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El aborto: ¿un problema religioso, científico o filosófico?

En estos días, el aborto es un tema que ha sido puesto en el tapete una vez más. Diferentes interlocutores plantean el asunto para ser debatido. Pero, la cuestión no podrá ser abordada claramente si no se clarifica desde qué punto de vista es enfrentada tal problemática.

Bertrand Russell en su obra Historia de la filosofía occidental diferencia claramente tres campos del saber: la filosofía, la ciencia y la religión y enmarca a la primera entre la teología y la ciencia. Sostiene que la filosofía consiste en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar y apela más a la razón humana, a diferencia de la religión  que basa su saber en una autoridad, sea ésta de tradición o de revelación. Es decir, ubica a la religiosidad  enmarcada en los libros sagrados y en dogmas de fe. Por otro lado, según Russell, todo conocimiento definido pertenece a la ciencia, producto de investigaciones racionales, metódicas y con resultados universales. Sin embargo, hay otros problemas que poseen un  máximo interés para los espíritus especulativos que no pueden ser resueltos por la ciencia ni por las certeras réplicas de los teólogos, tan convincentes en los siglos pasados.

Por ende,  el aborto es uno de los  temas que queda enmarañado en discusiones imposibles de abordar si no se debaten con claridad  reconociendo que cada argumento es sostenido por una  postura  ideológica.

No caben dudas que si se afronta el tema desde el catolicismo hay una clara explicación, producto de las creencias ancestrales y de las definiciones sostenidas explícitamente en documentos papales y en la palabra de quienes representan a Dios.

En cuanto a la ciencia, hay  posicionamientos claros y contundentes a favor y en contra. En ese sentido, es interesante leer a C. Sagan en una obra que hace un recuento de las posiciones sobre el aborto a lo largo de la historia. Sostiene que, con la aparición del microscopio, surgen los primeros cuestionamientos a un tema sin controversias, previo a ello  y explicita las implicancias de la Revolución Industrial y del auge de la medicina occidental, entre otros tópicos, en las posiciones sobre el tema.

No obstante, nada es tan claro como parece porque la filosofía, a través de una de sus disciplinas,  hace su aparición triunfal, presentándolo como un debate ético. Entonces, las respuestas no son tan certeras, sino, por el contrario, todos los planteamientos son válidos y las respuestas individuales, producto de creencias, valores y experiencias.

 

Sumado a esto hay que agregarle la cuestión social.

Como dato, en 2016 murieron 43 mujeres por esta causa. “Las muertes por aborto están siempre ligadas con los casos en los que se hace de manera insegura, aunque la situación es muy distinta entre la población con mayores ingresos, que puede acceder a servicios de mejor calidad” explicó Ávalos, médico obstetra del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva de Argentina. Otras estadísticas señalan que se hacen 500.000 abortos por año en Argentina, en los cuales las mujeres de clase alta, en un 83% lo hacen con asesoramiento o intervención médico profesional; en la clase media, el 60% y las mujeres de menor poder adquisitivo, sólo en un 20% pueden tener un aborto seguro.

Entonces, ¿Cómo seguimos?

Mantener una discusión estéril posicionándonos en una postura u otra no tiene sentido. La postura religiosa es clara y contundente y la científica también; hay quienes adhieren a una u otra. Pero también está la posibilidad que cada uno, en función de su historia personal, pueda y deba pensar como quiera. La respuesta a la pregunta cómo debo actuar en una determinada circunstancia será producto de reflexiones que hacen a nuestra filosofía de vida.

No tiene sentido decir: hay que obrar así; a lo sumo, señalar: yo lo haría de esta manera, explicitando los argumentos propios.

En función de lo planteado, queda abrir el debate. Además, hay un puntapié; por un lado, el Estado tiene el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, Ley 26150, promulgada en octubre de 2006, como parte de los lineamientos de la política educativa. Por otro lado, la Iglesia ya dio un paso en el abordaje de la problemática enmarcada en lo social, el Episcopado pidió educación sexual integral. "Consideramos indispensable un marco legal que promueva una verdadera cultura del discernimiento y la responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad y la comunicación de la vida", subrayó la Comisión Episcopal de Educación Católica.

Resta volver a pensar que detrás de cada aborto hay una historia de vida, la tuya, la mía, la de esa chica sentada frente a mí en casa o en la plaza.

Las políticas públicas son indispensables; de hecho han mejorado la salud de la población; por tanto es fundamental que el Estado se haga cargo del debate y aporte soluciones integrales para todos los ciudadanos.

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