira a ganar relevancia dentro de la UE para conservar alguna cuota de influencia global.

Es decir que, con la ruptura del bipartidismo y los nuevos esquemas de alianzas, puede gestarse un nuevo equilibrio de poderes en lo que respecta al peso que cada país tiene en el concierto europeo. En tal sentido, España tiene mucho por ganar si sus diplomáticos se conducen con astucia.

Oportunidades

Queda todavía mucho por negociar y en las próximas semanas todos los esfuerzos se concentrarán en tratar de cubrir puestos clave que durante los próximos cinco años serán el núcleo de las decisiones en Bruselas.

La importancia de que España se encuentre entre los países que aspiran a dar forma al poder europeo durante el próximo lustro tiene relevancia para Latinoamérica en general y para Argentina en particular. Históricamente España ha sido la puerta de acceso a las negociaciones entre Latinoamérica y la UE. Pero en el caso argentino, además de la proliferación de vínculos económicos y empresariales, existe la búsqueda de un acuerdo entre el Mercosur y el bloque europeo que siempre encuentra trabas. Quizás, un mayor protagonismo español en los centros de decisión comunitarios se traduzca en una oportunidad para la maltrecha economía argentina.

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